Tal vez el autor más prolífico de Mar del Plata, habla de todo lo que una periodista literaria no hubiera querido preguntarle, pero no puede evitar.

 

Hace calor. Demasiado. Con Sebastián Chilano quedamos en encontrarnos en un café que, ahora estoy segura, ambos pensamos que tenía aire acondicionado y nos equivocamos olímpicamente. Mientras lo espero pido para tomar lo más fresco que veo en la carta y hablo por teléfono con mi mamá. Esa conversación -lo que le cuente al escritor sobre ese intercambio- quedará luego plasmada en la dedicatoria del ejemplar del libro En tres noches la eternidad, que Chilano me escribirá. Curioso y revelador.

Es tímido, Sebastián Chilano, pero generoso en sus ganas de contar. Empiezo con una perorata insoportable sobre cuestiones que no le interesan a él y, pronto me daré cuenta, tampoco a mí. Pero él escucha, supongo que porque es médico y está entrenado, y entonces pregunta y sugiere y sigue escuchando. Mi verborragia innecesaria y su modo incómodo pero dispuesto, sorprendentemente, podrían constituir la piedra fundacional de nuestra charla sobre la literatura (universal), el pago de impuestos, el verano marplatense, las cosas en las que invertimos el tiempo las personas y tantos otros temas que nunca se reflejarán en esta nota.

Y en un momento de toda esa maraña en la que nos reímos de nuestros roles de entrevistado y entrevistadora, saltando de tema en tema, yo aprieto el botón REC en el teléfono mientras le digo que me da la sensación de que es el escritor marplatense más prolífico de los últimos años.

-Esto no está probado científicamente…

-“En publicaciones… podría ser”.

-Es una conclusión de lectora, porque lo que ustedes escriben en sus casas nosotros no lo vemos… 

-“Entonces calculo que sí, un libro por año es mucho”.

-Tenés una referencia con César Aira ahí también…

-“Digamos que ya me sacó ventaja. Saca 3 libros por año más o menos. Igual ahora está publicando menos: ya comenzó a reeditar”.

-¿Te interesa ese nivel de producción o querés tomarte más tiempo con cada libro?

-“Si me hubieses hecho esta pregunta hace un año, te decía que sí: me encantaría publicar más. Escribo a ese ritmo. Lo más desesperante son las novelas que están en casa… Me desesperan las novelas que tengo guardadas en el cajón, en la computadora, que deben ser seis o siete. Pero hoy pienso que, quizás, tenga que darme más tiempo entre libro y libro… creo que debí darle más tiempo a Méndez para que haga su recorrido antes de sacar En tres noches la eternidad…  los libros tienen un camino que recorrer que no es al ritmo que el autor quisiera.

Méndez salió a fines de 2014 y En tres noches la eternidad, a fines de 2015. Casi terminaba el año y yo estaba preocupado porque no había publicado.  Yo pensaba que cada seis meses estaba bien, pero ahora me doy cuenta de que tengo que esperar un poco”.

-En tus novelas hay una predilección de Mar del Plata y, aunque pudiera parecer lógico porque sos de acá, eso no pasa siempre en la literatura de otros marplatenses…

-“Soy un escritor bastante vago en cuanto a los escenarios. Me cuesta mucho imaginar escenarios que no conozco y me resulta mucho más fácil si yo ya sé que en la esquina de Falucho e Hipólito Yrigoyen hay un bar, una plaza y un edificio. Eso me ayuda mucho con la escena. Me gusta mucho la parte de Mar del Plata que va a Santa Clara y por eso las novelas se me suelen ir para ese lado”.

-En la vida de los escritores hay como dos facetas: una, en la que estás cómodo en tu casa escribiendo y sos feliz. Le mostrás a tus amigos y les encanta y todo eso; y otra, en la que tenés que ir con el librito bajo el brazo a las ferias, a las charlas, darlo a conocer, llevarlo a los medios… ¿cómo te sentís en esa faceta?

