El autor de Más respeto que soy tu madre y editor de la Revista Orsai llegó a Mar del Plata para presentar Una Obra en Construcción. Acá, una charla imposible con Revista Leemos.

Hay un tipo que escribe hace muchos años, publicó algunos libros, edita una revista y trabajó como columnista en medios de Argentina y de España. Tiene lectores en todo el mundo, pero vino a Mar del Plata el último fin de semana a presentar una obra de teatro que, en realidad, es un recital de cuentos casi actuado con toda su familia. Una Obra en Construcción es la forma que Hernán Casciari encontró para reinterpretar una y otra vez los recuerdos de su infancia con su madre, sus amigos, sus primos talentosos y, en esa oportunidad, también con su propia hija.

Lo entrevisto unas horas antes de que suba a escena en el Centro Cultural y Comercial de Sarmiento y Alberti. Estuve esperándolo más de una hora porque él se retrasó en entrevistas con otros medios de la ciudad. Los tiempos apremian y, encima, Casciari ya está podrido de preguntas. Todo hace suponer que esta va a ser una casi entrevista o, siguiendo la lógica de su obra, una entrevista en construcción. Pero no.

-Como escritor, ¿considerás que tenés varias facetas?

Yo escribo un cuento en un blog, desde hace bocha de tiempo. Yo no escribo libros. Lo que hago es: agarro los cuentos que se parecen entre sí y eso lo hago un libro. No más que eso. Y cuando decís que soy multifacético es porque yo lo que hago es diseñar el libro, busco el dibujante, le digo como quiero que sea la tapa; busco al corrector, le digo como quiero que me lo corrija… voy a la imprenta. Esas son las muchas facetas.

-O seas sos tu editor, tu agente, todo.

Si, eso es lo multifacético que tengo, después escribir es escribir.

-¿Escribir es escribir?

Si, claro. Me siento y escribo. 27 letras. Componerlo de una manera que haya una cadena de caracteres que funcionen como historia. No hay muchas cosas que se puedan hacer con escribir.

–  ¿Y qué seguís escribiendo?

Yo, por ahora, no escribo. Estoy haciendo una obra de teatro con las cosas que escribí. Es decir, soy el productor de mí mismo cuando tenía 34 años y escribía cuentos, le pedí a ese de 34 que a los 40 los adaptara, y a los 45 soy el productor de la obra. Son diferentes versiones de mí, en diferentes facetas de la misma cuestión que es contarle a otros esa historia. Ahora no me está interesando tanto escribir, como interés puntual.

-¿Te interesa explorar otros formatos como, en este caso, la dramaturgia?

Es lo mismo… ¿cómo empieza la obra? -le pregunta a su novia que está sentada en el sillón de al lado, justo en frente mío- ¿lo de la madre extrovertida? O ¡la tarántula!… –vuelve a dirigirse a mí, que lo miro un poco sorprendida porque… ¿no sabe cómo empieza su propia obra de teatro?-. Hay un cuento que se llama La Tarántula, que lo escribí hace 9 años y en un momento me di cuenta de que tenía cierta oralidad que hacía que funcionara bien. Lo leí en la radio. Y empecé a hacer la voz de mi vieja porque, fíjate, el texto dice ‘raya de diálogo, dice Chichita’, era una letra, después en la radio había que hacerlo a eso. Y después le dije a mi vieja “hacé esto”.

La dramaturgia es, en realidad, darse cuenta de que un mismo texto tiene otras posibilidades, otro formato, otra forma de ser y existir en el imaginario del otro, entonces es eso. Tampoco siento que sea un trabajo, sino que es seguir currando con el mismo cuento desde hace 9 años. Nadie se da cuenta. O si, capaz que algunos se dan cuenta.

-Si, algunos lo notan y te dicen ‘deja de chorear’ en tu blog… tus lectores son bastante lapidarios en algún sentido. Además, te marcan cosas como ‘va punto después de canción’. ¿No te da ganas de decirle “lee y déjate de joder”?

-Pasa que eso se los pido yo.

-¡Contame!

-En vez de contratar una correctora…

(me río) Es un curro total…

Claro, es un fraude! En vez de contratar a una correctora yo lo que hago es: subo todo sin corregir y les permito a ellos que me corrijan. Una vez que ellos me corrigen todo, lo compongo en libro y se los vendo. Y ellos lo compran…

-¿Das clases de esto?

También. En el 2014, cuando terminó el mundial me puse re triste porque perdió Argentina y se me ocurrió que tenía que viajar un poco. Entonces, con Chiri, que es mi mejor amigo, inventamos un fraude cultural que se llama Taller de anécdotas mejoradas. Entonces, nos queríamos ir diez días a Medellín, a pasear. Les pedimos a los lectores de Medellín que nos mandaran una anécdota de 500 palabras y 100 dólares. Hacé cuentas: a 30 lectores son 3 mil dólares. Nosotros íbamos y le mejorábamos la anécdota. Comimos, viajamos, conocimos Medellín. Es cierto que les mejoramos un poquito las anécdotas… y después nos volvimos.

-¿Y qué es la literatura sino un montón de anécdotas mejoradas?

-… un fraude cultural.

-¿La literatura es un fraude?

-Obviamente. No hace falta…

-¿No? ¿No le ves un rol social a la literatura?

