Hace unos días terminé la lectura de Ladrilleros, de Selva Almada. Una novela excelente, bien construida, sólida, con historias desgarradoras. Quedé con la mirada perdida, como huérfano. Me pasa con los buenos textos; pero no es para tomarlo muy en serio, se puede ser normal también.

Ni bien terminé la novela volví al primer capítulo (son todos muy breves, dos o tres páginas como máximo) y descubrí la clave de la novela. Allí, en no más de cuatro mil caracteres la autora entrerriana nos cuenta toda la historia, que en ese momento nos sorprende, y no alcanzamos a entender porque todavía los personajes no entraron en nuestras vidas. Una construcción deslumbrante.

Qué difícil, me digo, es lograr eso. Eso que Kafka resuelve en una línea: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto.” (La metamorfosis). Punto y arreglate.

Este tema ya lo desarrollé (http://www.revistaleemos.com/comienzos/), como se ve, sigo con mis obsesiones. Quién no recuerda esa primera oración memorable de Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (Gabriel García Márquez).

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.” El “No lo sé”, creo, marca todo el derrotero de Meursault, protagonista de  El extranjero, de Albert Camus.

Abelardo Castillo es un escritor inmenso y sus construcciones son deslumbrantes. Ahora, al pasar, me acuerdo de “El volvedor”, un cuento perfecto que dicta las claves en las 15 primeras líneas y uno las deja pasar como si estuviera siendo “introducido”.  “El oficio de guapo es un oficio como cualquier otro” nos miente; pero que mentira potente.

Por alguna razón Ernesto Sábato no tiene el prestigio que, a mi juicio, se merece. Me parece que se lo lee poco. En el comienzo de El Túnel, nos señala su maestría. “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.” ¿Cómo no seguir?

*Nerio Tello  es periodista, escritor, editor y docente universitario. Autor del blog Letra Creativa.

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