“La literatura es una regla que ha de saltarse” dice Fernanda García Lao. Y  todo cobra sentido.

Días antes de participar del tercer encuentro del ciclo “De amor, de locura y de muerte”, que Revista Leemos organiza junto a Aula Abierta y Fundación OSDE, la “escritora más rara de la literatura argentina” acepta responder una serie de preguntas a distancia.

Sus respuestas no solo la ubican como una enfática defensora del absurdo  (“es un modo de entender el mundo tan válido como el realismo” dirá). También hablan de una profesional de la palabra que se divierte salteándose las convenciones literarias, que vive atenta a los “extremos” de la vida  y que ama tanto su profesión que, como ella misma dice, “nace” cada vez que escribe.

A continuación, el breve diálogo que mantuvimos a distancia, mientras ella dicta talleres, ultima detalles de la publicación de dos nuevos libros –Dolorosa, su segundo poemario, y la novela Nación vacuna – y prepara sus valijas para su eterno traslado entre Capital Federal y Villa Gesell.

– Tu estilo se caracteriza por lo absurdo y lo delirante. Pero al mismo tiempo hablás de hechos, o comportamientos, extremadamente reales, incluso dolorosos como pueden ser la discriminación, la soledad o el lugar de las mujeres en la sociedad. ¿Creés que lo absurdo es una puerta de entrada, o una ventana, para reflexionar sobre esas cosas que nos duelen como comunidad? 

-Creo que el absurdo es un modo de entender el mundo tan válido como el realismo, pero liberado de ciertos lugares comunes. Se establece una lógica diferente que quiebra la coordenada causa efecto. Pone en cuestión cierto determinismo positivista y hace foco en el sinsentido. Eso no significa que pierda verosimilitud. De hecho, la vida es imprevisible, ridícula, y no por eso deja de ser verdadera. Me interesan los desajustes, los quiebres, los actos insólitos.

-En “Muerta de hambre” prácticamente te metiste en la cabeza de una persona con problemas de salud mental. ¿Cómo lo trabajaste?

-No conozco a nadie sano mentalmente. Vivimos nuestras neurosis con naturalidad. La vida social es delirante, sorteamos el cambalache y la desesperación a diario. Por eso imaginar los extremos, forzar los límites, me resulta sencillo.

-En ese mismo texto cambiás variás veces de voz narradora, incluso en un capítulo cuestionás la veracidad de lo dicho en las páginas previas –es mi siguiente pregunta-. ¿Te gusta jugar con tus lectores, provocarlos/las?

-El primer juego es con la escritura misma, con las convenciones literarias. Me interesa poner en cuestión el mecanismo del relato, la forma. La literatura es una regla que ha de saltarse. Cada escritor se enfrenta a modos heredados y creo que no hay riesgo en la escritura si no los discute, desde el lenguaje o desde lo formal. La literatura que me interesa es rupturista. Como lectora disfruto con el desconcierto. Intento trasladar ese goce cuando escribo. No sé si lo consigo.

-Además de marcar tu acento, ¿creés que el hecho de haber vivido varios en España marcó también tu literatura?

Sí, claro que me ha marcado. Como escritora y como persona.  No sólo porque las lecturas y las fuentes fueron otras, sino más bien por el hecho de la distancia misma. Distancia con un nuevo lenguaje, extrañamiento de quien debe construirse en un lugar nuevo y ampliación del campo de sentido. No hay como ser un extranjero de sí mismo para ponerse en duda. La escritura es una búsqueda existencial, no se trata sólo de construir ficción. Yo me nazco mientras escribo.

 

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