Calles desiertas y silenciosas. Ciudades paralizadas por el miedo. Miles, millones de personas obligadas a mantenerse encerradas en sus casas. Ocultas. Expectantes. En medio del silencio, inusualmente quebrado por el canto de algún pájaro cuyo nombre la gran mayoría de los hombres y mujeres suburbanos desconoce, voces masculinas recuerdan, amenazantes: “Permanezcan en sus casas. Estamos en emergencia sanitaria”.

Quienes amamos los libros no podemos dejar de pensar que el  coronavirus, o COVID-19, tiene algo de literario. Tenemos la sensación de estar viviendo una novela que aún no ha sido escrita.

¿O quizás sí?

Si nos ponemos a pensar, a través de la historia muchísimos escritores y escritoras han imaginado mundos en crisis, catástrofes globales que alteraron la cotidianeidad no solo de una ciudad o un pueblo sino de todo un planeta.

Entonces, ¿en qué novela estamos viviendo?

Hace unos días lancé esta pregunta a las redes y las respuestas fueron múltiples y, en algunos casos, sorprendentes.

El denominador común fue, sin duda, El Eternauta, de Héctor Oesterheld y Francisco Solano López. Sin embargo, también fueron recordadas obras como 1984, de George Orwell, Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago y hasta algunos pasajes de Cien años de soledad, la descomunal obra de Gabriel García Márquez.

En otras palabras: este momento dramático y en ocasiones bizarro que nos toca vivir, ya fue imaginado, a veces con extraordinaria exactitud, por numerosos escritores y escritoras.

A continuación compartimos algunos de esos títulos cuya lectura, o relectura, podría ser oportuna. No porque en sus páginas vayamos a encontrar alguna solución (aunque tampoco lo descartaría: si pudieron anticiparse a este caos, quizás también hayan podido encontrarle una solución) sino porque todo, incluso una pandemia, es más llevadero con un libro a mano.

1984

Son varias las personas que, ante los dispositivos de control establecidos por los gobiernos para enfrentar al coronavirus -que incluyen patrullajes policiales y teléfonos de denuncia ante posibles “incumplimientos de la cuarentena”-, pensaron en 1984, la genial novela de George Orwell.

Publicada en 1949, se trata de una novela futurista que narra el momento en que Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento.

Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O’Brien. Paulatinamente, el protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O’Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable.

Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas del siglo pasado.

Cien años de soledad

También hubo quienes se sintieron sumergidos en uno de los pasajes de la genial obra de Gabriel García Márquez.

Así lo describe Gustavo Visciarelli: “En Cien años de soledad –recuerda- Macondo sufre una rara peste de origen extranjera. Es ‘La Peste del Olvido’. Los pobladores se juntan para combatirla: esa lucha consistió también en no contagiar a los demás. Para eso, el perspicaz José Arcadio Buendía reunió a todos los jefes de familia para informarles todo lo que sabía de la peste. Luego de ello, idearon medidas para que esta no se expanda a otras poblaciones”.

“La medida principal –continúa- consistía en que todos los forasteros que, a pesar de las advertencias se atrevían a visitar Macondo, tenían que hacerlo haciendo sonar una campana. Este sonido funcionaba como una alarma para que los pobladores infectados no se les acercaran. Tampoco se les permitía comer o beber algo del pueblo. Si algo se sabía, era que la peste se transmitía por la boca”.

“El virus no se extendió más allá de sus fronteras. La cuarentena funcionó y al poco tiempo el pueblo daría con la solución a sus problemas”, concluye Visciarelli, quizás queriendo transmitir una mirada positiva sobre le momento actual.

Ensayo sobre la ceguera

Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Así comienza la novela del José Saramago, en la que una ‘ceguera blanca’ se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio.

Saramago traza en este libro una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos que estamos viviendo y alerta sobre “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”.

En un punto donde se cruzan literatura y sabidura, este autor nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad.

La carretera

Novela galardonada con el premio Pulitzer 2007, transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano. En medio de un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear, un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él.

Amenazados por bandas de caníbales, empujando un carrito de la compra donde guardan sus escasas pertenencias, recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada -a veces- en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío ”capaz de romper las rocas”.

Distopías juveniles

Las populares distopías juveniles también suelen estar ambientadas por mundos cuyas normas de convivencia han sido drásticamente alteradas por crisis globales.

Generalmente, se trata de sagas, numerosísimas y muy parecidas entre ellas, por lo que solo mencionaremos dos: por un lado Los 100, un drama post apocalíptico escrito por Kass Morgan. La historia está centrada en lo que ocurre con la civilización casi cien años después de que una guerra nuclear la haya devastado.

Desde entonces, el futuro de la supervivencia de la raza humana está en manos de unos jóvenes que deben sobrevivir en una nave espacial. Hasta que un día cien de los supervivientes son enviados de vuelta al planeta tierra para investigarlo y poder estudiar las posibilidades que existen de volver a habitarla.

También cabe mencionar La quinta ola, otra saga juvenil de ciencia ficción escrita por el autor estadounidense Rick Yancey. La historia sigue a Cassie Sullivan, de 16 años, mientras trata de sobrevivir en un mundo devastado por oleadas de invasiones alienígenas –la tercera de ellas, una plaga- que han diezmado la población de la Tierra.

La red del miedo

También la literatura infantil nos tiene reservadas algunas joyitas que pueden asociarse al momento actual.

Tal como varios niños y niñas señalaron, en La red del miedo Carolina Tosi nos habla de un futuro en el que la naturaleza hizo eclosión y la humanidad se ha refugiado en las entrañas de la tierra.

Para compensar la falta de luz, alimento y libre tránsito que deviene de una vida subterránea, los habitantes tuvieron que asumir adaptaciones en su modo de existencia. Una de ellas es la falta de contacto real entre las personas; los hechos más cotidianos de la vida, así como los más trascendentales, transcurren en la realidad virtual de la pantalla, donde los habitantes se manifiestan a través de sus avatares.

El Eternauta

Para el cierre, el plato fuerte: El Eternauta. La historieta creada en 1957 por Héctor Oesterheld –guión- y Francisco Solano López –dibujos- es probablemente la ¿ficción? que más viene a la cabeza de los argentinos y argentinas por estos días.

En la historia, una nevada letal cae sobre la tierra y para protegerse las personas deben encerrarse en sus viviendas y solo salir a la calle con trajes aislantes. “Éramos Robinsones que, en lugar de quedar atrapados en una isla, estábamos aislados en nuestra propia casa. No nos rodeaba el océano pero sí la muerte”, explicará El Eternauta, Juan Salvo, en una de las viñetas.

Considerada una obra de culto, El Eternauta cobra una  dimensión aún más actual y política a partir de las palabras que el propio Oesterheld vierte en el prólogo: “El héroe verdadero de El Eternauta –dirá el guionista, secuestrado y desaparecido en 1977 por la última dictadura cívico-militar- es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual, el héroe solo”.

@limayameztoy

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