Tiene todos los ingredientes de la novela negra pero también del periodismo de investigación. Quizás por eso editorial Alfaguara decidió presentar“No pidas nada” como “policial periodístico”, un concepto poco explorado pero que resume bastante bien la esencia de la tercera novela de Reinaldo Sietecase.

El personaje central elegido por Sietecase para desarrollar su historia no es detective pero cumple con casi todos los requisitos del clásico protagonista de una novela negra: el “Tano” Gentili es cínico, tiene una visión desencantada de la vida y de su profesión, su única relación estable es con la morfina -a la que llama su “novia líquida”– y se muestra apasionado por una sola cosa: la búsqueda de la verdad.

Gentili trabaja en una revista semanal y lleva varios años investigando una serie de llamativos suicidios de represores argentinos que están siendo procesados por la Justicia. La historia se vuelve aún más compleja cuando dos de esos represores logran fugarse, mientras que un tercero sobrevive a su intento de quitarse la vida.

A partir de esos sucesos las preguntas -materia prima básica que tienen en común tanto el trabajo periodístico como el detectivesco- se multiplican: ¿por qué se matan los que mataron? ¿Lo hacen por voluntad propia o alguien los induce a hacerlo? ¿Quién se beneficia con sus muertes y/o sus desapariciones?

Sietecase logra de esta manera agregar a una trama policial un elemento de indudable interés no solo nacional sino también internacional como son crímenes cometidos durante la dictadura y los posteriores juicios realizados a sus responsables.

El escritor demuestra, además, que no por explorado el tema deja seguir presentando múltiples y novedosas aristas. Una de ellas quedará al descubierto en el segmento de la novela relatado en primera persona por Gentili y es el factor religioso: los genocidas parecen pertenecer a una secta que es la que los estaría ayudando a fugarse o a quitarse la vida, según lo más conveniente en cada caso.

El otro aspecto explorado por el autor son las limitaciones que enfrenta la justicia a la hora de juzgar crímenes cometidos hace tanto tiempo y cuyos aparentes culpables cobraron, con el paso del tiempo, cierto protagonismo en el escenario político nacional.

Este tema se aborda en el relato en tercera persona de la investigación que el abogado Mariano Márquez (personaje ya utilizado por Sietecase en sus ficciones) realiza a pedido de la diputada Fernanda Minetti, hija de desaparecidos, sobre la supuesta participación del general Martín Belziuk en el asesino de sus padres.

Sietecase se da el gusto de desarrollar todas estas tramas en un contexto geográfico diferente: para ello traslada a su periodista a Río de Janeiro, lo que le permitirá no solo mantener una relación amorosa con una colega carioca sino también describir el funcionamiento de las milicias en las favelas de Brasil y hasta incluir una ceremonia espiritista cuyo objetivo es contactar a la fallecida madre de Gentili.

El resultado de la combinación de todos estos elementos, sumado a un estilo de escritura ágil y preciso, es una novela que atrapa y que demuestra que, a pesar de su proclamado desencanto, Sietecase es un enamorado del periodismo, oficio que no deja de ejercer… ni siquiera cuando escribe ficción.

 

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