La reciente obra de Daniel Guebel, El absoluto (Literatura Random House 2016), es gigante en varios sentidos. Desde sus 558 páginas y pasando por la maravilla narrativa que logra a lo largo de las seis generaciones que relata; hasta los siete años que le llevó escribirla y, mirándola en perspectiva,  por las otras novelas que fue generando mientras esta esperaba su turno.  Sin dudas, uno de los grandes logros de este 2016.

Es una obra donde el autor colma de peripecias  e ingeniosos argumentos a una genealogía de genios, Scriabin – Deliuskin, que logran hacerte reflexionar sobre lo que significa el sentido de una familia, sus vínculos, sus lazos y sobre todo el amor que surge, que nace o que aparece desde ella. Como el propio Guebel cuenta, “Yo sabía que hablaba de la familia, pero solo luego de publicarla me di cuenta de que la novela era una novela sobre el amor en la familia, sobre los legados, sobre los modos en que un padre le transfiere, ya no un legado, sino un mandato a un hijo, los modos en que el hijo la cumple, los modos en que los padres aman a los hijos y como los hijos aman a sus padres, y por supuesto los modos de amor de una pareja. Es un libro sobre el amor”.

La estupenda narración de la obra logra un afán totalizador, mostrando un Guebel interesantísimo  a la hora de hacer verosímil cada una de las historias, pero también al momento de cruzar los géneros. A cada uno de los personajes le cabe una peripecia diferente. Y cada uno de ellos también tiene su propio tono. Lo que hace que cada una de las biografías sea un libro distinto, pero que completarán la genealogía finalmente más allá de que fuesen independientes por sí mismas, que tengan su forma y que provoquen su propio placer.

Es un libro que contiene otros libros dentro y además, vos escribiste otras obras mientras llevabas esta adelante, ¿cuándo, entonces, te diste cuenta de que estaba terminado?

-Fue complicado para mí. En realidad, yo había escrito el libro alrededor de cinco años antes y lo dejé en una parte donde creí que estaba concluido. Al poco tiempo me senté a escribir otra novela, la cual me llevó como un año más y cerca del final de su escritura, noto en un fragmento final suyo que era el final de El absoluto. Por eso me demoré también en publicarlo, porque yo no sabía si era un libro que se estaba escribiendo en un tiempo distinto a los míos.

El temor del autor en todo momento fue saber quién podría, a esta altura de la historia, sentarse a leer una novela de más de 500 páginas. Pero ese temor hoy ya debería haber desaparecido. Su lectura es ágil, genera entusiasmo y logra que nos vistamos con alguno de los personajes por un rato, sobre todo tratando de adelantarnos en la historia. Guebel  sostiene que para él fue muy interesante ver cómo  se fueron modificando las cosas en el camino de la historia:  “La aparición de un nuevo elemento determina una nueva combinación, siempre es así”, dice. Simplemente magistral.  Simplemente su toque de genialidad.

Toque de genialidad que también cuentan sus protagonistas y que por él logran sobrevivir a través de las generaciones, con su ingenio, con sus tragedias, sus melancolías y la belleza de su amor por el otro.

@bernabetolosa

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