Florencia Canale y Cynthia Wila pasaron por Mar del Plata para presentar sus últimas novelas, Lujura y poder y El cuerpo prohibido, respectivamente, en el marco del Ciclo Verano Planeta que tuvo lugar durante enero y febrero en dos espacios de la ciudad.

En una charla con Revista Leemos, las autoras destacaron el crecimiento exponencial del género romántico-histórico en los últimos años y coincidieron en que se trata de un segmento que les permite “entender mejor el amor”.

Probablemente el género romántico sea uno de los que tiene mayor intercambio con el público a través de las redes sociales ¿Cuáles creen que son las ventajas y desventajas de esto?

Florencia Canale: Me parece que debe pasar con todos los autores que participan de las redes sociales. En el caso de este género, lo diferente es que las y los lectores son muy activos, casi militantes del género. Eso alimenta la producción y la venta, porque tenemos algo así como un gran grupo de choque que nos sostiene, nos ampara, nos empuja y hace que sigamos escribiendo.  

La desventaja que yo le encuentro es que hay mucha distracción, muchas ventanas abiertas y eso, a veces, hace que cueste más enfocarse y salir del cotorreo, del ruido. Es un esfuerzo por triplicado desconectar todo. Me parece que todo eso es a favor y en contra al mismo tiempo: la comunicación constante y permanente puede ser positiva pero también peligrosa, porque te saca del eje que es investigar, escribir, pensar.

Cynthia Wila: Yo creo que es hermoso el contacto. La verdad es que el ser humano tiene un deseo primario que es el reconocimiento y  cuando las lectoras te reconocen, te genera una emoción y un placer muy fuertes. Pero es cierto que a veces, la misma pasión que el libro le generó a las personas, produce una demanda que muchas veces no podemos sostener ni satisfacer. Y ahí te sentís un poco angustiada, frustrada y te preguntás qué más podés dar, porque la realidad es que no les va a alcanzar. Y en realidad, nunca alcanza. Por más que vos estés pensando  hacer una segunda parte de determinada novela o de una historia que te piden mucho,  nunca va a alcanzar.

Florencia: lo que pasa es que tras eso viene “¿cuándo sale el próximo?”.

Cynthia: Esa voracidad me pasa a mi como lectora también. Yo voy teniendo pasiones así, me gusta tener todo lo que publica tal autor o autora, y tardo en terminar porque sé que me voy a quedar con ansiedad y con un vacío. Me pasó con la primera novela histórica que leí que fue Lo que el viento se llevó. Una historia brillante, con una épica increíble y unos personajes llenos de furor y de pasión. Yo era muy chica, tenía 12 o 13 años, y cuando esperaba más de esa autora me di cuenta de que era imposible, porque se había muerto. Muchos años después salió la segunda parte, escrita por otra autora. Obviamente fui desesperada a comprarla, pero no era lo mismo. Porque en realidad, cuando vos deseás algo, nunca lo que obtenés es lo mismo que deseaste. Esto pasa en el amor también. En la primera etapa del enamoramiento, vos creés que el otro reúne todas las cosas que vos necesitás para ser feliz y que va a venir a completarte de una manera mágica. Al tiempo, cuando empezás a conocer al otro, te das cuenta de que tiene defectos, cuestiones que no están tan buenas, lugares oscuros a los que no te gusta entrar… pero eso es parte de la vida.

Dos miradas sobre las heridas y el amor

Florencia, en Lujuria y poder retomás la figura de Rosas. Me parece que sos una de las pocas autoras que se atreve a usar a los verdaderos protagonistas de la historia, los próceres, los conductores, como personajes principales de cada novela. Creo que desde María Esther de Miguel que no pasaba una cosa así. No tenés ningún prurito con esto…

Florencia: Si, yo hablo de la Historia con H mayúscula, de nuestra historia,  y en el caso de Cynthia la relación con la historia es tangencial. Tengo muchísimos pruritos en el sentido de que intento ser lo más fiel posible. No quiero que ellos se sientan traicionados por una pluma del Siglo XXI, entonces intento recorrer lo más fidedignamente posible esos tiempos y esas personas, pero me atrevo. Siempre fui bastante atrevida y sigo siéndolo. Para mi la historia fue siempre algo cautivante. La historia del mundo y sobre todo la argentina. Para mi la del siglo XIX es historia de héroes y de amor. Seguramente soy una gran idealista, una gran romántica, estoy desfasada: vivo en un siglo errado.

¿Eso es lo que te lleva a investigar?

