En el último tiempo a mamá se le había dado por leer novelas románticas. Era socia de una biblioteca y había llegado a un acuerdo con el dueño, que hacía un singular delivery literario: todos los lunes él le entregaba un libro nuevo, a su elección, y ella le devolvía el anterior. El librero era quién elegía qué leía mamá. La única condición que ella le había puesto era que no fuera para llorar, porque “ya lloré bastante en la vida”.

Una de las pocas veces que mamá no cumplió con su parte del compromiso fue con  Ciega a citas, de Carolina Aguirre: al lunes siguiente, ella no lo entregó, no porque le hubiese costado terminarlo sino todo lo contrario: quería que también yo lo leyera. “Te vas a reír muchísimo y te va a dejar pensando” me dijo.

Después pasó lo que pasó. Cuando fui a ordenar la casa me encontré con el libro, que había quedado sin devolver. Lo hice llegar a la biblioteca a través de una amiga, con el correspondiente pedido de disculpas. Pasó el tiempo y en una de mis habituales recorridas por una librería lo encontré. Inmediatamente recordé a mamá y su insistente “tenés que venir a buscar el libro”.

Decidí comprarlo y leerlo, como si de esa manera saldara una deuda que hasta ese momento no me acordaba de haber contraído.

Así fue como conocí a Lucía G, una periodista soltera de 30 años que un día descubre que su madre apostó que iría sola, gorda y vestida de negro al casamiento de la hermana menor de la familia y decide hacer cualquier cosa (literalmente, cualquier cosa: volver con viejos amantes, citas a ciegas, búsqueda de pareja por internet) para no ir sola a la fiesta.

La historia está escrita en primera persona, a modo de folletín. Cada capítulo aborda una situación diferente de la vida de Lucía: a veces una cita patética, o el episodio de alguna relación fallida, una reunión del dietaclub, un domingo en pijama mirando tv berreta, una reunión con amigas casadas que hablan de pañales, un encuentro horrible con un candidato que conoció en internet o alguna reflexión irónica sobre su agobiante soltería.

Tal como había anticipado mamá, me reí mucho leyéndolo pero también me quedé pensando sobre el rol de las mujeres en las sociedades modernas, las presiones que enfrentan tanto en el plano laboral como el personal y familiar, las relaciones madre e hija…

En otras palabras, es un libro altamente recomendable. Pero a mis amigas les advierto: si lo quieren leer, se lo tienen que comprar o hacerse socias de la misma biblioteca que mamá. Este yo no lo presto. Sabrán entender.

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