Hace varios días que terminé de leer Muerta de hambre, el último libro de Fernanda García Lao editado por emecé-. Sin embargo, tuve que dedicar varios días a “digerirlo” –continuando con el universo filosófico-gastronómico creado por la escritora -, antes de sentarme a escribir sobre él y “desprenderme de lo ingerido”, como diría María Bernabé.

La conclusión es que Muerta de hambre es un libro tras cuya lectura es imposible permanecer impasible. Inevitablemente, algo cambia en nuestro interior. Como después de comer un plato exquisito pero difícil de digerir, que nos golpea con la fuerza de un ataque al hígado.

La propuesta es delirante pero a la vez profunda y reflexiva: a través de la desmesurada María Bernabé, García Lao se mete en la cabeza de una persona con trastornos alimenticios que un día decide reconstruir su vida “a modo de estructura digestiva”. De esta manera, cada capítulo aludirá a un paso del proceso de alimentación, incluyendo la trituración, la deglución y “la recta final”.

Sin embargo, la propia María Bernabé aclara que el proceso digestivo de su vida puede no haber sido tal como ella lo recuerda. “No importa si he sido fiel a lo que pasó, o a lo que sospecho que pasó, porque es exactamente lo mismo, al menos para mi”, aclara desde la primera página.

Y así, desde el inicio, García Lao establece con sus lectores un contrato que posibilitará la construcción de un texto tan absurdo como real a la hora de plantear dilemas como la discriminación, el rol de las mujeres en las sociedades modernas, la sexualidad, la locura, el individualismo y la muerte.

Haciendo base en el humor –un elemento imprescindible para escenas que de otra manera hasta podrían resultar repulsivas- y con una pluma impecable, la autora construye un personaje desaforado, cruel, individualista y  profundamente infeliz, cuya relación desmesurada con la comida será, a la vez, una metáfora sobre su vida. Porque María Bernabé siempre tiene hambre. La pregunta es si tiene hambre de comida o de algo más.

Muerta de hambre es, en otras palabras, un libro agridulce, de esos que se disfrutan y se sufren al mismo tiempo y que dejan una marca ineludible en nuestros paladares intelectuales.

Vaya entonces esta reseña como mi humilde digestión de un plato literario exquisito, de los mejores que he degustado en el último tiempo.

 

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