Tengo que confesar que estuve todo el día esperando que llueva porque pensé que, con este día tan lindo, iban a estar todos en la playa”, dice la Dra. Graciela Moreschi mientras se sienta a una mesa de la Casa de té de Villa Victoria, donde va a dar una charla en unos minutos.

Vino a Mar del Plata para presentar su nuevo libro, ¿Por qué estoy contigo?, en el marco del Ciclo de Escritores en el Parque que durante los sábados de enero se realiza al aire libre en la casona de Matheu. Pero esta vez no será al aire libre porque, al parecer, las esperanzas de esta médica psiquiatra y escritora pueden hacerse realidad de un momento a otro. De cualquier manera, la sala preparada para la ocasión está completa. Desde las ventanas abiertas de la Villa, vemos que hay gente hasta en las galerías, esperando la charla.

Graciela Moreschi se graduó de la Universidad de Buenos Aires y se formó como terapeuta sistémica, incursionando en diferentes técnicas dramáticas y gestálticas.

Es autora de otros libros, tales como Mujeres sin pareja; Qué, Cómo y Cuando hablar con los más jóvenes  y Lo que le faltó Aprender a Adán y Eva. Y está en la ciudad para contarle a toda esa gente que se amontona en la sala de Villa Victoria –y en las galerías- sobre esta nueva publicación que busca dar respuesta al interrogante más habitual en los consultorios cuando se habla de pareja: “¿Por qué alguien que comenzó siendo un regalo del destino de pronto se convierte en aquel que interfiere en tus planes y te hace la vida más difícil?”.

-Hace un tiempo que se viene dando una gran proliferación de literatura sobre vínculos o autoayuda ¿A qué cree que se deba este gran surgimiento del género?

Pienso que cada vez se complican más los vínculos entre las personas. Antes había un modelo dentro de las generaciones anteriores que uno ya había visto, que es como vivieron nuestros abuelos y nuestros padres. Pero hoy no hay modelos, porque la sociedad cambió tanto que no hay un referente. Cambiaron los códigos, los valores y la modernidad también infiere. Por ejemplo, con el acceso a la tecnología cambiaron los vínculos absolutamente, entonces uno empieza a buscar y a plantearse cosas porque se quedó sin referentes. Eso hace que haya cada vez más intentos de explicar lo que nos pasa.

-Hay tantos factores que inciden en la forma en la que nos relacionamos, por ejemplo, esto de la tecnología que comenta que es cultural, pero también la situación política y económica…

Lo económico influye muchísimo. Y eso también cambió mucho: antes había una regla donde el hombre decidía las grandes inversiones y la mujer manejaba la caja chica. Actualmente, ya no es así y ahora se da que puede ser la mujer la que gana más o el hombre, indistintamente. Pero también… la crisis, los despidos, la falta de estabilidad. Vos antes tenías un trabajo para toda la vida. La situación de incertidumbre permanente que se vive hoy hace que cambien constantemente las reglas del juego.

¿Cómo repercuten las nuevas tecnologías y, especialmente, las redes sociales en los vínculos de pareja?

Yo diría que lo primero que se replantea es la infidelidad. Antes tenías que salir con alguien para ser infiel. Es decir, que si tu pareja estaba en tu casa, entonces no te estaba siendo infiel. Pero con las redes sociales puede estar en tu casa, sentado al lado tuyo y estar chateando con otra persona. Ya no hace falta que tiempo y espacio coincidan y la sensación de inseguridad es enorme, esto hace que hayan aumentado también las patologías de control. Requiere hacer un voto de confianza, pero sino podes hacer esto, aumenta el control y aumenta la violencia. Siempre que hay control termina siendo un acto violento. Y además, influyó en la sexualidad: el deseo disminuyó muchísimo. Porque es una ventana inmensa a la pornografía. Y ahora estamos ante una multiplicidad de ofertas de fantasías que no se te hubiesen ocurrido de otra manera. Recibo muchas consultas de personas que me dicen que se acabó el deseo, pero nos damos cuenta de que, en realidad, el deseo está enfocado en otro lado.

Los libros de abordajes psicológicos, autoayuda, análisis de vínculos o como quieran llamarse –en todos los casos se trata de una búsqueda para entender lo que nos pasa y qué hacer para vivir con ello- parecen reproducirse de noche en las mesas de las librerías. Hasta esta charla, siempre me había preguntado si realmente hay tanto para decir sobre estos temas. En poco más de media hora con Graciela Moreschi me doy cuenta de que si: Es imposible pararla. Habla de la pareja, de la familia, del respeto, de la confianza. Recorre diferentes puntos sobre cosas que son tan cotidianas que realmente no me podrían parecer nunca un objeto de estudio. Y llegamos al punto del diálogo.

