Conocí el mundo de Maze Runner, de James Dashner, gracias a un compañero de escuela que me lo prestó el año pasado. Lo empecé a leer. Llegué hasta la mitad. Y, por razones que no puedo revelar, no porque no quiera sino porque ni yo puedo explicármelo a mí misma, dejé ahí el libro. Quizás porque el que me lo había prestado era un varón (puro prejuicio feminista), o porque me compraron ese libro que yo había estado esperando, o porque se me cantó leer otro en el medio. Porque soy capaz. Me acuerdo de la fecha en que me lo prestó, una semana antes de las vacaciones de invierno. En Educación Física. En 2014. Yo no tenía nada que leer y esperaba algo nuevo, con olor a libro y no a recuerdos. Y alguien se lo estaba devolviendo, y no llegó a ponerlo en su mochila que yo ya lo tenía.

Me arrepentí enseguida de haber esperado tanto

La cosa es que el libro me atormentaba todos los días. Primero porque yo no dejo libros por la mitad. Y segundo, porque ya habían pasado las vacaciones de verano de 2015 y no se lo había devuelto. Llegué a esperar que no se acordara de que me lo había prestado y que cuando se lo devolviera fuera una grata sorpresa. Pero se acordaba. Y no me dijo nada. Y dándome cuenta de que si una persona así de buena y amable te presta un libro, no se lo podés devolver al cabo de un año sin leerlo, lo retomé.

Me arrepentí enseguida de haber esperado tanto. Terminé el libro lo más rápido que pude, ya no por devolvérselo sino por finalmente descubrir qué pasaba. A los pocos días le devolví, orgullosa, un libro un poco manoseado pero precioso, sin una mancha ni doblez. No me reprochó la tardanza y no me preguntó nada. Hablamos del libro y, satisfecha, compartí opiniones con él.  A la salida vi a su mejor amigo con el libro en mano, diciendo que Camilo se lo había prestado. No sé si se lo devolvió. Creo que no.

El libro (el primero de una trilogía, a la que luego el autor añadió otras obras) trata de un joven, Thomas, que cae en un mundo desconocido. Sólo sabe su nombre. Le enseñan las reglas básicas de la comunidad, en la que sólo hay varones. Las puertas del laberinto, le explicaron, se abren durante el día y se cierran a la noche. Esto los protege de los tormentos que hay afuera cuando se pone el sol. Los corredores recorren el laberinto en el día. Y del que queda adentro cuando se cierran las puertas, ni siquiera saben si encontrarán algo por la mañana.

Personajes sarcásticos y crueles, inocentes y risueños, inteligentes e idiotas al mismo tiempo y hasta desconocidos de los que solo tenemos “percepciones”

La llegada de Thomas causará estragos a la comunidad: aparece una chica, la primera mujer allí, quien cae en un coma y le habla a través de telepatía, los recursos dejan de aparecer por la Caja, y muchos otros problemas que hacen que los jefes busquen medidas drásticas y personas dejen de confiar en Thomas y en el mundo en general.

Esta historia tiene personajes originales y una serie de conflictos que conllevan destellos de inteligencia sorpresiva (tanto para el lector como para los propios personajes), sustos, aventuras y mucha acción. Personajes sarcásticos y crueles, inocentes y risueños, inteligentes e idiotas al mismo tiempo y hasta desconocidos de los que solo tenemos “percepciones” (en un recurso muy original del autor): todos ayudan al “hambriento” lector a desesperar y divertirse mientras Thomas corre… por su vida.

Este libro es hermoso. Tiene lazos emocionales fuertes, junto con acción y aventuras. Es la perfecta mezcla entre el realismo de los humanos y la ficción de una visión apocalíptica del futuro y la ciencia. Es una historia excelente y la traducción es muy buena, lo cual influye mucho en los libros originalmente escritos en inglés. Cometí un error al menospreciarla. El juicio de mi amigo estaba acertado; es un libro que ha de ser leído y, realmente, no se merece que alguien tarde cerca de siete meses en devolverlo. Es un libro que, directamente, no puede ser prestado, por lo que agradezco a Camilo por hacerlo y tenerme paciencia. Lo que no es fácil.

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