Muchas veces, cuando vemos a alguien actuar de una manera imprevista o decir cosas fuera de contexto, pensamos “¿Qué tiene en la cabeza?”. Y, de hecho, intentar comprender por qué las personas reaccionan como reaccionan, dicen lo que dicen, votan como votan o aman como aman, por poner solo algunos ejemplos, es una cuestión que ha ocupado a incalculables equipos científicos, décadas de estudios y presupuestos inconmensurables en todo el mundo.

El hombre sabe de muchas cosas pero de lo que menos sabe es del kilo y medio que tiene por encima de los hombros”, dice Daniel López Rosetti, médico especializado en estrés y autor del libro Emoción y sentimientos, editado por Planeta, el mismo que lo trajo a Mar del Plata para ser parte del ciclo organizado por ese grupo editorial desde hace 21 años.

Antes de comenzar con las preguntas, nos acomodamos en los sillones del foyer del hotel al tiempo que nos enredamos en un breve intercambio sobre si es más importante la luz o el lenguaje en la constitución de nuestros modos de ver, aprender y aprehender, motivado por una conversación previa que tuve con la fotógrafa del diario local.

Cerrá los ojos”, me propone y acepto. “Mirá una manzana… La estás viendo”, no me pregunta.  “Ahora cerrá los ojos y mirá tu cerebro”. Obedezco y le confirmo, antes de que saque sus propias conclusiones: “Si, es violeta. Y es hermoso”.

Es muy distinto de lo que recién viste –me dice-. En realidad vos lo viste con luz y tu cerebro nunca vio la luz. El cerebro es un lugar húmedo, oscuro y caliente”.

Pero solamente existe el cerebro en tanto que nombramos al cerebro y construimos la idea de cerebro en nuestro cerebro. Es el lenguaje lo que lo construye, carga de sentido eso que el cerebro es. El lenguaje define la cognición…

Cuando lo pones en lenguaje lo haces tuyo. Algo se define, se hace material cuando le encontrás sentido. Y la gran diferencia en el hombre se dio con la creación de la palabra. Gutemberg vino después. Y Google también. El gran salto es la palabra.

El modo didáctico que tiene López Rosetti para abordar esta pequeña (e infinita) cuestión, es una constante en su último libro, en el que explora las diferencias entre las emociones y los sentimientos y propone una serie de definiciones apelando a ejemplos que van de Shakespeare a Viaje a las estrellas, por nombrar algunos.

Quiero intentar pensar Emoción y sentimientos en el contexto actual: ¿Qué nos explican las neurociencias en esta coyuntura? ¿Qué tipo de discurso se está legitimando?

-Es el conocimiento del ser humano. Viste que hay cosas que se afirman que son inexplicables… y es sorprendente, porque no hay nada inexplicable: lo único que puede suceder es que todavía no tengamos la explicación.

O que la que hayamos encontrado no logra convencer…

-Claro, que no es suficiente. Lo que ha generado la expansión de la neurociencia es que aparecieron métodos de investigación que no existían, que son los elementos que permiten ver el cerebro funcionando: la neuroimagen. Permiten ver qué parte del cerebro está funcionando cuando vos estás pensando tal o cual cosa. Es lo más cercano a “ver” el pensamiento.

¿Qué es lo que aportan las neurociencias? el conocimiento de uno mismo. El hombre sabe de un montón de cosas pero de lo que menos sabe es del kilo y medio que está por encima de los hombros. Son más de 100 mil millones de neuronas que se conectan unas con otras. Hay diferentes mecánicas de abordaje: neuromarketing, neuropolítica, neuroeducación… son distintos abordajes de cómo podemos, a través del conocimiento cerebral, mejorar nuestro futuro.

Una cosa que me pareció, por lo menos, polémica es la afirmación que aparece en el libro y que dice que el ser humano ya no evoluciona.

