Esta semana estará en las librerías su tercera novela, Lloran mientras mueren. En esta charla con Leemos, el periodista y escritor marplatense reflexiona sobre lo literario, y específicamente sobre lo policial, en lo social.

 

No está en Mar del Plata, Juan Carrá. Pero es una presencia siempre que se habla de literatura, en presentaciones de libros, en charlas con otros autores, en el ámbito periodístico.

De hecho, desde que empezamos a pensar y desarrollar esta revista, me encontré en diversas situaciones hablando con diferentes personas –de los dos lados del libro- y no puedo especificar la incontable cantidad de veces que en esas conversaciones hablamos de las novelas de Carrá, del tono de Carrá, de lo policial en Carrá, del periodismo en su eterno maridaje con la literatura y de Carrá como un exponente marplatense de ello.

Esta semana llegará a las librerías una nueva novela del autor de Criminis Causa y Lima, Un sábado más. Se trata de Lloran mientras mueren, otro ejemplo de lo policial en la literatura de este escritor de 38 años.

Apelando a las redes sociales –ese ineludible directorio de la humanidad- le escribo para preguntarle por este nuevo libro y, mientras espero que comience una charla a modo de entrevista pública con algunos de sus colegas en el café del Auditorium –donde también escucho que lo mencionan-, le mando un bloque de preguntas que me responde mucho más rápido de lo que esperaba.

Sos periodista y escritor… ¿Te parece posible disociar esas dos facetas? ¿Cómo conviven en tu vida cotidiana? ¿Se pisan? ¿Se pelean?

Es difícil disociarse, no solo entre periodista y escritor, sino en cualquier faceta de la vida. Uno escribe parado desde un lugar concreto: el escritor es periodista, padre, marido, amigo; ama, odia, percibe el mundo desde un lugar determinado. Y todo eso se ve reflejado en la obra que construye. La particularidad entre el periodismo y la ficción es que son dos expresiones de la escritura y que como tal —por lo menos en mi caso— se retroalimentan, se abonan y por momentos también se pelean. Sobre todo cuando comencé a escribir ficción. Con Criminis Causa y un poco también en Lloran mientras mueren (la escribí antes que Lima, un sábado más) el periodista se imponía sobre el escritor, el pulso narrativo se acerca más a la crónica, mientras que en Lima y en otra novela que aún está inédita hay un universo ficcional autónomo, más allá del realismo de la trama.

En un contexto plagado de noticias policiales, ¿Cuáles te parece que son los desafíos de la literatura policial?

En principio, es ser independiente de la noticia. Digo, son universos que pueden tener puntos de contacto, pero lo real no puede condicionar la producción de la ficción. Hay libros que parten de casos reales, que incluso cuentan versiones posibles sobre ellos, y se plantean como novelas. Yo creo que la ficción debe ir más allá, debe darle una vuelta de tuerca a la trama. Y, si existen vínculos entre las noticias y la ficción, deberían ser solo disparadores y no tramas en sí mismas.

Carrá me (nos) explica, en esta conversación mediata y con la misma fluidez que se ve en sus novelas, que para él el género negro en la literatura constituye el modo más cercano “de contar los pliegues de la sociedad, su costado oscuro, su lado B”. Entiende que, así como el escritor no puede disociarse de lo que es y el lugar que ocupa socialmente, esa pertenencia se cuela también a través de los “delitos que se imponen según las épocas: hoy hay una importante producción en Argentina que toca la trata de personas, los crímenes de género y las disputas territoriales por drogas que son, en definitiva, las expresiones más cotidianas del periodismo policial. También, en Argentina, la novela negra ha tenido una expresión política fuerte: la dictadura cívico militar y sus resabios, así como la corrupción han disparado más de una trama”.

¿Que es lo que te sigue atrayendo del género?