-En este último año, llama mucho la atención la gente que se pelea con amigos, conocidos y desconocidos en las redes sociales por diferencias en el posicionamiento político-partidario. Pero, por ejemplo, desde hace un tiempo tengo en mi muro los “dos bandos” bien definidos. Ya no proponen argumentos, ni debates… comentamos y megusteamos al interior de cada lado, ya casi no nos mezclamos…

Yo creo que esto pasa hace muchísimo, en realidad. Y es que no nos escuchamos y que a nadie le importa lo que piensa el otro y lo que quiere es convencerlo de lo que yo pienso. Cuando alguien dice ´dialoguemos´ a mí ya me suena mal: ¿Queres dialogar o queres convencer al otro de que tenés razón? Esto se ve en política y se puso de manifiesto porque había algo concreto: yo no escucho por que vos te inclinás por este partido, entonces, doy por sentado que estás equivocado y te quiero explicar mi posición, que es la que está bien. Es un mal de la época. Pero en cuanto a la política, pasa que en las familias mismas se dejaron de ver: ´no quiero ir porque opinan distinto´. Hay una cuestión de no crecimiento total.

-En relación a esto de la falta de diálogo genuino también debe tener una correlación con el nivel de violencia social ¿no?

Es circular: hay violencia social porque pasa esto y pasa esto porque hay una violencia social donde yo veo al otro como alguien que me quiere controlar, invadir, cambiar. Entonces, voy a la defensiva. En eso nos enfocamos cuando hablamos de hacer un diálogo asertivo. Proponemos comenzar con decir lo que yo siento, porque sino se cierra.

Hay un incremento absoluto de la violencia porque todo el mundo no escucha y vive al otro como un enemigo; se defiende todo el tiempo del otro y en, realidad, no lo quiere conocer. Yo creo que la situación política puso de manifiesto esto porque si uno escucha las cosas que pasan cada uno va a interpretar desde su lugar sin oír al otro.

-En un momento se dijo que Argentina era el país donde la gente más se psicoanalizaba ¿sigue siendo así? ¿Y por qué crees que se da?

Si. Y pienso que esto fue algo que también nos perjudicó bastante, tiene que ver con la característica que tenemos de que todo lo pasamos por la cabeza: hablamos y buscamos. Por ejemplo, hay una frase que a mi siempre me impactó que es, cuando vos planteas algo y la respuesta que obtenés es ´no, no es más profundo que eso´. Entonces, sos muy ingenuo, hay un nivel más profundo y lo cierto es que nunca se llega a ese nivel… lo que hace es que sigas hablando y discutiendo y nunca llegás a nada.

Hoy en día las terapias son más concretas. Yo empecé en la época del psicoanálisis: en los años setenta no había otra cosa. Después, en los ochenta, empezaba la escuela sistémica y bueno, ya a esa altura, uno va como mezclando y viendo qué cosas toma de cada una.

Pero lo cierto es que esto de ir a lo profundo es una interpretación muy de lo psicoanalítico. No encanta eso de ir más allá con lo cual tiene esa cosa de que yo siempre sé un poquito más porque vos te quedaste ahí.  Y esto nos evita la cosa concreta, hay siempre una actitud desconfiada y la verdad que la vida se desarrolla en el mundo de lo concreto. Está lo simbólico, pero las resoluciones y las cuestiones hay que tomarlas en el aquí y ahora. Entonces, somos todos inteligentes y supercreativos pero hacemos agua en lo concreto. Y así llegamos a conclusiones re absurdas.

-Es bastante desalentador… pero debe haber un camino ¿Cómo hacemos para recuperar el diálogo verdadero?

Tenemos que poder sentir que el otro no va a cambiar. Que, si me siento a hablar con alguien, ese otro me va a explicar por qué es así y me va a dar la posibilidad de que yo vea la parte que no puedo ver. Es una propuesta para mirar desde otro punto de vista. ¿Desde dónde mira? ¿En qué se basa? ¿Cuáles son sus prioridades que tienen que ver con su interés auténtico? Porque, si yo parto de la idea de que el otro no cambia, es así y, en todo caso, me va a mostrar qué me pasa a mí con eso: no para convencerme, sino para ver mis puntos ciegos. Creo que desde ahí uno realmente retoma el diálogo.

Se hace la hora de la charla. La gente en las galerías mira de reojo el cielo y los relámpagos que se alternan con las primeras gotas (aunque diez minutos después no van a ser lluvia, ni mucho menos). Pero se queda a escuchar desde las ventanas de la Villa Victoria. Moreschi empieza diciendo “recién me preguntaba una periodista…”. Pienso en los libros de las mesas de las librerías. Fue un diálogo.

 

@trianakossmann

Colaboración: Florencia Gilardi

 

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