-Sí, es polémico. Pero es cierto que no evoluciona en el sentido darwiniano. Porque el hombre intervino en la naturaleza, entonces hoy vive gente que no debiera vivir gracias a la medicina, hoy nace gente que no debiera nacer. En la evolución darwiniana quien no debiera vivir por enfermedades o incapacidades moría y no generaba descendencia, esa es la naturaleza de la evolución de las especies: la sobrevivencia del más fuerte. Hoy eso ya no sucede, porque el hombre puede modificar hasta los genes. Pero también es cierto que eso es producto de la evolución de la conciencia. Entonces, en ese sentido sí seguimos evolucionando, pero en el sentido clásico darwiniano hemos dejado de evolucionar. Los cambios ya son por intervención de un acto intelectivo. Antes la selección de las especies era por presión natural, hoy es la presión del hombre y su actividad científica. En ese sentido, el hombre ya no evoluciona, en términos darwinianos.

¿Sirve de algo intentar controlar las emociones o todo lo que podemos hacer es reconocerlas?

-Las palabras tienen límites y este es uno: a mí no me gusta la palabra controlar porque tiene un perfil de represión, pero en alguna medida conocer las emociones implica un manejo de esas emociones, en un sentido o en otro. La idea es poder expandir las emociones buenas. Vos imaginate que, por ejemplo, el ego está constituido por una mezcla emocional: todas nuestras vivencias van en poder disminuir determinadas cuestiones que te hacen soberbio o que exaltan el ego. Si pudieras desprenderte, sería una carga enorme y te encontrarías con un bienestar que las personas egocéntricas no tienen. Me parece que conocer las emociones y, quizás la palabra más justa sea controlar, aunque no me guste, pero poder arbitrarlas, gestionarlas, manejarlas, con la herramienta de la inteligencia emocional nos permite una verdadera maduración. Yo creo que es útil trabajar sobre las emociones y sentimientos de uno y de los otros, a través de la empatía.

Y tiene que ser liberador…

-Si, liberador es una buena palabra toda vez que determinadas emociones y sentimientos hayan ejercido una presión que no nos lleve al bienestar. Aristóteles dice que todos los hombres tienen objetivos y que alcanzado uno se plantea otro y así. El destino final es la felicidad. Yo creo que todos buscan el bienestar y no hay bienestar intelectivo. No es racional: las emociones y sentimientos son corporales, son físicas, una mezcla de cerebro y cuerpo. Son procesos cerebrales que para constituirse requieren del cuerpo. La felicidad se siente, necesitas cuerpo.

Entonces la pregunta sería ¿qué es ser feliz?

-Para trabajar en ciencias necesitas definiciones que, aunque no sean ciertas, deben ser operativas. Hay definiciones útiles: bienestar subjetivo percibido, más o menos igual a felicidad. Es la toma de conciencia de una vivencia emocional, de una condición en la cual la persona vivencia subjetivamente que alcanzó una calidad de vida. La calidad de vida como diferencia entre la expectativa y la realidad vivencial que tengo, si vivo bien lo que tengo… que no tiene que ver con tener mucho.

En algunas partes del libro vi llamados de atención sobre esto de que las emociones no se medican… ¿estamos ante una ultramedicalización de la vida?

Si, de la solución fácil a partir de un comprimido. La llegada de la psicofarmacología ha logrado influir en las emociones, en las sensaciones, en las vivencias, en el estado anímico. Esto hace que las personas crean que cualquier situación de ánimo pueda ser modificado con un comprimido. Y eso es un error. Las emociones no se medican, se procesan. Como la tristeza, que es esencial: es esencial tener tristeza para resolver pérdidas.

¿Qué espera que la gente encuentre en este libro?

-Lo primero que siento cuando me toca hacer un libro es que me sirve a mí. Uno aprende porque concreta ideas. Para transmitir una idea hay que concretarla, sobre todo si hay que hacerlo simple. A mí me sirvió el libro, y cuando empiezo a descubrir eso el desafío es que le sirva a otro.

Yo soy médico porque amo ser médico, me gusta ver que las personas mejoran. Y si un libro puede ayudar en términos de medicamento no farmacológico, me parece que es útil.

@trianakossmann

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