Podemos mencionar, quizás como una constante, que ante el nombre de Melville, inmediatamente pensemos en Moby Dick. Y no está mal que así sea. Es que la enorme Ballena Blanca, Ahab e Ismael tienen el esplendor suficiente para congelar al autor, tan solo en ellos. Pero Melville sobrevivió a ese único título y nos dejó mucho más. Por ejemplo Bartleby, el escribiente (1853).

A Bartleby,  el escribiente suele llamársele novela corta o bien cuento largo. Lo cierto es que en este caso, lo breve no es igual a simple.

Desde su escritura, por algo Melville es Melville, nos encontramos con una narración corta y precisa. Con un mensaje claro y profundo. Exacto. Podría decir que nada le falta y nada le sobra. Es una genialidad del autor sin dudas. Repito, por algo Melville es Melville hoy en día.

La historia podría resumirse así: en una oficina de Wall Strett se contrata un nuevo copista. Este de repente, deja de hacer su trabajo amparándose en su fórmula “preferiría no hacerlo”, la cual se lee a lo largo de toda la narración innumerables veces. Bartleby, el escribiente, continúa con su postura y esto genera un futuro incierto. Para él y para el resto. Ahora bien, él no hace nada por alterar esta situación y se desentiende. El abogado dueño de la oficina  no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud.  Siente compasión por Bartleby y esta lo acompañará hasta el final del relato.

Parece sencillo, pero no lo es. La frialdad del “preferiría no hacerlo” del protagonista es ineludible y logra que uno pase de la irritación a la lástima, como le ocurre al narrador. Por otro lado no deja de acompañarte hasta el final del texto e interrogarte. La intención de convertirte en Bartleby y preguntarte sobre lo que se puede, lo que se quiere y lo que se debe, aparece en uno.

El Escribiente por instantes perturba, pero muchos finalmente lo envidian, quieren ser como él, responder como él. Convertirse en alguien que ofrezca una resistencia pasiva al sistema que intenta rodearte.

La historia tiene todo en su justa medida. Misterio y desconcierto para anticipar algo del existencialismo por venir. Críticas y reflejos del capitalismo que ya había hecho quebrar a Nueva  York. Y una insuperable redacción y equilibrio en la historia.

Bartleby, el escribiente revela a un Melville mayoritariamente alto en el mundo de la literatura, aun más allá de Moby Dick. El tono y los personajes, los vínculos y el contexto, lo hacen de una conciencia artística y literaria que merece el adentrarnos en ella.

@bernabetolosa

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