La exitosa autora marplatense Gabriela Exilart acaba de publicar su quinta novela, Con el Corazón al Sur, editada por Plaza y Janés, y que presentará este viernes 10 a las 19 en el Espacio Cultural El Balcón, ubicado en 3 de Febrero 2538, de la mano de Revista Leemos.

Será una propuesta diferente, que invita a sorprender a los sentidos, donde además las y los presentes podrán participar con preguntas en esta charla que estará coordinada por la periodista Paola Galano.

La autora abordará detalles del proceso de escritura de la historia fatídica que persigue a Naiquen y la dolorosa realidad que debe enfrentar Libertad, dos mujeres que tienen que huir del país para sobrevivir, y que son las protagonistas de la novela que se sitúa en 1978.

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Nos encontramos en la biblioteca para hablar de mil cosas. La entrevista la toma por sorpresa: “no venía preparada” me dice mientras me ve buscar la aplicación para grabar, pero se acomoda en la silla y responde sin dudar.

La pregunta obligada: ¿Por qué elegiste esta parte de nuestra historia para ambientar la novela?

En realidad este momento histórico siempre lo quise escribir, tengo otras novelas escritas en esta época, tengo policiales románticos que no he publicado. Es una época que a mí me intriga, me gusta investigar, tengo mucho material guardado, me gusta leer sobre el tema, me gusta leer novelas de la época. Pero además, es parte de mi infancia, porque en el ´78 fue el mundial y yo lo tengo muy presente, me acuerdo de cortar los papelitos, salir a la calle… ese tiempo de infancia que viví ajena a todo lo que pasaba. Para mí es algo muy fuerte.

Gabriela se declara reticente a las “segundas partes”, pero explica que cuando terminó de escribir su novela Pinceladas de Azabache, le quedó resonando la idea de retomar personajes de esa historia: “tenía un bebé y una chica de 14 o 15 años… supe que algo iba a pasar con esos personajes”. En el silencio de la biblioteca la voz suave de la autora explica que se demoró bastante porque, según dice, “no me surgía nada”, pero de repente le pareció una buena idea trasladarlos a 1978. “Naiquen ya es una mujer de cuarenta, con su historia hecha, con hijos… quise que ella fuera la protagonista en ese contexto. Y después se empezaron a cruzar otras cuestiones como el exilio, tenía ganas de escribir algo que no fuera en Argentina exclusivamente y como yo amo Francia, París… me encanta, dije ´los voy a llevar a París, ya que yo no puedo ir, por ahora´”, dice y se ríe.

¿Cómo te las arreglaste para trabajar una idiosincrasia como la francesa, a la distancia?

Eso fue un acto de arrojo (más risas). Pero como la mayoría de mis personajes son argentinos, la idiosincrasia se la llevan puesta, les llevé el mate, las costumbres… En cuanto a los franceses, es escribir medio a ciegas.

Tenía que elegir, porque el exilio se presentaba muy fuerte, como una puerta muy transitada en nuestra historia, no solo en esta época sino en todas. Y Francia siempre fue uno de los destinos privilegiados, así que me los llevé para allá con todos los desafíos que eso implicaba, por ejemplo, la barrera del lenguaje, el primero de los escollos que deben sortear.

Naiquen y Libertad son quienes deben escapar, cada una por una razón diferente. Hay una persecución ideológica, pero además hay una venganza que viene de Pinceladas de Azabache. “Había que irse”, afirma Gabriela con la mirada fija en los estantes de libros y la cara apoyada en la palma de la mano. Como si hablara de recuerdos más que de ficciones.

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Las novelas de Gabriela Exilart se caracterizan por estar basadas en una investigación donde los detalles del contexto no se escapan. En este caso, y al estar ambientada en una etapa tan fatídica de la historia argentina, la autora me cuenta que debió recurrir a numerosas fuentes, no sólo documentales.

Al tratarse de un momento de la historia que tiene esa situación paradójica de que es muy comentada, muy debatida y abordada, incluso desde la ficción, y a la vez algunos aspectos eran casi tabú hasta hace un tiempo… ¿cómo elegiste en qué apoyarte y en qué no?

Yo siempre trato de no quedarme con una sola campana, tengo libros donde hay documentos oficiales, entrevistas a personas que vivieron en el exilio… varias fuentes. Porque si uno lee un solo diario siempre va a tener una visión parcial, entonces yo trato… pero, la verdad absoluta ¿quién la tiene? Es un tema muy delicado.

Y eso que en Por la sangre derramada también tenías un contexto de mucha violencia…

Sí, pero no nos toca tan de cerca, porque hablaba de 1924, no somos esa generación, o hay poca gente viva de esa generación. En este caso, la herida está abierta todavía. O, digamos, que la cicatriz está sensible. Es más complicado, aunque yo al escribirlo no lo pensé. No pensé en las repercusiones… ahora estoy pensando en cómo caerán ciertas cosas que se dicen en el libro, qué se interpretará, dará lugar a controversias…

Yo escribí una novela de ficción en un contexto, traté de darle la mayor objetividad posible. Desgraciadamente los hechos ocurrieron, es así. Por ejemplo, no pude no mencionar que hubo robo de bebés. Eso en la novela está… y todavía siguen apareciendo nietos, felizmente.

En tus novelas hay malos, pero en este caso este es el más malo de todos…

-Sí, siempre hay malos en mis novelas, pero nunca es un sólo malo, uno específico. Acá hay uno que viene de la venganza de Pinceladas de Azabache. Tampoco fue planeado, pero salió así.

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En otra mesa de la biblioteca hay unas chicas estudiando, que de vez en cuando dejan en suspenso los cuadernos y los lápices y se quedan escuchando a la autora que está sentada de espaldas a ellas. Cuchichean, se pasan útiles, y vuelven a los cuadernos. Pero otra vez desvían su atención. Gabriela es ajena a la situación, sigue enfrascada respondiendo preguntas para una entrevista que la agarró por sorpresa.

¿Qué recorrido avizoras para Con el corazón al sur?

Ojalá que guste, que llegue, no quiero generar polémica, creo que cada cual tiene su postura, y sé que no se la voy a cambiar a nadie… pero mi postura tampoco está enteramente ahí. Espero que llegue lejos, le auguro un buen futuro. Es distinta, tiene un escenario diferente, está escrita en un tono más coloquial, toca temas actuales también, como la discapacidad, la belleza… tiene muchas aristas.

Y un atisbo sobre la violencia contra la mujer…

-Pero sabés que yo no quiero escribir sobre eso. Y ahí está. Será que lo vivimos a diario, se cuela… yo no quiero, pero no se puede evitar. Estamos atravesados.

Cuando terminamos la charla y detengo la grabación, una de las chicas que cuchicheaba detrás de nuestra conversación se acerca con los cachetes enrojecidos, pero decidida. Tiene poco más de 12 años y es una visitante frecuente de la biblioteca. “¿Te puedo hacer una entrevista?”, le dice casi en un susurro a la autora. La reacción de Gabriela es ya de asombro… Pero también acepta, se acomoda en la silla y escucha la primera pregunta.

@trianakossmann

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