Reconozco que encaré El año en que te conocí, de Cecelia Ahern, con una expectativa inusual, motivada por varios factores. En primer lugar, porque la primera vez que leí a esta popular autora irlandesa fue por recomendación de una persona que ya no está, por lo que volver a leerla era algo así como seguir aceptando sus recomendaciones, un tributo íntimo que, para que saliera bien, requería que el libro me gustara. O algo así, como diría la autora de Post-data te quiero y Donde termina el arcoiris, entre otros best-sellers.

El tema parecía prometedor: un año en la vida de una mujer a la que despiden de la empresa que ella misma fundó

Por otra parte, los antecedentes de la propia Ahern me alentaban. La recordaba como una escritora diferente, con buena pluma, chispas notables de humor y poca tendencia a los lugares comunes, características que valoro en cualquier literatura, sea del género que sea.

El tema, tal como se planteaba en la contratapa del libro, también parecía prometedor: un año en la vida de una mujer treintañera a la que despiden de la empresa que ella misma fundó, lo que pone en crisis toda su existencia, que justamente gira en torno a dos pasiones: el trabajo y su hermana.

Siempre según la sinopsis oficial, ese año Jazmine inicia una amistad hasta ese momento improbable con su vecino Matt, un locutor de radio que también se ha visto forzado a dejar de trabajar después de que una de sus entrevistas terminara en escándalo.

Ahern se luce con la construcción de sus personajes, los hace interactuar de manera generalmente creíble

Tengo que reconocer que Ahern no me decepcionó… pero tampoco me maravilló.

Como siempre, se lució con la construcción de sus personajes, los hizo interactuar de manera generalmente creíble y logró arrancarme más de una sonrisa, aunque bastantes menos de las que esperaba al comenzar a leerla.

Sin embargo, los aciertos no fueron mucho más allá. La historia de amor, si es que la hay, no me apasionó. Tampoco me conmovió la amistad planteada entre los personajes principales ni los lazos solidarios que fueron construyendo con su comunidad. Ni siquiera me pareció un ejemplo interesante de maduración o de superación personal. De hecho, los problemas de alcoholismo de uno de los protagonistas me parecieron tratados con demasiada liviandad. Y las analogías con la jardinería, si bien debo reconocer que son originales,  llegaron a aburrirme.

La autora demuestra un profundo respeto por la diversidad funcional

Aún así, hay un aspecto del libro que lo salva de caer en el olvido. Se trata del personaje de Heather y la relación que mantiene con su hermana Jazmine. Al construir esta historia, Ahern demuestra un profundo respeto por la diversidad funcional y exhibe, sin gestos ampulosos, un conocimiento detallado de las características de las personas con síndrome de down, sus derechos y sus potencialidades, tanto en lo relacionado con su desarrollo personal como con sus posibilidades de inserción en la vida social y laboral de una comunidad.

Por este motivo, y porque tampoco es que sufrí al leerlo (simplemente no lo disfruté como creí que lo disfrutaría) es que El año en que te conocí es un libro recomendable con la siguiente aclaración: no es una historia de amor. Y tampoco enamora.

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