El psicoanalista y comunicador en un diálogo imperdible con María Florencia Gilardi para Revista Leemos.  

 

Son pasadas las 19. La gente se está amontonando y la cola comienza a rodear el glamoroso hotel de Playa Grande. Los vidrios del Costa Galana muestran las salpicaduras de las primeras gotas de agua, día típico de verano en Mar del Plata. En ese momento, se asoma por la puerta de la biblioteca Gabriel Rolón, informando que, por las condiciones climáticas, decidían adelantar el horario del encuentro.

Por un segundo pensé que no me iba a dar la entrevista: la charla comenzaría en media hora. Pero no es así, si hay algo que describe a este psicoanalista y comunicador es el respeto. Respeto por quienes esperan ansiosos su relato y respeto por quienes habíamos llegado para hacerle unas preguntas.

Por el inmenso ventanal de la biblioteca donde nos sentamos a charlar asoman los ansiosos primeros de la fila que saludan constantemente.

Rolón llegó a nuestra ciudad para formar parte de las charlas de verano propuestas por editorial Planeta, las mismas que vieron desfilar a grandes periodistas y escritores con gran afluencia de público.

Él ya había participado de estos encuentros para hablar de libros como Historia de Diván, a través del cual acercó a las personas al mundo del psicoanálisis y, como él mismo dice, los lectores le han dado el permiso de explicarlo y difundirlo.

Ahora llega para presentar su última publicación, Cara a Cara, un título que busca reflejar el encuentro consigo mismo, dice que allí afloran su interior y sus impaciencias. Se trata de un libro que presenta un desafío para el psicoanalista: divulgar su especialidad desde su propia voz. Y, cabe aclarar, este reto lo llevó a posicionarse dentro de las publicaciones más vendidas del final de 2015.

Abierto al diálogo, Rolón se dispone a escuchar mi primera pregunta:

-¿Cómo es la experiencia de plasmar en un libro las inquietudes que te fueron surgiendo?

Como experiencia, es maravillosa. Yo me he permitido casi una broma personal que es el hecho de volver a los orígenes del pensamiento. El libro está armado con un formato Platónico: preguntas, repreguntas, síntesis. A mí me gustaba mucho leer los diarios de Platón y dije ‘qué bello formato este del diálogo para movilizar el pensamiento’. Y decidí jugar un poco con esa idea, sabiendo que en este libro iba a tener un peso mucho más importante mi pensamiento, pero sin descuidar la difusión del psicoanálisis. Iba a hablar desde mí y fue una decisión fuerte.

-En esta última publicación usas un formato diferente al que nos tenes acostumbrados, donde te interpelas a vos mismo ¿Cómo fue ese proceso?

Tenía pensado que el libro fuera en realidad un ensayo, un ensayo conversado. Un formato extraño, pero era lo que yo tenía ganas de hacer y, la verdad, me cuesta mucho hacer algo que no tengo ganas. Siempre necesito un estímulo. Entonces me pareció un desafío agradable para mí. Como bien decís, me interpelé mucho, puse a prueba mi posibilidad de decir lo mejor que puedo, sin salirme nunca de la teoría psicoanalítica o marcando cuando me salgo: ‘esto ya no es de la teoría esto es mío’; pero creo que los lectores me han dado el permiso. Después de siete libros y más de un millón de ejemplares vendidos, me han dado el permiso para decir ‘esta es mi voz’.

-Entonces ¿quiénes lean Cara a Cara se van a encontrar con tu opinión?

Yo, hasta ahora, vine contando qué es el psicoanálisis, explicándolo, tratando de difundirlo. Y me han dado el permiso de decir, además de eso, ‘yo creo esto y pienso esto’. Casi digo ‘opino’, pero no es opinión, porque tengo un tema bastante conflictivo con la opinión.

Hacemos un paréntesis en la charla y Rolón se toma el tiempo para explicarse: “Creo que la opinión ha matado al pensamiento. Me preocupo mucho por pensar más que por opinar, creo que lo que alguien dice debe estar fundamentado, y eso es un pensamiento. En cambio, una opinión es para mí. Quiero decir: para mí esto es así, y ¿cuál es el fundamento? Ninguno, es así para mí. Entonces, veo muchos programas de televisión, por ejemplo y, ¿Dónde está el pensamiento? ¿Quién justifica y dicen ‘es mi opinión’? Mi opinión no basta. Me parece que no basta para escribir un libro y para fundamentar. Porque hasta el pensamiento puede ser contrariado por un pensamiento, opuesto pero es diferente cuando vos discutís con argumentos que cuando discutís con opiniones. Y Cara a cara tiene mucho de mi pensamiento”.

La conversación avanza y se acerca la hora de la charla. Afuera ya no se ve el tumulto de gente. Están en la sala, esperándolo. Y a mí me surge un sinfín de preguntas.

-¿Cómo fue el proceso de selección de temas, en qué te basaste para hacer este recorte?

Yo creo que las temáticas que se incluyen en el libro son mis obsesiones actuales. Algunas me recorren desde siempre, otras vienen de la generosa participación del público y los lectores en mis charlas y conferencias, porque me he ido de muchas charlas con alguna pregunta de la gente que me hizo pensar en alguna temática… a veces me iba diciendo ‘no me quedé conforme con esto que respondí’. Y, por ahí, es que yo no lo tengo del todo claro y en la inmediatez de la respuesta no quedé conforme. La gente te genera eso: me he llevado temas que después quedaron en mi mente como obsesiones propias y que este libro me ha dado la oportunidad de plasmar. Pero no sólo mi interés. Como sujeto humano que soy me pasa lo que les pasa a los demás y temo un montón de cosas a las cuales los demás también temen.

Ya no queda más tiempo. Gabriel Rolón tiene que ir a dar su charla ante las 700 personas que colman la sala de conferencias del hotel y esa misma imagen de  la gente acomodándose en las sillas, dispuestas a escuchar, me motivó a preguntar…

¿Cuáles crees que son los motivos que movilizaban a las personas a llegar hasta acá para escucharte, en un día lluvioso, que compran tus libros y te siguen?

Me gustaría creer que es el fruto de la honestidad. Yo sé que hay escritores que escriben mucho mejor que yo, sé que hay pensadores que piensas mucho mejor que yo, hay comunicadores que tienen mucha más experiencia que yo. Lo que siento que me une con la gente es que sé que la gente siente lo que digo. Soy honesto, si me equivoco lo hago con honestidad, siempre digo desde dónde hablo o dónde estoy parado. Nunca tiro un pensamiento como si fuese una verdad absoluta. Aprendí, y esto se lo debo a Alejandro Dolina, que sólo tengo que hablar de aquellos de los que voy a hablar bien y si no, no nombro a nadie.

También es cierto que mi profesión genera que alguien pueda acercarse  y decirme ‘su libro me hizo pensar en la muerte de mi padre’, ‘gracias a su libro yo pensé sobre el duelo’, ‘yo perdí un hijo’, ‘me ha dejado mi pareja’. Y es que los temas que  trato son muy profundos e íntimos. Y trato todo el tiempo de no caer en la ingratitud: creo que eso es lo que me une con la gente.

María Florencia Gilardi

@flochii7

 

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