El 13 de junio se celebra en Argentina el Día del escritor,  en conmemoración por el nacimiento, en 1874, del poeta, ensayista, periodista y político, Leopoldo Lugones, quien además fue el fundador de la Sociedad Argentina de Escritores.

Cada año, las efemérides destacan que Lugones tuvo un rol fundamental en la configuración de una literatura argentina y mucho de ello tiene que ver con una serie de conferencias que el autor brindó en 1913. Fue en el Teatro Odeón donde disertó acerca del Martín Fierro y propuso una lectura del poema gauchesco en consonancia con las estridencias de la época. Pero sus conclusiones fueron más allá, y muchos analistas consideran que ese evento marcó el encumbramiento de la obra de José Hernández como la base para la definición de un ser nacional.

En su artículo para la Revista de Cultura Punto de Vista, titulado “El Payador” de Lugones o “la mente que mueve las moles”, Oscar Terán expresó que Lugones montó un operativo en el que “resignifica no solo estéticamente esa obra, sino que la convierte en el epítome de la nacionalidad argentina en el mismo gesto con que la instala en el núcleo de la élite liberal“.

En aquellas disertaciones, a las que asistió como parte del público el entonces Presidente de la Nación, Roque Saenz Peña -así como varios de sus ministros y miembros de la oligarquía argentina-, Lugones desarrolló un “nervioso relato del origen ‘puro’” en el que “proponía su particular hermenéutica como un modo privilegiado, superior, para resolver los enigmas de la política”, según destaca Julio Ramos en Desencuentros de la modernidad en América Latina.

El momento histórico en que tuvieron lugar estas conferencias estaba marcado por un rápido crecimiento de las clases obreras y medias, donde las afluencias migratorias, especialmente de pobladores rurales y sectores de escasa formación y más escasos recursos provenientes de España e Italia, traían consigo también una gran diversidad de tendencias político-ideológicas en las que la oligarquía dirigente veía un claro obstáculo para la gobernabilidad.

Por eso, el asunto de la identidad nacional era en un tema obligado que ocupaba a los sectores políticos y la intelectualidad de la época. De hecho, la modalidad de las conferencias era una de las herramientas con que contaban los intelectuales para poner en debate sus posicionamientos.

Los argumentos de Lugones para instituir el Martín Fierro como el poema nacional

El resultado de aquellas conferencias fue finalmente publicado (con algunas correcciones y ediciones) unos años después por el autor bajo el título El Payador, un ensayo en el que se condensan los principales puntos de su lectura del Martín Fierro.

Muchos estudiosos de la temática consideran que ese libro encarna una “redefinición del ser nacional”, que hasta entonces se encontraba parcialmente configurado por lo que se recuerda como la generación liberal, y que tuvo como referentes a Alberdi y Sarmiento.

Alfredo Fraschini, en su libro Páginas Vivas, Leopoldo Lugones, considera que “El payador, de 1916, es un importante intento de valoración actualizada del Martín Fierro y de la poesía gauchesca en general, que hasta entonces parecía condenada a la indiferencia o al maltrato (…) y se detiene en la consideración de aquellos elementos que determinan el entronque del poema de Hernández con la tradición épica de Occidente, a partir de Homero y pasando por los cantares de gesta medievales”.

Ese trazado de un eje entre la poesía épica de origen helénico y la gauchesca será el principal punto de anclaje de la lectura de Lugones, en donde la figura del héroe resulta fundamental en dos sentidos: primero, porque la exaltación de lo que puede entenderse como una personalidad excepcional es lo que da sentido y hace posible la rebelión, la cruzada, pero también, y en segundo lugar, porque expresa lo mejor de la raza, su “espíritu”. En un solo movimiento Lugones consigue edificar la otredad indispensable para definir un “nosotros”.

Pero además de la exaltación del héroe, el eje que establece Lugones une un punto más: el rol del intelectual o, más específicamente, del poeta, según su criterio, el único capaz de dar sentido a la belleza. Y se propone como “interlocutor” entre las masas que conforman la nación y la oligarquía que detenta el poder. Terán dirá que ese movimiento sirve a su vez como herramienta para desplazar “del centro del campo intelectual la hegemonía del científico construida por el positivismo“.

A través de un detallado análisis del canto que tiene como protagonista al Gaucho Fierro, el autor de Las Montañas de Oro reivindica los hechos que se describen en la obra, justifica aquellos que resultan inconvenientes para su propio posicionamiento y subraya con explicaciones y cuidado vocabulario (haciendo un uso exuberante de sus conocimientos respecto de las particularidades de la vida rural), los segmentos en los que afloran valores y principios que se apegan a aquél criterio de argentinidad que buscaba fijar.

Así, la lectura que propuso Lugones del Martín Fierro en aquellas conferencias y que luego editó en El Payador fue un factor fundamental para encumbrar al gaucho como un punto de partida para la construcción de un ser nacional, apoyado en diversos principios y características que sobrevalora y en cuya base podrán entonces establecerse nuevas coordenadas aglutinantes de unas clases populares tan diversas como divergentes en la Argentina del Centenario.

@trianakossmann

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