-“Me sigo sintiendo muy incómodo. De hecho, ahora estoy transpirando. Como todo en la vida, cuando empezas, uno es romántico. Yo pensaba: ´ Yo estoy en casa, escribo, corrijo, publico y viene el éxito sin que tenga que mostrarme en ningún lado´ y no es así… de ninguna manera. Al libro hay que trabajarlo cuando la escribís, cuando lo corregís y cuando lo publicás; y trabajarlo después de publicado es meterte en este baile de hacer contactos, mostrarlo… a mí todavía me cuesta mucho dedicarlo.

Es como en casi todas las profesiones: uno estudia y se prepara para ejercerla pero después, en la práctica, te das cuenta de que hay otras cosas que no te habían contado y que hay que hacerlas”.

Si esto fuera una novela de Chilano, tendría que aclarar que mientras dice las cosas que dice, el personaje detiene con la punta del dedo índice una pequeña gota que le corre por la cara. Se acomoda los anteojos una y otra vez, mientras vuelve con la misma insistencia a la taza de café que, en este caso, no se enfría nunca porque sigue haciendo quinientos grados. Hablamos de nuevo del calor. Hablamos de los Premios Nobel. Hablamos del gobierno anterior y del actual. Volvemos a los libros. Los libros de otros. Los propios. Y aunque nos seguimos riendo de todos esos temas, Chilano no va a dejar de transpirar hasta que vuelva a apretar el botón REC en el teléfono. O hasta que termine el café.

-¿Estás de acuerdo con que hay una generación de escritores marplatenses que tiene aproximadamente tu edad y que es, tal vez, la más numerosa que haya existido en la historia Mar del Plata?

(También nos reímos de mi exageración. Pero me quedo esperando la respuesta)

-“No sé, tendríamos que hacer un censo. Pero es verdad que hay muchos”.

-Se me ocurre que antes era más prolífera la poesía, pero ahora hay una tendencia que va más hacia la narrativa y específicamente, digamos, hacia la literatura negra.

-“ Creo que sí. Hay muchos escritores marplatenses muy buenos, un poco más jóvenes y un poco más grandes también. Y no tanto en poesía… pero no coincido en lo de novela negra. Me parece que en la novela negra se dio un vuelco con el Festival Azabache que nos concentró y ahí quedó Mar del Plata etiquetada, pero en realidad no son tan negras las novelas marplatenses. Salvo Juan Carrá –que debe ser el más auténtico del género- los demás escritores contemporáneos no son tan policiales. Vos leés Méndez, y no es tan policial. Agarras Chinardos, de Fernando de Río, y no es tan policial. También tenés muy buenos cuentistas que van por el lado de lo negro, del humor y no tanto por el policial”.

-Y ya que hablamos de cuentistas marplatenses, vos ¿qué problema tenés con el cuento?

-“¡No!…  tengo montón de cuentos, pero no publico. Una vez pensé en dárselos a unos amigos, que me lean, que me hagan una selección, que me digan qué cambiar y hacerlo. Pero después me eché atrás… igual, te voy a decir algo: todas mis novelas tienen un cuento adentro.

Yo pensaba que las ideas eran ilimitadas, pero después te das cuenta de que no y que tenés que empezar a echar mano de cosas de las que ya hablaste. Y empezas a estirar las poquitas ideas que tenés. Hay muchos cuentos que después terminan encajando en una novela o son el germen de una novela. Méndez era un cuento. Era un cuento extenso y totalmente insulso y después fue variando hasta convertirse en novela. Pero no me siento cuentista”.

Literatura a cuatro manos o de cómo fluyen las ideas

-Una cosa que me juré que no te iba a preguntar y que ahora cambié de opinión es ¿por qué lanzarse al mundo de la literatura -o a publicar- con una producción a cuatro manos como Furca, La cola del Lagarto?

-“Supongo que son varias razones. Primero tengo que aclarar que no surgió como algo intencional. En realidad, fue casi un juego… con Fernando (del Río) empezamos a charlar pavadas y surgió la historia. El protagonista está inspirado en una persona real. Y nos dijimos ´qué bueno escribir una novela con un personaje así´. Y  nos sentamos a escribir un capítulo cada uno. Lo leímos, nos gustó y nos preguntamos ¿nos mandamos a la literatura de a dos? Y lo bueno fue que, cómo éramos dos, la edición nos salió la mitad. Y, de hecho, gracias a esa novela conseguimos el contrato para publicar individual. Pero cuando hicimos El geriátrico, que lo hicimos sin jugar, no fluyó tanto, nos costó mucho”.

