En esta charla con Revista Leemos, el científico y escritor recorre su obra en la que combina literatura y conocimiento científico.

Miguel Hoyuelos es Doctor en Física, docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y divulgador. Tiene 50 años y cuatro libros publicados. Dos son sobre ciencia y pensamiento científico, uno de ficción, y un cuarto inclasificable, que tiene un poco de ensayo, un poco de ficción, un poco de parodia y mucha  literatura.

Además, brinda charlas desde hace años en el Centro Cultural Osvaldo Soriano en el marco de la propuesta Hablemos de Física. Su novela Siccus obtuvo en 2004 una mención especial en el prestigioso premio internacional UPC de ciencia ficción.

Ese miércoles nos encontramos un rato antes de la charla en la que su compañero del grupo de escritores La Bruma, Mauro De Angelis participará junto a Carolina Bugnone en el ciclo Cruce de Palabras del Teatro Auditorium.

¿Cuándo empezaste a interesarte por la literatura?

-No sé cuándo fue, creo que eso es un proceso gradual. Supongo que desde muy joven. Empecé a leer ciencia ficción cuando estudiaba en Bariloche, en el Instituto Balseiro. Ahí empecé a leer los clásicos, mis compañeros eran más conocedores y con ellos empecé, supongo.

Y a escribir, empecé de forma medio casual. Fue hace como 20 años. Lo primero que escribí fue Astrología Argentina.

¿La idea de Astrología Argentina siempre fue de humor?

-Primero armé una versión corta, después le fui agregando cosas. Me divertí muchísimo escribiéndolo. Recuerdo reirme solo a carcajadas mientras lo escribía. En aquella época yo estaba leyendo algunas revistas escépticas, me interesaban las cosas críticas a las pseudociencias, incluso tengo publicados algunos artículos al respecto.  Y quería escribir como una parodia y poco a poco se fue tornando en otra cosa, terminó siendo algo independiente, diferente de una crítica original y se transformó en una alternativa, una alternativa a la astrología que conocemos.

Pero el tono es serio, formal…

-Si, en apariencia. Aparenta ser un ensayo pero tiene muchas cosas de ficción, hay algunas historias cortas. La descripción de los signos se ilustra con algunas historias cortas, pequeñas partes de ficción y letras de tango -para describir las personalidades-, además de leyendas aborígenes.

Vos ¿lees el horóscopo? ¿Por qué la Astrología te disparó hacer esto?

-Me llama la atención y me produce cierta frustración que algo totalmente carente de fundamento -no hay ninguna prueba ni estadística astronómica ni de ningún tipo que la sostenga-  tenga el éxito y se mantenga en el tiempo como la astrología. Y a veces pienso que es porque es un conocimiento antiguo y a lo mejor la Astrología Argentina, cuando sea algo antiguo, quizás tenga algún prestigio que pueda difundirse como las astrologías tradicionales.

Hoyuelos me cuenta sobre diferentes estudios a los que define como “más o menos rigurosos” que intentaron probar –sin éxito- que los caracteres de las personalidades de cada persona se rige de algún modo por los astros. Y especifica que, entre los astrólogos también están los que se consideran serios y los que tachan de “chantas”. Le cuento que, en un trabajo y divirtiéndonos con las predicciones fallidas del horóscopo, aprendí de memoria lo que tocaba a Acuario, primero todos los jueves y después día por medio en un matutino de la ciudad: “Los grandes ríos nacen de gotas de agua. No faltan oportunidades en tu vida en este momento”.

Bueno, eso en Astrología Argentina nunca te tocaría porque tiene un tono muy pesimista y las predicciones siempre son malas. Hay muchas letras de tangos que me parecen graciosísimas por lo terribles. Y ahí trascendió la idea original. En los ´90 se publicó en el semanario El Marplatense y salían las predicciones cada semana.  El libro se editó en 2007 en Editorial Martín y en 2013 salió por EUDEM.

¿Y cómo convive este estilo de ficción y parodia con la divulgación científica y la ciencia ficción?

-No me parece muy relevante lo del género. Es secundario. En realidad, lo que me interesa es que la historia o el tema sea bueno, que te atrape y que no sientas que estás perdiendo el tiempo porque podrías estar leyendo algo mejor. Es lo que me atrae de la literatura, que sigas pasando páginas porque quieras saber qué le pasa a los personajes. Y eso es lo que busco cuando leo. Cuesta, pero cuando lo encuentro, me encanta.