-Si. Me interesan las personas más que las estatuas o los personajes. Por supuesto San Martín cruzó los Andes y Rozas fue el que intentó unir el territorio después de la anarquía y el caudillaje. Pero, ¿qué escondían estos hombres? ¿Qué tenían en el alma estos tipos? ¿Cómo se vinculaban, por qué se frustraban? ¿Por qué cosas ellas lloraban desenfrenadamente? ¿Cuáles eran las pasiones que los movían, sus pulsiones? Soy una persona que le interesa callarse y observar sin juzgar. Sobre todo, eran seres humanos repletos de heridas, no de espadas y tiros, heridas que seguramente desconocían o no querían mostrar. A mi me interesa la herida, no la gloria y el loor. Eso es lo que me conmueve y eso es lo que busco.

Sin duda, la sensibilidad que se mueve en torno a la vulnerabilidad de los otros es necesaria en la literatura…

Cynthia: En el arte en general. Pero en la novela se juegan palabras entrelazadas por lo emotivo y se puede producir una explosión muy interesante. Y además, cuando contás historias, contás deseos y amores. Y cuando eso pasa, te metés en lo más hondo de la psiquis humana, donde hay amor y hay dolor.

En el caso de El Cuerpo Perdido, hay un diálogo entre personajes del presente y el pasado. Es como una conversación retrospectiva…

Cynthia: Es un diálogo entre dos generaciones. Lo que la novela intenta mostrar a través de este diálogo es cómo el tiempo puede modificar algunos pensamientos muy arraigados que vos puedas traer durante toda tu historia y lo interesante, quizás en el ser humano, es que llegado un momento de tu vida podés sentarte y reflexionar sobre las cosas que viviste y decir “estuve equivocada”.

“Cada época tiene el color de la violencia que le es propio”

Estas protagonistas viven en momentos en donde la mujer tiene otro rol completamente diferente al que tenemos hoy. ¿Cómo es reconstruir eso desde una idiosincrasia tan diferente -pero no del todo- y cómo se relacionan ustedes con esas cosas que todavía seguimos arrastrando y que están presentes en lo histórico y también en lo cotidiano?

Florencia : Por lo pronto hay que quitar el juicio de por medio. Hay que tratar las temáticas sin la mirada del Siglo XXI, sin nuestra mirada. Por supuesto el amor era diferente, los contratos entre hombre y mujer eran diferentes, el uso y el abuso de las mujeres por parte de los hombres era otro. No existía el abuso como lo conocemos hoy. A mi me gusta mucho hacer ese hincapié: perdemos todos si nos ponemos a juzgar, a pensar ¡ay, pero tenía 14 años! Estamos entrando a la máquina del tiempo, estamos viajando a otro siglo. Por supuesto que desde la mirada de la actualidad te descoloca, de alguna manera. Si un hombre toma a una mujer porque es su objeto yo me broto, pero esas eran las prácticas en esos tiempos, sobre todo hablando de mi novela, como un hombre como Rosas, que era el gobernador con todo el poder. ¿Cómo no iba a mirar lo que tenía en galería? El sentía que estaban en oferta y que podía tomar todo lo que quería y las mujeres se dejaban tomar, algunas con cierta incomodidad, otras no, vanagloriando a ese hombre todo poderoso. Hay que tratar de observar sin juzgar.

Cynthia: Pero cada época tiene el color de la violencia que le es propio. Yo creo que no hay que leer una novela histórica con los códigos y las normativas, los permisos o las prohibiciones de la época actual. Los aztecas, por ejemplo, hacían ofrendas humanas a los dioses y para ellos no era un asesinato. Entonces, si nosotros empezamos a juzgar con los códigos de este siglo, no la vamos a entender. Por eso cuando te metés en una novela histórica tenés que olvidarte de la lupa del presente y animarte a conocer otros componentes sociales, sobre todo en las cuestiones del amor y la pasión y de los vínculos entre hombres y mujeres. Lo emocionante es poder entender el amor.

¿Qué creen que nos pasa como lectores que buscamos volver a la historia desde el punto de vista del amor?

Cynthia: Yo creo que muchas veces meterte en un viaje en el tiempo implica dos cosas: una es abstraerte de una realidad que a veces es muy dura; y otra, tejer ilusiones e identificarte con determinados personajes que tienen que ver con vos y con las cosas que te gustaría alcanzar. Entonces me parece que lo interesante de la novela histórica es que te atrapa por lo ideal o por su capacidad de abstraerte de lo cotidiano. Y creo que cuando se juegan estas cosas, la potencia emocional con la que leés es mucho más fuerte y más interesante.

Florencia: Yo creo que siempre estamos buscando el origen, nuestra identidad está marcada por quiénes son nuestros padres. Ir hacia atrás es tratar de ver de dónde venimos, por qué somos lo que somos hoy, por este ADN que circulaba en otros siglos, tratar de encontrar respuestas… nosotros, nuestros Padres con P mayúscula, el padre de la patria, semánticamente vienen con una carga importante. Querer encontrar las pistas que nos va dejando la historia, el paso del tiempo, para ver si podemos calmar un poco la angustia. No se va a calmar nunca, les advierto, muchachos y muchachas, no se calma nunca. Pero el goce está en esa búsqueda.

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