Gabriela Exilart es la escritora marplatense de mayor trascendencia en la escena nacional de los últimos años, tanto por el volumen de novelas publicadas como por el acogimiento de esas historias por parte de las y los lectores. Con siete libros y varias participaciones en antologías de cuentos, su trayectoria se revela por el lado de la narrativa romántica.

En los estantes de las librerías, cada nuevo título que aparece con su nombre se ubica rápidamente entre los más vendidos y, de hecho, en la Feria del Libro que tuvo lugar el mes pasado en Mar del Plata, su última novela, En la arena de Gijón, editada por Plaza y Janés, compartió el podio con lo nuevo de Eduardo Sacheri.

Esta vez, el escenario que recrea es la España convulsionada por el alzamiento fascista en contra de la república y los intentos de defensa de las diversas facciones de izquierda. Pero además, se entrelazan dos historias que se desarrollan en momentos diferentes: la de Purita y Aitor y la de Marciana y los hermanos Marco y Bruno.

En diálogo con Revista Leemos, la autora destacó que, tras varias novelas publicadas, las escenas de amor y de sexo son las que más desafíos le plantean a la hora de narrar, porquees difícil no repetirse, ser original, plantear algo distinto a lo ya hecho. Por eso quizás mis novelas no tienen una gran carga erótica y se centran más bien en la psiquis del personaje, dejando mayor libertad al lector para que pueda imaginar su propia escena”.

-Hay varias novelas que tienen como telón de fondo la Guerra Civil Española. ¿Cuál te parece que es la singularidad de En la arena de Gijón?

-Lo que quise plantear fue más que nada esa lucha interior que vive cada uno de los personajes en referencia a la lealtad: lealtad en el sentido más amplio, porque atraviesa primero la amistad, el amor fraterno, el amor de pareja y también las ideologías; ese contrapunto lo podemos ver en el caso del personaje de Blanca y sus hermanos, que están enfrentados  por sus fanatismos políticos. Quise mostrar eso en primer término. Y luego quise remarcar el protagonismo de la mujer en el frente de batalla, empuñando las armas. Una de las mujeres dice en un momento que ella no fue a la guerra para morir con un trapo de cocina en la mano, y eso me pareció muy significativo.

-Creo que En la arena de Gijón desarrolla, no solamente el personaje de Purita que ya había tenido parte en Tormentas del Pasado, sino también mucho de lo que ya conocías de las corrientes ideológicas que tuvieron protagonismo en la “Patagonia Rebelde” y que abordás en tu libro Por la sangre derramada. ¿Te parece que lograste una especie de confluencia entre diferentes aspectos de la narración?

-La investigación de esta novela me llevó por diferentes temas, y sí, tuve muy presentes las luchas sindicales y el movimiento anarquista de cuando investigué para escribir Por la sangre derramada. A veces, cuando analizamos ciertos temas a nivel local, desvinculados del entorno mundial, no nos damos cuenta de que lo que nos pasa acá viene de otro lado. Reconozco que no sé mucho de historia y  me resultó muy interesante poder apreciar el fenómeno sindical y los reclamos de los obreros atravesando el tiempo y el espacio, como una ola expansiva que bajó de Europa a nuestro sur. Incluso el cruce de personajes de nuestra historia, como Mika Etchebehere, que desde sus luchas en la Patagonia argentina terminó siendo capitana en la guerra civil española.

Siento que escribir novela con ambientación histórica me aportó muchísimo a nivel informativo, pudiendo apreciar el contexto general de una determinada época.

-En el caso de la dictadura argentina, nuestros genocidas fueron juzgados y mucho de lo que en ese momento no se contaba pudo salir a la luz y ser reconstruido por el trabajo de la memoria colectiva y los organismos de Derechos Humanos que estuvieron comprometidos en dar a conocer la verdad muy tempranamente. Pero en el caso de España, no solamente no fue así sino que aún muchos años después todavía al pueblo español le cuesta reconocer el terror y sigue sosteniendo simbología asociada a la dictadura que reivindica la figura de Franco. De acuerdo a tu investigación, los datos que pudiste recolectar y la manera en que se dieron los hechos, ¿por qué pensás que les ha costado tanto tener una mirada más crítica sobre los años oscuros de la dictadura?

