Hay una clara tendencia, que también puede leerse como estrategia de mercado, a escribir y publicar novelas que tocan la diversidad sexual y de género. En algún caso había comenzado a hablarse de literatura gay pero lo cierto es que la impronta va más allá, porque no se resume simplemente (como si pudiera ser “simple”) a los conflictos que una elección sexual diversa genera en una sociedad heteronormativa –es decir, cuyo mandato cultural es la heterosexualidad- sino que además hay cada vez más autores e historias que hablan de LGBTI (sigla para el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) en sus particularidades.

En este sentido se inscribe la novela que David Levithan publicó en el año 2013 titulada Dos Chicos besándose y que llegó a la Argentina a través del sello VYRA, de la editorial V y R. El autor retrata con gran sensibilidad, no sólo la realidad y las dificultades o temores que enfrentan los jóvenes gays en el siglo XXI cada uno en su modo de vivir su identidad sexual, sino también con una perspectiva histórico-social de la comunidad gay.

Para ello, Levithan se apoya en la historia de Harry y Craig, dos jóvenes que se proponen batir el récord mundial en la duración de un beso, que será transmitido en vivo por internet, y que encaran también como una forma de mostrar apoyo a un amigo que fue agredido por su elección sexual.

El autor explora paralelamente otras circunstancias en torno a esta elección, donde diferentes personajes también deben lidiar con prejuicios, temores y desencantos frente a sus familias, sus amigos y amigas, y ante sí mismos.

Pero sin lugar a dudas uno de los aspectos más interesantes está dado por quién o, mejor dicho, quiénes encarnan la persona en la narración: es una generación entera la que cuenta la historia de estos dos chicos besándose, chicos que a su vez quieren contarle al mundo quiénes son, a quiénes aman, con qué sueñan y a qué le tienen miedo. David Levithan habla a través de un “nosotros”, y genera un contraste notable, una lectura histórica, entre las acotadísimas libertades individuales de las que gozaban las personas en las últimas décadas del siglo XX, la persecución, el prejuicio, el maltrato y las formas más crueles de discriminación familiar, política, económica; y cómo estos aspectos se van superando lentamente, con mucho trabajo de concientización y sensibilización, en los albores del siglo XXI, con una comunidad que debe lidiar con formas más sutiles pero altamente efectivas de segregación.

Más allá del análisis cuasi sociológico que podría hacerse sobre esta novela, solo resta remarcar que como pieza literaria es solvente, ofrece una narración de gran sensibilidad, capaz de generar escenas conmovedoras y reconfortantes… Al punto de que deseemos que ese beso, el de estos dos chicos, sea realmente tan largo que no se termine nunca.

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