El Espectador es el primer libro que publica Alberto Badino, un ingeniero electromecánico que después de cumplir cuarenta años decidió asistir, finalmente, a algunos talleres de narrativa. Se inclinó por los de Liliana Heker y Guillermo Saccomano. Allí fue donde trabajó sobre su estilo, su ritmo y su forma y resolvió presentar su libro para ser evaluado en el Premio Internacional de Novela. En el año 2007 recibió una mención de honor.

Editada por La Parte Maldita, El Espectador es una historia inquietante. No hay personajes complacientes, no hay entrañables guías que lleven a las y los lectores a recorrer apaciblemente el devenir del relato. El protagonista, Juan Bosch, puede etiquetarse como un incomprendido, pero lo cierto es que tampoco él busca comprender o empatizar con las personas que lo rodean. El autor explica que “es un personaje contradictorio que despierta aprecio o reprobación y eso me parece una virtud como personaje, que difícilmente pueda ser tomado con indiferencia. Vivimos en una sociedad híper conectada; computadoras celulares, tablets, con twitter, WhatsApp y Facebook, donde se suben las mejores fotos de gente que parece feliz y al mirarlas, nos deja la sensación de que somos unos infelices perdedores”.

Y agrega: “La alta competitividad, la pérdida del diálogo, reemplazado por mensajes escritos y la vida vivida a través de cientos de pantallas, está creando una generación de personas aisladas. Considero que un libro que hable de los problemas existenciales de las personas y de la incapacidad de comunicación, puede en este momento, calar hondo en muchos lectores”.

Badino expresa que a lo largo de toda su vida escribió sobre “cuestiones personales o cuentos”. Asistió a los talleres de Saccommano a lo largo de seis años, donde considera que entendió que “escribir era un trabajo duro: dejé de ir al taller en 2001 por la crisis y la falta de trabajo, lo retomé unos años después en el taller de Liliana Heker donde pude desarrollar lo que había aprendido”.

El trabajo del escritor suele ser muy solitario, de mucha introspección. ¿Cómo se sintió al contrastar esto con la experiencia de taller donde todos suelen opinar sobre la producción literaria de todos?

Considero que todos los escritores contrastan lo que escriben con alguien, porque es más fácil ver los errores en lo que escriben los demás que en lo que uno escribe. No me considero una persona muy sociable pero en los dos talleres encontré un lugar, donde más allá de las dificultades y las críticas implacables, me sentí a gusto.

Haciendo honor a su título, El Espectador es además un libro muy visual, con marcadas imágenes sensoriales, especialmente en los raccontos a la infancia del personaje. ¿Cómo fue la adaptación a guión de cine?

La idea del guion nació cuando viajé a recibir el premio a República Dominicana, ahí Arturo Rodríguez Fernández -presidente de la Dirección Nacional de Cine- me dijo que había leído El Espectador, que para él era una película, que tenía que escribirla. El inicio de mi escritura siempre son imágenes que transformo en palabras, así que tuve que hacer el camino inverso y transformar las palabras en imágenes, un trabajo complicado ya que muchas adaptaciones de literatura a cine, son fallidas. Tuve que modificar la trama para que pudiese funcionar, fue un trabajo intenso pero muy interesante. Mis hijos estudian cine, ellos me ayudaron a hacer el Teaser.

¿Qué le gustaría que pase con este libro?

-Aunque parezca una obviedad lo que me gustaría es que las personas lean el libro. Hasta ahora he recibido buenas críticas de diferentes personas, jóvenes o mayores, personas con cultura o que nunca leyeron un libro, en general coinciden que les resultó atrapante, pero el hecho de ser un autor desconocido hace que sea complicado llegar a los lectores.

¿Cómo sigue, luego de la publicación y presentación de El Espectador, su producción literaria y su carrera editorial?

-Tengo una segunda novela, NINA, que estoy enviando a concursos, es una novela que trata sobre lo inevitable; está narrada a través de un personaje que es consciente de que  está actuando de manera incorrecta pero no puede cambiarlo. Y estoy también escribiendo una tercera novela. Respecto de mi carrera editorial, no tengo la menor idea sobre qué pueda pasar, y si soy sincero no sería muy optimista al respecto, pero escribir es algo que no puedo evitar.

 

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