En Cartas a Colet, Gustave Flaubert afirma que la biblioteca de un escritor debe componerse de cinco o seis libros, fuentes que deben releerse todos los días. En cuanto a los demás, bueno es conocerlos, y nada más. ¡Pero es que hay tantas maneras diferentes de leer, y leer bien exige tanto ingenio!”.

Carlos Fuentes no dice lo mismo respecto de la cantidad de libros, pero alguna vez afirmó que cada año lee Don Quijote de la Mancha y encuentra siempre secretos como pepas de oro en la arena. Es muy conocida la sentencia de Borges que decía no enorgullecerse de los libros que había escrito pero sí de los que había leído.

¿Por qué leemos? sería la pregunta. Un escritor lee por placer y además para alimentar su fertilidad, pero un lector que no escribe ¿por qué lee?

Un ensayo de la Universidad de Roma III, tras una encuesta entre lectores, concluye que “La lectura nos hace más felices y nos ayuda a afrontar mejor la existencia. Los lectores están más contentos y satisfechos que los no lectores, en general son menos agresivos y más optimistas”.

¿Qué ocurre en la cabeza y la sensibilidad de un lector? ¿Tiene un efecto transformador? Quizás cuando uno lee se ve en un espejo reconocible, o las contradicciones de los personajes nos hacen volver sobre nuestras propias cuestiones.

Claro que la lectura tiene también un sentido utilitario, como expandir el vocabulario, entrenar la memora y hacer que el cerebro se ejercite. Dicen que además ayuda a dormir mejor, aunque no debería ser efecto de una libro somnífero. Y hasta hay estudios que sostienen que el lector tarda unos seis minutos en relajarse desde el momento que se sentó con un libro. O sea, es un remedio anti stress.

Sin embargo, la lectura es la más inútil de las pasiones. Porque el lector solo lee por leer. Es decir, solo lee por placer. Sin placer, la lectura es tediosa, angustiante e inútil. Por lo tanto, quien no quiera leer, que no lea. Es sencillo.

Encontrar el placer lleva tiempo, pero cuando lo emboscamos, nada mas disfrutable que esa cacería de un animal mudo que despierta ante la textura de nuestros dedos y el suave caminar de nuestros ojos.

Mejor dejarlo hablar al eterno Julio Cortázar, que decía: “Cada día que pasa me parece más lógico y necesario que vayamos a la literatura como se va a los encuentros más esenciales de la existencia, como se va al amor y a veces a la muerte, sabiendo que forman parte indisoluble de un todo y que un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y su última página”.

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