-Supongo que tantos años de dictadura, porque tengamos en cuenta que fueron casi 40, operaron de una manera tremenda en el sentir general; hay una fuerte presencia sociológica del franquismo en la sociedad española. Hace poco se exhumaron los restos de Franco del Valle de los Caídos, hecho polémico y repudiado por los sectores de extrema derecha. Pero en el Valle de los Caídos no sólo estaba sepultado Franco, sino también Primo de Rivera, el fundador del partido de la Falange. Además de ellos, se calcula que contiene los restos de 34.000 combatientes de la guerra civil, algunos identificados, pertenecientes al bando sublevado, pero hay alrededor de 10.000 cuerpos que fueron arrojados a fosas comunes, sin identificar. España aún tiene más de 100.000 personas desaparecidas en la guerra civil, y pasaron alrededor de 80 años. Es decir que hay todavía una memoria histórica que no ha sido reivindicada.  Pese a lo que se dice, la transición a la democracia todavía no es plena, el régimen aún no ha sido superado del todo. Quizás España necesite profundizar en el pasado, revisarlo y mostrarlo al mundo con solvencia. Creo que el franquismo todavía está presente en algunas instituciones y también tiene algún que otro representante político. En España todavía hay calles y monumentos que homenajean a los fascistas, aunque paulatinamente se vayan cambiando los nombres.

-Varios capítulos de esta novela comienzan con una estrofa de canciones de la época, de las diferentes facciones que se enfrentaron en ese conflicto sangriento y muchas de ellas forman parte del imaginario popular. ¿Por qué decidiste incorporarlas?

-Me pareció interesante plasmar en la novela el folclore de la época, las distintas canciones que cantaban los miembros de los bandos enfrentados, porque sus letras también nos cuentan qué pasaba y qué pensaban.

-En En la arena de Gijón elegiste utilizar el apellido Exilart para la familia protagonista, e incluso el nombre de tu abuela, Marciana Exilart. ¿Quién era ella? ¿Qué cosas te transmitió en su vida y porqué quisiste tenerla presente en este libro?

-Mi abuela, Marciana Exilart, era una mujer simple, que vivió una vida común, familiar, rodeada de hijos y nietos, puertas adentro, como toda mujer de su época. Ella no tiene nada que ver con la parte española de mi familia, que viene de mi otra abuela, la materna. Quise rendirle un homenaje, y por eso también elegí su apellido como seudónimo. Compartí mi infancia y adolescencia a su lado, vivíamos en casas comunicadas, y ella partió antes de verme convertida en abogada y luego escritora. La quise mucho, me hubiera gustado que conociera a mis hijos; este es mi homenaje para ella.

Donde todos los amores confluyen

La narrativa romántica con ambientación histórica es uno de los pocos segmentos de la industria editorial que ha logrado sostener un ritmo de publicaciones y que sobrelleva –con dificultades, por supuesto- la crisis económica que vive la producción en general en nuestro país y el sector editorial en particular.

Esta supervivencia se da, entre otros aspectos, por la marcada sinergia que han logrado las autoras referentes del género en Argentina con los grupos de lectores, e inclusive entre ellas, al punto que se reúnen constantemente en diferentes eventos, organizan encuentros y motorizan con sus producciones literarias una gran diversidad de publicaciones y contenidos que las encuentran unidas.

Un ejemplo de ello es también la nueva antología de cuentos románticos, titulada Ay, Pasión, también editada por  Plaza y Janés, y de la que participan 13 autoras. Entre ellas se cuentan la histórica referente del género Cristina Bajo, la best seller Florencia Bonelli y autoras firmemente posicionadas como Gloria V. Casañas y Gabriela Exilart, entre muchas otras.

Al respecto, Gabriela considera que “una antología de cuentos es una buena herramienta para poder llegar a lectores que quizás no tienen el tiempo o la concentración necesaria para leer una novela. Es una puerta que se abre a un nuevo público lector”.

Compartir un libro como Ay, pasión, con autoras de la talla de todas las que participan en la antología me llena de felicidad. Soy amiga de muchas de ellas y compartimos este lanzamiento con infinita alegría y expectativa”, concluye.

@trianakossmann

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