-Pero, además, ya estaban cada uno con su tono, su voz propia más definida… Vos ya habías publicado Riña de Gallos y Fernando, también… Y, visto a través del tiempo… ¿qué tan lejos te sentís del que escribió Furca al Chilano de En Tres noches la eternidad?

-“Lejísimos. Aunque siempre hablamos con Fernando de escribir una tercera, cuarta o quinta parte. Sólo para divertirme. Porque ese era el espíritu de Furca. Ese juego es la razón por la cual te lanzas a la escritura. Hoy pienso que el desafío sería ver si puedo volver a recuperar algo de aquel Sebastián que firmó Furca hace nueve años”.

-Nueve años y cinco novelas…  ¿Podrías retomar ese feeling, o  hacerlo con otra persona?

-“Bueno, el año pasado con Tatiana Goransky escribimos una novela que está terminada. La corregimos mucho -cosa que no hay que hacer- y la corregimos tanto que en algunas partes ya dejó de fluir. Así que nos tomamos un impasse para después darle un toque final. Fue loco esto de volver a escribir con otra persona. El hecho de que sea a larga distancia fue bueno porque no te peleas tanto. Con Fernando hubo semanas en que no nos hablábamos. Hemos estado peleados por una coma, por un sinónimo… un capítulo era para batirnos a duelo.  Con Tatiana también discutimos pero fue más por mail. Sólo a veces mensajito de WhatsApp o llamadas”.

-Y ¿tiene título esa novela?

-“Todavía lo estamos discutiendo…”

-¿Podrías, en algún momento, considerarte un escritor de sagas?

-“Intento. Pero hay finales que merecen ser así. Hoy pensaba justo en la película Matrix. Y pensé: ´Qué buena que está la primera, y qué malas las otras dos´. A veces hay que bancarse un final abierto, ese era abierto pero cerraba. Méndez es el final más abierto de todos los que escribí hasta ahora pero me parece que está bien que termine ahí. Al menos de las que están publicadas hasta ahora. Salvo Tan lejos que es mentira, que tiene un final completamente cerrado y ya escribí la segunda parte… a modo de desafío. Es una segunda parte engañosa”.

-Antes había una idea de que para ser escritor había que irse a vivir a Buenos Aires…

-“Yo creo que eso sigue pasando. De hecho, en algún momento lo habré pensado. Pero después pensé que en realidad eso no importa, lo único que importa es escribir y el siguiente paso en las prioridades es publicar. Después, cómo considerarán tu obra… bueno no lo podés manejar. Quizá no lo sepas nunca. Quizás llegue el reconocimiento mientras estás vivo o muerto o no te llegue nunca y les quede unos libros a tus nietos: ‘Mira la porquería que escribió el abuelo!´ Y siempre está esa sensación de que todo pasa por Capital. Si bien acá hay mucha movida literaria, pero está muy dispersa. Si vas a las presentaciones, notas que es así.  Yo creo que si triunfaras en Capital viviendo acá te reconocerían los marplatenses. Como Soriano, que está cada vez más marplatense”.

A mitad de charla –o menos- decido apagar la grabación porque ya no sé qué se puede considerar entrevista y qué no de este intercambio de café a quinientos grados a la sombra, sin aire acondicionado. Mientras hablamos me doy cuenta de que esta nota terminará siendo demasiado extensa, pero ahí reside la arbitrariedad en la que se reconocen el periodismo y la literatura. Y apoyada en eso, decido omitir las opiniones sobre los ganadores de los premios nobel de literatura, mis percepciones sobre el realismo mágico y su reacción al respecto, la coincidencia sobre la novela que no nos gustó y una infinidad de temas que no vienen a la ocasión, o sí, pero que requeriría una entrega por ediciones.

A modo de despedida, casi prometimos prestarnos libros. Yo le daría uno de Piglia si él me prestara uno de Aira. Difícil.

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