La voz de Florencia Canale siempre es refulgente, aun esta vez, que llega a través del teléfono. Es que este año el Ciclo Verano Planeta se realiza en formato virtual y no hay contacto con las y los autores que participan, sino de forma remota.

Pero la consabida distancia no es atenuante para que nuestra charla sobre su nuevo libro, La Libertina, nos lleve por un camino de entusiasmo, en el que la autora relata con detalles y énfasis inesperados su experiencia de convivir un año con el personaje de Marie Anne Périchon, Madame Périchon, también conocida como La Perichona.

La pandemia, el aislamiento se meten inevitablemente en nuestra conversación, pero ella me explica que su hábitat natural es el confinamiento: “Yo estoy guardada escribiendo, leyendo, investigando y eso me gusta mucho, no la paso mal sola y en silencio. Yo la paso mal de la otra manera. A mí lo que me perturbó fue la ansiedad del mundo, pero pude escribir. Me hacía mis viajes y me instalé en el Siglo XIX“.

Y te quedaste a vivir ahí un año entero…

-Sí, y la pasé bomba a pesar del espanto que estaba viviendo todo el mundo.

En una entrevista anterior le habías contado a Limay que el personaje de Damasita Boedo te había llegado como regalo de Felipe Pigna. En el caso de Madame Périchon ¿Cómo te decidiste a entrarle a esta mujer que es un personaje mucho más abordado, que tiene una existencia ficcional paralela?

-Por lo pronto, ya tiene una descripción: que es la abuela de Camila (O’ Gorman). Ella viene con ese bagaje y se han escrito otras cosas de un tiempo a esta parte. Yo quería escribir mi novela de esa mujer, quería saber de dónde venía, por qué había sido como había sido y fue eso lo que hice, tratar de contar la vida de esta aventurera, de esta libertina, porque me parece que no se la había abordado en esos términos. Se la había abordado como una espía y a mí me parece que es mucho más que eso.

¿Es una inquieta? Parece que huye del aburrimiento, de la angustia y eso la hace ir siempre para adelante.

-Es una fugitiva, eso era lo que yo quería contar. Que es una espía ya es un cuento viejo. Yo quería entender, valiéndome del conocimiento y de todo lo que atravesaba por los siglos, la psiquis de esta mujer: ¿Cómo es posible que hubiera vivido lo que hubiera vivido y salir bastante indemne? Ella puso el cuerpo como nadie y ese cuerpo la salvó. Es una cosa bastante rara, porque en el Siglo XIX poner el cuerpo te mataba, terminabas muerto muy rápido.

¿Por qué nos siguen interesando este tipo de personajes que tal vez no detentaron cargos ni encabezaron batallas, por ejemplo, pero están tan presentes en nuestro imaginario?

-A mí me parece que la historia nos rescata todo el tiempo e insto a la sociedad a que seamos permeables para que así sea, para darnos algunas respuestas, para corrernos algunos velos, para poder entender algunas situaciones del presente y para seguir haciéndonos preguntas. Porque eso es lo que nos mantiene vivos. Si tenemos respuestas de todo estamos muertos. La única certeza que tenemos es la muerte. Entonces, vivir buscando, rodeado de incertidumbre es fascinante. No hay que enojarse con la incertidumbre, eso es la vida. Y yo creo que quienes gustan de leer esta literatura están tratando de reponer su propio origen, tratando de entender, de asombrarse. Es el viaje. El viaje en el tiempo que te otorga la novela histórica es único. Cómo no vas a querer sentir a todos esos personajes que no están muertos, están absolutamente vivos. Eso es lo que da la novela histórica: vitalidad a ese pasado que pareciera muerto.

De tus novelas, creo que esta es la más contextualizada, la más apoyada en todo el devenir de las revoluciones, las luchas. Y Madame Périchon constantemente enredada de alguna manera en todos esos actos revolucionarios. ¿Cómo pudo ser protagonista siendo mujer, extranjera, exiliada?

-Es que es una perfecta hija de su tiempo. Ella nace y vive durante un tiempo largo en una colonia francesa. Cae el rey, cae el antiguo régimen y avanza este concepto tan inquietante para tantos que es la libertad. Ella es una mujer que lucha contra las ideas viejas, a favor de las nuevas. Siendo un ejemplo perfecto de lo que tenía que ver con la educación francesa, cae en una sociedad pacata como la colonia española que era Buenos Aires: provinciana, estrecha, oscura, inquisidora. Y esta muchacha viene antes de la revolución misma a revolucionar una sociedad. Ella es, yo te diría, la mismísima revolución antes de tiempo.

¿Y cómo terminó esta historia? Yo podría decirte que no conoció el amor, pero el amor no era un asunto que le interesara demasiado.

La sensación que me da al final es que vivió como quiso.

-Exactamente, que no sé cuántas podemos decir eso. Bueno, yo sí, pero no es fácil. Es que la libertad no se clama, no se reclama: la libertad se ejerce. Ahora, ¿Estás dispuesta? Porque hay mucho que entregar y hay mucho para sufrir. No es tan fácil tomar la vida por las astas. A veces, como Anita, tenés que estar un año en Altamar, sentarte a conversar con gente que no querés ni ver, tenés que estar al borde del abismo casi con la posibilidad del asesinato a la vuelta de la esquina. Ser libre no es para cualquiera, y tampoco es para andar gritando como una imbécil “me quitan mis derechos, mis libertades”. La libertad se la ejerce y no se la reclama, se la toma.

Y así es Anita Périchon. Yo la reverencio porque era una mujer que bien podría haberse quedado en su casa, ocupándose de su marido y de sus niños, con una vida resuelta económicamente, pero no. No pudo.

¡Es un personaje muy político!

-Y es exactamente lo que yo quería contar. Yo quería contar la política de los cuerpos de principios del siglo XIX en el Rio de la Plata a través de una francesa. Estamos hablando de poder y del poder de una mujer que se apropió de su cuerpo, de su persona, de su inteligencia, algo poco común, en el Rio de la Plata por lo menos. Una mujer con tantos colores y a la vez tan oscura. Esta mujer es un cascabel. Mucho “Ja ja, ji ji” pero no porque era una imbécil: te dabas vuelta y te comía vivo.

Vos siempre contás que te enamoras de tus personajes, ¿Cómo fue tu convivencia con Madame Périchon durante este año?

-Fascinante, porque yo viví una vida desacatadísima. ¡Imagínate la taquicardia que tuve! No me aburrí para nada, me encendí igual que ella, (risas), eso fue positivo para mí. Quedé medio cascabel yo.  Igual estoy escribiendo mi próxima novela que es de un nivel de conmoción, emoción y carne viva… Y así voy, de esquizofrenia en esquizofrenia.

Esta es la presentación de la novela La Libertina, de Florencia Canale, en el ciclo Verano Planeta 2021:

@trianakossmann

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