La escritora Carolina Peleretegui, radicada en Sierra de los Padres, es una de las invitadas a la versión infantil del ciclo de encuentros con autores “De amor, de locura y de muerte”, que están llevando a cabo este año Revista Leemos, junto a la Revista de educación Aula Abierta.

Peleretegui compartirá una charla con la escritora Carolina Tosi y con su par, y también narradora Mariela Kogan, en un encuentro en el que desmenuzarán el amplio mundo de la literatura infantil.

A días de esta charla, a realizarse este jueves, a las 18.30 en el auditorio de Osde (Colón e Yrigoyen, segundo piso), Peleretegui conversó sobre su llegada al mundo de las letras para los más chicos, la fuente de ideas para nuevos cuentos que constituyen sus estudiantes y la relación que guarda con los personajes que crea.

¿Cómo o por qué te decidiste a escribir para niños?

– Empecé a escribir para niños desde que nació mi hija, hace 11 años. “Ella” era la única niña. Le escribí montones de cuentos y poesías. Después empecé formalmente en un taller con Javier Chiabrando, donde siempre escribí cuentos para adultos, hasta que un día, mi amiga Marisa Potes me sugirió que enviara uno de mis cuentos para niños a un concurso en una editorial de Ecuador (Libresa) que ella conocía muy bien, porque una novela suya había sido seleccionada. En fin, tuve la suerte el año pasado, que mi cuento “Margarita” fuera el elegido por el jurado para el primer premio. Creo que ese momento fue el detonante. Desde ese día sentí que la literatura infantil me abría las puertas y bueno…entré.

¿Es más desafiante escribir sobre amor para el público infantil que para adultos?

– Escribir sobre el amor es mi tema favorito. Vivo en estado de enamoramiento permanente, jaja. Como soy docente, vivo el amor y sufrimiento de mis alumnos todos los días. Me entero de todos los noviazgos nuevos, las peleas, los amores no correspondidos, los amores callados. Soy como un testigo silencioso. El desafío es escribir sobre esos amores y que quien lo lea, sienta que no está solo.

¿Tenés algún/a referente del género que te haya inspirado?

– Tengo varios referentes que me inspiran. La primera es Maria Elena Walsh. Crecí con ella, si iba de visita a casa de mis tíos o abuelos, ella cantaba en el tocadiscos como una religión. En la biblioteca, toda la colección de cuentos estaba a mano. Fui una chica con suerte por ello. Lo mismo me pasó con Elsa Borneman. Después de leer a “Un elefante ocupa mucho espacio” y la que yo le decía la poesía del tomate “Ay que disparate”, como dicen los chicos ahora, flashee. Ahora tiene un estante exclusivo en mi biblioteca. Diría que ellas dos son mis referentes más potentes.

– ¿Aprovechás tus conocimientos en ciencias naturales a la hora de usar esas temáticas en cuentos?

– Mis personajes hacen algún experimento o se acuerdan de algo que les dijo la maestra de ciencias naturales, pero nada más que eso. Quizás las ciencias buscan un caminito donde meterse en cuanto me distraigo, pero no es algo que lo haga con premeditación. Las ciencias y los cuentos viven en mi, si pueden convivir, mejor.

¿Sentís una responsabilidad por transmitir ciertos valores a la hora de escribir para niños y niñas?

– Totalmente. Necesito que lo que cuento pueda dejarles algo, que se sientan identificados, que se piensen en esa situación, que empaticen o no con el personaje. Si siento que lo que escribo no dice nada ¿cuál es la gracia?

– Los chicos son fuente inagotable de recursos. Las historias de amor son un recurso inmenso, pero no el único. Yo los escucho al pasar y tomo nota. En mi cuaderno de calificaciones tengo una parte (una cuantas, en realidad) llena de anotaciones y frases que les escucho decir y me sirven como disparadores para cuentos o poesías. Sin mi trabajo de docente se me complicaría.

¿Hay renovación en cuanto a las temáticas y estéticas de la literatura infantil? 

– Creo que como toda expresión artística, la literatura se ha ido renovando con el paso de los años, de los siglos. La vida moderna, nos lleva irremediablemente a adaptarnos en todos los aspectos aunque los temas siempre sean los mismos; el amor, el acoso escolar, la muerte.  Lo que cambió es la forma de contarlo. Hay muchos más recursos para ello que en el siglo pasado y por eso me parece que la renovación es más estética que temática

¿Cuánto te encariñás con tus personajes? ¿Te cuesta soltarlos?

– Mis personajes dejan de ser míos desde el momento que alguien los leyó. Una vez que entraron en la lectura de un otro, ya está. Es un acto de desapego enorme. Uno crea un personaje para que alguien lo adopte. Uno siempre va a ser el creador, pero no el dueño.

 

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