Como todos los veranos desde hace 21 años, Mar del Plata tiene su ciclo de charlas de escritores organizada el Grupo Planeta. Y, como ya es un clásico también, en ese ciclo no puede faltar el reconocido historiador y escritor Felipe Pigna, que esta temporada llegó a la ciudad para presentar su libro La vida por la patria, una biografía de Mariano Moreno.

Cualquiera que haya leído a Pigna alguna vez puede reconocer en sus textos la particular fascinación que abraza por lo que él mismo llama “los padres fundadores” de la Argentina, una expresión que, aclara, se utiliza en Estados Unidos para referir a los hombres que entregaron su vida para forjar las bases de la construcción de una nación.

Esta vez, la invitación del historiador es sobre la vida de un político, no ya un combatiente en los ejércitos revolucionarios, como había sido el caso sus entregas anteriores: La voz del gran jefe, sobre San Martín y Manuel Belgrano, el hombre bicentenario.

Mariano Moreno tuvo una vida pública muy corta y resulta, en principio, bastante inescrutable. ¿Porqué hablamos de Moreno en 2018 y por qué sabemos tan poco de su vida y de sus actos?

-Yo creo que la escuela no nos ha dicho mucho de él, como de tanta otra gente. Esos recortes caprichosos, títulos sueltos: “abogado, periodista”, pero yo creo que es una persona fundamental en muchas cosas: se dice que era abogado pero no se dice que era un jurista, una persona que se ocupó de modificar el derecho, o por lo menos pretendió modificarlo porque estábamos rigiéndonos por el derecho colonial español, esclavista, legalizaba la conquista, la servidumbre… y Moreno tiene mucho texto vinculado a eso. Y no sabíamos sobre su obsesión por la ley, porque tengamos una constitución, un marco jurídico, porque la gente entienda que la ley no es una cuestión para perseguir sino para dar garantías, y yo creo que eso es algo maravilloso.

Es un cambio de enfoque, pero esa es una perspectiva que perdura hasta hoy…

-Tiene que ver con la malversación de ideas nobles, como el derecho, que teóricamente te protege, pero por ejemplo, en este momento, estamos asistiendo a un poder judicial temerario, peligroso. Yo no me siento en absoluto protegido por el poder judicial, me siento amenazado, de hecho.

Un poco como el Tribunal de vigilancia política del que hablás en el libro y que implementa Liniers.

-Si, y lo profundiza Cisneros. Dos virreyes. Es una medida que quiebra un elemento fundamental que a vos te garantiza cierta tranquilidad que es la división de poderes, el poder judicial no debería estar influido por el poder político.

A mí me interesa pensar un poco el tema de la verdad. Y, en este caso, la verdad histórica ¿Cómo llegamos a una lectura veraz de ciertos hechos sin olvidar que no hay una verdad y que lo que presentamos es una interpretación, mientras estamos rodeados de discursos que se autoproclaman como “la verdad”?

-Por eso le puse “una” biografía de Mariano Moreno. Creo que hay que bajar los niveles de soberbia: “esta es la verdad, esta es la historia”. Yo creo que lo que único que tiene que hacerse, ante todo, es ser honesto. No podemos exigir imparcialidad, pero si honestidad y profesionalismo. Un libro de historia que no me presente documentos, un elemento que respalde, se parece más a una novela histórica.

En las escuelas primarias los pibes te dicen “¿de dónde sacaste esto?” Es una pregunta que a veces el grande se la guarda y que es fundamental. Y yo les cuento cómo se trabaja, qué es el documento. Y la honestidad: uno no puede andar recortando documentos a capricho. Eso es mala praxis. Como no debe hacerse la famosa pregunta “¿qué diría hoy Mariano Moreno de Macri, de Cristina?”, porque no tiene nada que ver y lo que uno termina contestando es lo que uno querría que Moreno diga sobre uno u otra. Es una mala praxis, utilización de la figura histórica para un fin personal. Es mucho más interesante, totalmente posible y serio históricamente ir hacia Moreno que traer a Moreno para acá. Lo primero es totalmente factible, pero traerlo a opinar del siglo XXI es impracticable, imposible e inútil.

Decíamos al principio que Moreno, como todos los que llamás Padres Fundadores, fueron muy recortados, reducidos a situaciones o hechos casi inocuos. Se ve mucho en este libro con French y Beruti y la Legión Infernal, que en la historia los vemos repartiendo cintitas… ¿Cómo es que la construcción de la memoria nos llevó acotar personajes de este tenor y anular sus múltiples dimensiones?