-¿Se puede vivir sin eso? Sí. ¿Se puede vivir sin futbol? Sí…

-Sí, hay mucha gente que puede vivir sin leer un libro en toda su vida… pero a nivel social… ¿no le encontrás un rol, una funcionalidad?

-¿La literatura?… si no hay más.

-¿Cómo que no hay más?

-Tipos serios que escriben libros…

-No hace falta ser serio… hace falta escribir.

-Si, bueno, pero ¿es literatura puntualmente eso? ¿o es contar anécdotas, comunicarse con otros? Es eso lo que hace falta… gente en una sobremesa contando cosas… pero ¿literatura? la góndola de la literatura esta allá atrás…

-Pero vos ¿a que te réferis con literatura? ¿Borges y Cervantes?

-¡Nooo!… literatura más de ahora, incluso…No tiene que estar muerto. Alan Pauls…

-Juan Forn…

-Juan Forn sí hace literatura, pero ¿es necesario?

-Son nuevas formas de construir sentido sobre la realidad en la que estamos inmersos, ponerle nombre a lo que nos pasa… ¿o no?

-Bueno, sí. Yo preguntaba si es necesaria. No qué era.

-Es que, por eso, sí.

-Para mí no.

-¿Entonces porque escribís?

-Porque me divierto un montón.

-¿¡Ves que es necesario?!

No termino de decidirme si me toma el pelo o soy yo la que se cansa de intentar encontrarle sentido a la conversación. ¿Estábamos hablando de si la literatura existe o tratando de determinar si sirve para algo? Me distraigo por un momento y veo a su novia, la chica sentada enfrente mío que nos mira de reojo de vez en cuando. Yo la miro azorada. Me pregunto si en la vida cotidiana alguien podrá tener una conversación en serio con este hombre.

-En los textos y en la obra ponés sobre el tapete tus vínculos familiares. ¿Probaste con terapia?

-No, no fui nunca al psicólogo todavía. Seguramente lo necesito, pero nunca me pareció demasiado serio a mí, particularmente, sentarme frente a otro y que me diga cosas. Yo sé que lo necesito, lo sé. Pero nunca me pareció serio. Le mentiría. No iría a hacer lo que hay que hacer. Le diría cosas que no son para confundirlo, me burlaría de él, trataría de ser más inteligente… y no… me aburro.

-Y ¿qué cosas te divierten?

-Ir al psicólogo a hacer eso me divertiría. La tele. Rial. Ves, otra cosa que no es necesaria pero que es popular. La otra vez fui a un programa de radio sobre fútbol. Y es lo mismo con los tipos que hablan de fútbol. ‘El 4-4-2, porque Miguel Angel Ruso dijo en mil novecientos setenta y pico…’ y hablan como si fuera importante. Pero también me pasa con Los 7 Locos cuando hablan de literatura. Me chupa un huevo. Todo lo que es demasiado efusivo lo miras un poco y te preguntás ¿a quién le importa? que Florencia de Gran Hermano esté haciendo una estrategia, que Miguel Angel Ruso haya dicho tal cosa o que Alan Pauls escriba El Pasado. Es lo mismo. ¿A quién le importa? Pero si lo miras bien, todos pensamos que hay algo que es más importante que la obsesión del otro. A vos los libros, buenísimo, pero es lo mismo que Gran Hermano. A nadie le importa, nada.

-¿A vos te importa alguna cosa en particular?

-No. Nada en particular. Nada con una enorme obsesión. El fútbol, sí. Los libros, si…

-¿Y qué leés?

-Lo último que leí fue La Uruguaya de Pedro Mairal.

-¿Te gustó?

-Me encantó. Fabián Casas me gusta mucho. Pero si no existieran sería lo mismo. Si no existiera Bielsa sería lo mismo. A eso voy.

-Sobre Bielsa, estoy de acuerdo. Pero no te quiero escuchar más. Ya me voy. Se nos terminaron los 10 minutos.

-No… pará. No te vayas. Decime… falta uno más, ¿no? –dice Casciari mirando al living en donde esperan más colegas para entrevistarlo.

-Si, falta Agustín.

-¿Y qué tengo que decirle a Agustín para que se vaya rápido?

Me tengo que reír. Intento una respuesta y me voy. Supongo que Agustín lo habrá aguantado un poco más.

La pregunta que me llevé esa tarde a mi casa fue ¿cómo es que Hernán Casciari, siendo así de insoportable pueda ser, a la vez, tan magnético?  La única respuesta que se me ocurrió en el momento es porque su lógica es irreversible: de verdad no le importa nada. De nada. Y eso, sin dudas, debe llamar la atención.

Pero esa misma noche fui a ver la obra. Lo vi en el escenario, vi a la gente sentada alrededor mío, algunos se agarraban la panza para reírse, de vez en cuando suspiraban. Otros le gritaban cosas o respondían en voz baja sus preguntas desopilantes.

Al final, cuando se despidió abrazado a su mamá Chichita, a su hija, sus primos talentosos y demás familiares, lo ovacionaron. Y ahí entendí. Entiendo todo: Estuve toda la tarde tratando de entrevistar a un escritor para una revista sobre literatura. Pero el tipo, en realidad, es un comediante.

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