Por Martín Kobse *

Afirmar que Jorge Luis Borges es el escritor más importante de la literatura argentina no es temerario ni descabellado. Aunque esta opinión, como cualquiera que pretenda establecer supremacías artísticas o intelectuales, carecerá de un veredicto definitivo e irrefutable.

Quizá no genere discusión decir que, de los autores argentinos, es el más conocido en todo el mundo. Pero, en este caso, habría que precisar en qué ámbitos, además de deslindar entre los que sólo saben quién fue Borges y los que han leído su obra.

Las dudas y controversias quedarían de lado si sólo rastreáramos el interés por su obra en ámbitos universitarios de diferentes países. En esas aulas, Borges es el escritor de estas tierras más estudiado y reconocido.

De eso puede dar fe Mariela Blanco, docente de literatura de la Universidad Nacional de Mar del Plata, estudiosa de la obra del autor de Ficciones y El aleph. Mariela ha disertado recientemente en la universidad alemana de Jena sobre las conferencias que Borges dio entre 1949 y 1955. Un libro de su autoría, acerca de las obras de Borges y Marechal, está a punto de ser publicado por Eduvim. En una entrevista con Leemos, respondió acerca de los cambios que fueron produciéndose en la obra de Borges, sus posicionamientos políticos y el premio Nobel que nunca le otorgaron.

-¿Es Borges el escritor argentino más estudiado en el mundo?

-Sin ninguna duda. Basta pensar en el centro Borges, creado en Dinamarca, trasladado posteriormente a Estados Unidos. O en el Borges Center de Pittsburgh, donde publican especialistas estadounidenses, europeos y también de China.

Recientemente he disertado en la Universidad alemana de Jena sobre las conferencias que Borges dio entre 1949 y 1955.

-¿Qué otros escritores de nuestro país generan interés en universidades del exterior?

-Leopoldo Marechal es otro escritor que provoca interés. Ricardo Piglia y Juan José Saer, por supuesto. Y no podemos olvidarnos de Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares.

-¿Puede establecerse un cambio estilístico entre el primer Borges, el que publica Historia universal de la infamia, y el autor de El informe de Brodie o El libro de arena?

-Son notables las diferencias. Encontramos primero a un autor vanguardista, influenciado por el ultraísmo, movimiento al que se había acercado en su estancia europea durante la adolescencia y juventud, que publicó Fervor de Buenos Aires; un Borges distinto aparece en los cuentos que va publicando en la década del treinta, en la Revista Multicolor de los Sábados y en Sur; y, por último, aparece el escritor ya maduro, que vuelve a las formas clásicas tanto en sus cuentos como en sus poemas.

-¿Le importaba no recibir el Premio Nobel?

-Creo que sí le importaba. No obstante, vivía declarando que los premios no eran importantes. Por otro lado, pienso que no vamos a poder dilucidar por qué razón no le dieron el Nobel de Literatura. Se han conjeturado muchas cosas, vinculadas mayormente a los posicionamientos políticos de Borges. El tiempo ha mostrado que se lo merecía; su literatura ha sido retomada por grandes escritores. Basta mencionar a Paul Auster o José Saramago. También habría que pensar sobre cuántos escritores recibieron el Nobel y hoy no los recuerda ni los lee nadie.

-¿El poema Juan López y John Ward define la cosmovisión de Borges?

-Destaco la crítica que hace en ese poema publicado en 1985 a los límites de los países. También avanza sobre las teorías poscoloniales y el daño que la idea de nación causó en el transcurso de la historia.

Basta pensar en La lotería de Babilonia, el cuento en el que él describe de manera muy crítica el funcionamiento de una nación. O en Tema del traidor y del héroe, cuento en el que escribe “esto pudo haber ocurrido en cualquier país periférico, pongamos Budapest, digamos Irlanda…”. 

-La Universidad Nacional de Mar del Plata ha propuesto para el Premio Nobel de la Paz a Julio Aro y Geoffrey Cardozo, un ex soldado argentino y otro británico que estuvieron en Malvinas y que, juntos, llevaron adelante la identificación de combatientes argentinos que quedaron enterrados sin identificación en fosas comunes. ¿Pensás que, de alguna manera, ese premio podría considerárselo un desagravio a Borges, una reivindicación a su obra, después de más de treinta años de su muerte?

-Lo consideraría un acto de justicia. No tanto por la justicia en el sentido tradicional del término; sería la concreción de su programa poético. Desde su adhesión al ultraísmo hasta último momento, Borges sostuvo que lo imaginario tiene el mismo estatuto que lo real. Esto está muy bien expresado en El aleph. Por eso dijo, más de una vez, que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Que una invención de él, el poema Juan López y John Ward, se convierta en un objeto de la realidad, la existencia de Aro y Cardozo, es una demostración de cómo la literatura puede enriquecer, igualar, la realidad. Ni más ni menos, que un verdadero plan vanguardista.

-Sabemos que Borges fue bibliotecario, conferencista y docente. ¿Necesitaba trabajar?

-Este es un punto central en la investigación acerca de su vida y el desarrollo de su obra. Borges no era como Adolfo Bioy Casares, que podía vivir tranquilamente, dedicado a la literatura; hay que enfatizar que Borges trabajaba para vivir. Su padre muere cuando él es joven y entonces consigue trabajo en la biblioteca Cané, donde se desempeña como bibliotecario de segundo orden.

Ahí estaba cuando el peronismo llega al poder. En ese momento se produce su supuesta designación como director de Aves y Corrales. Digo supuesta porque no está documentada. Sí hay una publicación de la juventud peronista que se burla de ese traslado, al que también alude Borges en varias ocasiones. Es entonces que Victoria Ocampo y otras mujeres de la alta sociedad le consiguen clases y conferencias para dictar. Así se va a ganar la vida durante mucho tiempo; porque tenemos que considerar que Borges encuentra la fama internacional como escritor recién a los 60 años. Hasta entonces, vive de dar clases y conferencias, y de escribir en medios gráficos. Esa época de conferencista permite encontrar un laboratorio de discurso antiperonista. También hallamos un progreso notable del conferencista, que en 1945, en su primera charla en Montevideo, debe recurrir a otra persona para que lea lo que había preparado debido al susto que tenía. Sin embargo, en algunos años estaría dando conferencias en todo el mundo.

-¿Por qué no escribía novelas? ¿Despreciaba el género?

-Entre sus manuscritos no se encontraron ni siquiera intentos de novelas. No creo que existan.

Que no haya escrito novelas tiene que ver con algo que Borges tenía muy claro, que define y sostiene en los ´40, entre la publicación de Pierre Menard, autor del Quijote en la revista Sur y la aparición de Ficciones: un posicionamiento –que se percibe claramente en las páginas de Sur- en las antípodas de los referentes de la novela realista, Gálvez y Mallea, que eran los autores que estaban en la vidriera y en la cima de ventas de ejemplares.

*Martín Kobse es marplatense, periodista y locutor. Actualmente, se desempeña en Radio Universidad y conduce el Ciclo Los otros libros por el canal de televisión de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que va por su segunda temporada.

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