Una, que es lectora, accede a los libros por diferentes vías.  En lo que refiere a la curiosidad, muchas veces son quienes tenemos alrededor los que nos despiertan la curiosidad respecto de un libro. E, inclusive, hay veces en que esa curiosidad -alimentada por el recomendador serial (en este caso, la recomendadora)- es más efectiva que el propio libro que intenta recomendar.

Así es como llega Contigo en la distancia a mi mesa de luz. Guiada curiosidad que mi amiga supo despertar explicando que se trata de un texto con “referencias literarias muy interesantes”… ¿Cómo no acercarse a una propuesta así?

En esta publicación, sorprendentemente ganadora del premio Alfaguara de Novela 2015, la autora chilena Carla Guelfenbein construye la historia de un amor lejano, a través de la historia de un amor cercano, echando mano de un puñado de personajes.

Guelfenbein intenta hacer uso de la polifonía para demarcar sus personajes

Los protagonistas son Daniel y Emilia. Él, arquitecto bloqueado; ella, investigadora literaria de la obra de una escritora que es la amiga y vecina del primero. Ella, “invitada desinteresadamente” a Chile para profundizar su investigación sobre esa obra literaria por un tercer personaje y también escritor, el poeta Horacio Infante, quien además había sido amante de la escritora sobre cuya obra se basa la investigación de Emilia. Una tal Vera Sigall.

Guelfenbein intenta hacer uso de la polifonía para demarcar esos personajes, pero la definición llega por lo que dicen y no por cómo dicen lo que dicen: es una sola voz con diferentes enfoques. Los circunstanciales narradores se construyen cada uno a sí mismo y, entre todos, definen el personaje de Vera, una personalidad vaporosa, profundamente incognoscible.  Todos saben algo sobre Vera, hablan de ella y tratan de explicarla pero, en realidad, Vera es el misterio sobre el cual se erige la novela.

Le hablan a ella, la que no está en ningún lado, y esa ausencia es la presencia más reveladora

Y aquí es donde la historia se debilita. La autora, que afirma haberse apoyado un poco en la de Clarice Lispector y otro poco en su propia historia para dar forma a ese personaje, la ubica en lo alto de un pedestal, el mismo lugar que, según dicen las malas lenguas, ocupan los muertos: el del infalible. Vera es, prácticamente, intachable.

Una cuota muy amplia de Contigo en la distancia está escrita en segunda persona del singular. Le hablan a ella, la que no está en ningún lado, y esa ausencia es la presencia más reveladora, la misma que busca justificar las 350 páginas. Pero también hay un secreto que descubrir y un trauma increíble que superar.

Se me dificultó mucho terminar esta novela, es cierto que salteé varios párrafos (soy de la idea de que hay descripciones imprescindibles, otras necesarias y algunas apenas soportables) pero podría encontrar algo de literatura en Contigo en la distancia.

Cuando le digo a mi amiga lo que me pareció esta lectura acuerda conmigo, en parte y, en otra, es absolutamente categórica: “no es tu momento para leerla”. No puedo más que asentir y devolverlo hasta nuevo aviso.

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