Jasper Gwyn era un hombre exacto, incluso en el error”. Así me presentó Mariano a Alessandro  Baricco un mediodía. Debo decir que esa sola frase alcanzó para generarme cierto entusiasmo por el autor italiano.

Así llegó entonces, primero Mr.Gwyn, luego Tres veces al amanecer, Seda, Ilíada, Océano mar y cada vez más espacio en mi biblioteca lo tenía como inquilino. Pero, ¿cuál era el secreto de Baricco? ¿Qué historia detrás de sus historias generaba tal entusiasmo?

“Volverán. Es siempre difícil resistir
la tentación de volver, ¿no es cierto?”
Seda

Baricco hace fácil lo difícil. Es decir, sus letras sencillas, que no es lo mismo que simples, logran expresar al Hombre. Logran darnos motivos para reconocernos y así reconocer el mundo que nos rodea.

Sus letras, así, nos permiten tomar conciencia de todo aquello que solo la literatura posibilita que entendamos sobre nosotros mismos y sobre todo el contexto que nos rodea. Pero no se trata de un saber práctico en Baricco. Se trata de todo aquello que no se puede decir con palabras.

“Si hay alguien capaz de hacer algo así y de regresar sano
y salvo, grande será su gloria entre los hombre”
Ilíada

En el trayecto que marca en muchas de sus obras, está incluida la voz del silencio. De su silencio. Y del silencio del lector. Oraciones cortas. Párrafos breves. Todo extensamente seductor para aquel que se planta frente a las letras. Y en esa musicalidad de las frases está uno de sus secretos. Logra que la novela suceda por el hecho de ir siendo contada y leída. Un suceder que es excusa para hablar, pensar y sentir sobre otra cosa, sin dejar de ser ella misma. Quiero decir que en una de sus historias hay muchas historias. Algunas tantas de él y otras tantas que aporta el lector.

“Por tanto me resulta claro que nunca moriré salvo en
gestos pasajeros y en momentos olvidables”
Emaús

Para contar aquello  que nos ocurre y nos hace ser, no basta con un buen relato. No alcanza con representar una  buena peripecia. A uno pueden contárselo y creérselo si los actores son actores potentes. Y los de Baricco son personajes entrañables. Desde su versión de Aquiles o Ulises, pasando por Jasper Gwyn, quien quiere dejar de escribir porque “un día se dio cuenta de que ya no le importaba nada de nada, y de que todo lo hería mortalmente” para dedicarse a pintar retratos; o Danny Boodman T.D. Lemon Novecento, un fabuloso pianista que ha nacido en un  trasatlántico que recorre la ruta entre Europa y América, y del cual nunca se ha bajado; hasta Plasson, el pintor que quiere encontrar el principio del mar,  Hervé Joncour y sus dudas, o Helene y todo su amor.

Ellos, todos ellos, ilustran conflictos existenciales. Todos ellos nos muestran que estamos hechos de certezas, pero también de lo que pudo haber sido y ahí es donde aparece el conflicto, las sombras, nuestros fantasmas.

“Por un instante pensó  que nada iba a poder impedirles
morir juntos, después de haber vivido juntos para siempre”
Mr Gwyn

Las letras de Baricco son una fiesta de la palabra poética, de la profundidad del pensamiento y del sentir. Una fiesta donde se ordena el espíritu para embellecerse. Una fiesta que merece  ser leída aún en la exactitud de un error.

*Bernabé Tolosa es periodista y profesor de Lengua y Literatura de la ciudad de Mar del Plata.

@bernabetolosa

 

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