Como dije al principio, este autor y científico de 50 años publicó además dos libros de divulgación científica. El primero es Física manifiesta, en la magia, la cocina el deporte y la música, al que define como “un resumen de las charlas que di en el Soriano. Cada capítulo aborda uno de esos temas”. A este le siguió Ciencia y tragedia, los griegos y sus herederos, un libro sobre la ciencia de los griegos en la antigüedad desde la perspectiva actual: “me gustó mucho escribirlo –me dice con un ejemplar en la mano y el café en la otra– trabajé un par de años para hacerlo, leí un montón sobre todo y quise retomar cuestiones que se planteaban en aquella época que todavía no están resueltas y mezclarlas con historias y anécdotas de filósofos y científicos de la antigüedad”.

Y después vino Siccus que es pura ciencia ficción…

-La idea que me planteé al empezar a escribirla es qué pasaría si se entiende en algún momento cómo funciona la inteligencia humana, si uno logra entender el fundamento de la conciencia sin recurrir a ningún elemento sobrenatural, solamente materialista. Entonces, no habría un obstáculo serio para poder reproducirla artificialmente en una computadora que tenga la capacidad suficiente. Y la pregunta es ¿cómo tratar a una máquina que tiene consciencia equiparable a la humana incluso en la capacidad para el sufrimiento? Esto me sirvió para plantear una situación de conflicto que sirve para contar una historia. Me gusta pensar que hay un trasfondo intelectual que me plantee las cosas desde un lugar desde el cual no las había pensado.

¿Buscas eso como lector, también?

-Si.

¿Y qué cosas lees?

-Uno está perdido como lector. El recorrido es azaroso. A mí lo que me desespera es que en tu vida podrás leer algunos miles de libros y nada más. Es un porcentaje ínfimo de todo lo que existe.

-Te entiendo, me atormenta también lo que no voy a llegar a leer.

-¡Y cuando estás leyendo algo que no te gusta, te desespera! Yo creo que a muchos les debe pasar.

-Y hay que resignarse a dejar libros sin terminar si no te gustan… Y vos, ¿a dónde pensás llegar con la literatura?

A que se lea lo que uno hace. Es buenísimo si lo leen y gusta. Pero no quiero estar pendiente de eso. A mí me preocupa porque a medida que pasa el tiempo uno tiende a fijarse en el reconocimiento y si lo que hiciste tiene alguna trascendencia. Cuando sos joven, sos libre de esa presión porque no tenés ninguna obra hecha. Quisiera reprimir eso cuando surge, pero es un poco inevitable, uno quiere ser leído. La literatura te permite comunicarte con un montón de gente que puede estar muy lejos en el tiempo y en el espacio.

Yo disfruté mucho lo que escribí, mi motivación principal es que lo hago con mucho placer. Disfruto leyendo y escribiendo. Y si logro transmitir ese disfrute a los lectores, me parece que sería como un segundo disfrute para mí…

Este año la novela Siccus es utilizada como material de lectura en cuatro escuelas secundarias de Mar del Plata y Hoyuelos tiene escrita la segunda parte. “Es la primera vez que tardo solo un año en escribir un libro”, me explica. Hablamos de la construcción de los personajes y de cómo el hecho de que los caracteres de esos personajes ya estaban definidos en la primera parte puede haber agilizado la escritura de la segunda. “Esta vez hice un planteo inicial, que es de conflicto, y dejé que se desarrolle la historia en función de las personalidades. Traté de dejar que la historia sea coherente en función de eso y sin pensar a dónde me llevaba”.

¿Es tu método?

-Un poco, sí. Pero en la primera Siccus empecé por una conversación entre dos inteligencias artificiales, donde una le explicaba a la otra qué era la conciencia. Yo quería que sonara verosímil, no importa que fuera verdadero o falso.

En general la ficción es un poco un laboratorio de personalidades. Vos pensás el personaje, cómo es el tipo o la mina, o la máquina, o lo que sea. Después es ponerlo frente a la situación y seguir a esas diferentes personalidades en función de las circunstancias que deben atravesar. Entonces, lo más importante pasa a ser el personaje y no la situación en sí. ¿De dónde surgieron esos personajes en Siccus?

-No me acuerdo (risas)

¿Hace mucho que no lo lees? ¿Leíste el libro en formato papel?

-Alguna vez lo he vuelto a abrir, hojeado, para escribir la segunda parte. Pero ya lo conozco de memoria. Leerlo desde la página uno es algo que quiero hacer en algún momento pero quiero olvidarme un poco más.

Antes de irnos hablamos de La Bruma, el grupo de escritores que integra Miguel Hoyuelos junto a otros referentes de la literatura local. Me cuenta que surgió como una propuesta de Francisco Constantini –editor de Letra Sudaca y escritor- y que actualmente se reúnen dos veces al mes para compartir lo que escriben, lo que leen y lo que piensan. “Es como un centro de contención de escritores”, bromeo. “Creo que se mantiene porque la pasamos bien. La idea es disfrutarlo y disfrutar de la literatura desde otra perspectiva, desde un lugar que no habías pensado antes”, sentencia.

Cómo no.

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