-Yo creo que tiene que ver con una intencionalidad conceptual de creer que el destinatario de la historia son los niños y adolescentes, un destinatario escolar. Que el único momento de nuestra vida donde vamos a hablar de historia es en la infancia o en la adolescencia, obligados por el colegio. Por lo tanto, en esa concepción muy autoritaria y patriarcal de la vida, se considera que el niño no está en condiciones de entender los conflictos, o de profundizar sobre estas figuras y hay que simplificarlas, mitificarlas e inventar un personaje que no presente conflictos, disimular antagonismos ancestrales. Entonces, evidentemente, se falsifica en aras, con muchas comillas, de evitarle al niño el conflicto, que en realidad es el motor de nuestro crecimiento. Y pone a los personajes de la historia en un lugar de perfección que los aleja de nosotros, los que somos simples mortales. No podemos empatizar o identificarnos con un cuento de hadas, entonces cuando empezás a profundizar reconoces personajes entrañables, sacrificados por el otro, como San Martín, como Belgrano, como Moreno… es muy triste el triunfo de los sectores reduccionistas de la historia.

¿Qué descubriste de nuevo sobre Mariano Moreno durante el proceso de investigación? ¿O qué facetas te deslumbraron de él?

-Me fascinó meterme con el personaje, su historia de amor, que es constitutiva de la persona, porque tiene que ver con la ruptura de su vocación sacerdotal -si es que en algún momento la tuvo realmente o si fue más un deseo de los padres-. Me pareció súper interesante meterme en la formación académico-ideológica en ese tránsito por Chuquisaca que tiene mucho de literario: ese viaje a lo Conrad al corazón de las tinieblas, atravesar todo el centro-norte del país, ver las miserias, las necesidades, que en una persona tan sensible políticamente han tenido mucho que ver con lo que después plantea. Y esa estancia en Chuquisaca donde juega el azar también, al caer a la casa de Terrazas, con una biblioteca magnífica de libros prohibidos de este obispo que, en vez de quemar las obras que la inquisición incautaba, las ponía a disposición. Moreno tiene el privilegio de caer ahí, y sufre un empacho de libros, como dice su hermano Manuel, eso es muy impresionante.

Es muy interesante el rol de Manuel Moreno: en algunos momentos minimiza cierta participación, después reafirma otras cosas. Es llamativo su lugar porque es un testigo, pero también tiene su posicionamiento. De hecho, se ve claramente que hay situaciones en que tiene miedo y trata de ocultar ciertas cosas…

-Bueno, de hecho es muy distinta la versión que él da en la primera biografía de Mariano escrita en Inglaterra, con todos los temores a no enemistarse con la corona británica donde prácticamente no habla de la muerte de su hermano, al libro que escribe en el 36, donde ya se siente con la posibilidad de dedicar dos páginas a la muerte de Mariano y habla de responsabilidades ajenas y en una reivindicación mucho más ideológica. Ahí hace una publicación mucho más extensa de documentos clave de Mariano Moreno que son las Arengas en el Foro. Creo que es de una enorme responsabilidad y voluntad, porque el libro está dedicado a su sobrino, Marianito. Él no quiere que semejante persona caiga en el olvido. Gobernaba Rivadavia, el gran enemigo.

¿Tenés planes para lo que sigue?

-Estoy dudando. Tengo ganas de hacer un libro sobre Alberdi, que es un personaje muy poco conocido y muy interesante.

¿Y qué te pide la gente?

-De todo, pero mucho más Rosas o Sarmiento… A mi Alberdi me parece mucho más interesante que Sarmiento. Castelli y Monteagudo son un dúo que también podría hacerse juntos… lo cierto es que son temas que uno viene trabajando mucho. Y no me dan ganas de irme del Siglo XIX, me siento muy cómodo. Aunque también me entusiasmaba la idea de hacer una biografía de Lisandro de La Torre, que es un personaje muy interesante para estos momentos que estamos viviendo: un tipo de una gran dignidad y un gran coraje para enfrentar al poder británico, los frigoríficos, los negociados de la Década Infame.

Tal vez sea necesario pensar lo político. Yo creo que seguimos creyendo que construir la patria es empuñar un sable y salir a matar realistas, y sí, lo fue. Pero también son fundadores aquellos que tienen un rol netamente político como en el caso de Moreno… y la política está completamente bastardeada, pero no deja de ser una herramienta esencial para la construcción social.

-Si, por eso me gustaba Alberdi, y me gustó mucho Moreno, porque es un héroe civil: un tipo que nunca empuñó un arma y eso me parece interesante. Acá el héroe está asociado al monumento ecuestre: si no tiene una lanza en la mano no es un héroe. Entonces creo que el heroísmo de Moreno es evidente para el que lo quiera ver, es muy claro, por eso el título del libro: La vida por la patria.

@trianakossmann

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