Es escritora, pero además trabaja difundiendo el trabajo de otros escritores. Y en sus ratos libres organiza un ciclo para acercar los escritores a los lectores. Una fijación.

En una escapada de sus actividades vino a Mar del Plata y, como plan de fin de semana en la Feliz, organizó el ciclo Los Fantásticos con un grupo de autores locales. Es el mismo ciclo que realiza desde “mediados del 2011 en Buenos Aires, en la librería Mendel, pero nunca lo había hecho en otra ciudad. Estaría buenísimo conseguir un sponsor y poder hacerlo más seguido, o una mini gira…”.

Evidentemente, su afán por contar también incluye contar lo que otros cuentan.

Militante de la microficción, publicó Flora y fauna, que salió originalmente en Perú y en nuestro país lo editó Textos Intrusos, pero además es la autora de la novela Mal Bicho, editada por Milena Caserola.

La intercepto unos minutos antes de la apertura del ciclo Los Fantásticos en un bar de Hipólito Yrigoyen: llego prácticamente corriendo, digo un millón de palabras por minuto y, después de aprovechar un pequeño oasis en la vorágine que yo misma generé con mi apuro, la saco a la tarde gris de Mar del Plata para que me conteste algunas preguntas. Adentro quedaron como diez escritores más intercambiando comentarios sobre sus respectivos libros, además de un grupo de lectores, familiares, aficionados y afines, que se ubican de a poco en las mesas cercanas.

Empezaste escribiendo microficción… ¿Qué es lo que te atrae de las formas breves?

-“Es un desafío si lo tomás como tal. Yo empecé escribiendo microficciones porque me salía eso. No es que forzaba la microficción, se me ocurrían historias que tenían que ser así: si las alargaba sentía que no era lo correcto. Las historias de microficción se diferencian de las más largas porque suelen ser narraciones de una escena en particular, o un momento, un diálogo, algo chiquito que pasa. No requiere de muchos personajes o varias situaciones. Es más como un aquí y ahora o una descripción puntual de algo, un recuerdo, algo que se oye o que se ve, entones requiere de otras cosas”.

-Empieza y termina ahí, pero como toda literatura, también dispara. Es un haz por donde se cruzan un montón de otras cosas…

-“¿Como un estímulo? ¿Para decir otras cosas?”

-O para pensar otras cosas…

– “Si, funciona mucho para las personas que no leen y que no escriben, porque parece fácil y como lo ven cortito piensan que se lee fácil y que se tarda poco en leer. Pero no es tan fácil como parece, tenes que saber cómo ser breve y que tenga sentido y que cierre lo que estás diciendo. Y no todos los escritores pueden hacer eso”.

-Si no, te quedas en una mera enunciación…

-“No te queda nada… Un aforismo, ponele. Hay gente que me dice ‘¿es como la poesía?’. No, es micro-ficción. Ficción en micro. Empieza y termina acá. No es otra cosa. No es como nada. Es esto”.

-Tu recorrido va también por el cuento y la novela… ¿Cómo es pasar de formas tan breves a otras más extensas?

-“Yo había empezado a escribir otras novelas que nunca terminé y lo que me pasó con esta es que me bajó la idea como novela. No como me había pasado con otras que quedaron truncas. Yo me siento como una medium, las historias me bajan de algún lado y yo soy la médium entre eso y lo que queda después. Pero digamos que la idea me bajó completa y me faltaba rellenarla. Sabía la historia y cómo terminaba. Me faltaba todo lo demás. Y me di cuenta, cuando tuve la idea, de que era para novela”.

Manso habla como si la literatura fuera algo que le sobreviene y no algo que ella misma hace, practica, ejercita. Como si la literatura le fuera inevitable: “Podría contarlo en un cuento pero era lo mismo que al revés. Por qué lo voy a hacer en un cuento si esto es una novela. Sería una estafa de ese modo. Es breve, pero es novela. Me pasa así. Y más que nada con el microrrelato, porque suelen ser perlitas que se me ocurren”.

-¿No sentís que no te permite darle otra dimensión a los personajes?

-“Es que el personaje de microficción tal vez no requiere otra dimensión. No tenemos que conocerlo. No lo necesitamos, porque lo que necesitamos narrar de este personaje es lo que pasa en ese instante, en estos 10 renglones. No necesitamos saber la psicología, qué le pasa, por qué le pasa…”

-Pero para escribir esos 10 renglones vos sí pensas todo eso…

-“A veces, sí. A veces tengo el personaje completo en mi mente y cuento una parte nomás. Se levanta de la siesta y pasa tal cosa. Todo lo demás, no. Cuento únicamente lo que quiero contar”.

-En este caso, cada palabra cuenta al máximo. ¿Te lleva muchas relecturas, correcciones, tachones?

-“A veces, sí. A veces la microficción sale de un tirón y queda así en 5 minutos. A veces no. La escribís, la leés al día siguiente. Hay algo que no te cierra y no te das cuenta de qué es hasta que de pronto si, y  que es determinada palabra que no va. Que tiene que ser otra cosa. Y lo vas corrigiendo. Y capaz que estás 10 días con un texto de 5 renglones. Imagino que la poesía será similar.  Y en la novela, conozco escritores que escriben una novela de 100 páginas y te dicen ‘fueron 3 días que no paré’ ¿Cómo 3 días? ‘si, no hice otra cosa que escribir la novela’. Y es una novela”.

-¿Te parece que hay como un resurgimiento de la narrativa breve?

-“Sí, hay un resurgimiento y también es porque se cree que es fácil. Hay gente que empieza por el microrrelato. Y dentro de esa gente, hay gente que sabe y gente que no sabe. Como en todo: hay gente que no sabe escribir y escribe novelas”.

Adentro del bar se escuchan los aplausos tras la presentación del ciclo que se viene. Manso me cuenta que estudió periodismo porque pensaba que le daba una excusa para escribir, pero pronto se dio cuenta de que en realidad le quitaba tiempo de escritura. Y me cuenta que organiza estos ciclos de encuentro entre escritores y lectores porque piensa que son un modo de bajar al escritor del pedestal en el que lo pone la gente que no está acostumbrada a leer. Pero “es un tipo o una mina que escribe. Es maravilloso que pueda escribir porque nos encanta leer y lo admiramos, pero después de compartir su relato el tipo se va a tomar una cerveza”.

Me da la sensación de que su interés por remarcar el lado humano y corriente de los escritores que tiene Gilda Manso no se condice del todo con su descripción acerca de cómo le llegan las ideas para escribir. Pero no me detengo mucho tiempo a pensarlo, porque inmediatamente puedo recrear en mi mente la imagen de esta médium, con una mano ocupada en un vaso de cerveza y la otra sobre el teclado.

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