Creo que toda expresión artística lleva un mensaje que, como todo en la vida, es político. Cuando uno elige contar un universo determinado —sea realista o no— crea un mundo y elige ubicar a personajes en diferentes posiciones y relaciones sociales. En esos vínculos siempre hay una forma de ver el mundo.

Pienso en textos como Rebelión en la granja que detrás de esa fábula brillante hay una crítica al “socialismo real” de la URSS o en No habrá más penas ni olvidos, de Soriano que, desde mi punto de vista, es el mejor retrato del peronismo en los 60-70. Después hay textos que son menos transparentes y que no tienen la premisa de jugar en política, pero igualmente muestran el mundo desde un cristal que termina abonando subjetividades.  

Esto, en el género negro policial es un poco más explícito. Desde el surgimiento mismo del género hay una intención de poner bajo la lupa las estructuras de poder. Si lees a los suecos, por ejemplo, vas a encontrar un retrato social y político de Suecia que dista bastante de la idealización de la socialdemocracia que suele verse en las noticias. Lo mismo pasa con la novela negra argentina, autores como Leonardo Oyola, Kike Ferrari, Raúl Argemí ponen en foco el sujeto periféricos y diluyen la mirada binaria del bien y el mal para complejizar la lectura social y así proponerle al lector una reflexión más general.

Precisamente eso es lo que me sigue atrayendo del género: su posible lectura social; pero también la posibilidad de encontrarse con tramas que reflejan los costados humanos más espantosos. Ver la inmundicia de nuestra especie en clave de ficción nos hace la vida un poco más liviana.

Algunos colegas tuyos te consideran el referente del policial marplatense… ¿Qué otros autores locales rescatas de este género? 

No creo ser el referente de nada. Sí, es cierto que mi obra —novelas y cuentos— no se ha corrido del género negro, mientras que otros autores como Fernando Del Río o Sebastián Chilano han coqueteado con el género pero tienen una producción más amplia, más “des-generada”. Algo parecido pasa con Javier Chiabrando o María José Sánchez. La visibilidad que tomó el género en la ciudad gracias al Festival Azabache generó una falsa idea de que hay una producción de género masiva en la ciudad.

¿Te parece que se puede hablar de una “literatura marplatense”?

-No me gusta hablar de literatura por referencias geográficas tan micro. Creo que es un capricho que lo que hace es ayudar a los libreros o bibliotecarios a armar las estanterías. Más que nada porque los escritores de Mar del Plata no necesariamente producen literatura marplatense (en caso de que esto exista).

¿Somos nacidos en Mar del Plata?, sí; ¿producimos parte de nuestra obra en la ciudad?, también. ¿Eso hace que nuestra obra sea homogénea?, definitivamente no.

Borges y Arlt produjeron en la misma época en la misma ciudad. Cada uno puso la mirada en un lugar diferente. Sobre todo porque cada uno llegó a la literatura desde diferente lugar. La mirada, el enfoque es más amplio que un código postal. Yo hace dos años que no estoy en Mar del Plata, ¿dejé de ser un escritor marplatense?

Sí creo que en los últimos años han surgido en la ciudad diferentes grupos de escritores que leyéndose entre sí se han retroalimentado y sus producciones han crecido. Eso, más los sellos editoriales como Letra Sudaca y La Bola posibilitaron una especie de “boom” de escritores en la ciudad. Pero insisto, la obra es tan rica y disímil que sería un pecado enmarcarla en fronteras geográficas.

A partir de esta semana los lectores del policial y de lo más negro de la literatura vamos a tener una nueva muestra, con una trama que reúne diferentes crímenes, con diferentes formas –violentas- de morir y otros elementos ineludibles del género.

La novela Lloran mientras mueren será, seguramente, un nuevo ejemplo de la voz propia que este autor supo construir a través de su incipiente obra editada, con historias que hacen gala de su capacidad para retener al lector de prólogo a epílogo.

Y también, sin duda, en Mar del Plata será un nuevo tema de conversación para los que somos aficionados a los dos lados del libro.

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