Por Martín Kobse

Desde hace un par de décadas, es extraño que surja un escritor que no haya dado sus primeros pasos en un taller literario. Sin embargo, muy pocas universidades o institutos terciarios incluyen en su propuesta educativa una carrera de escritura creativa. Los talleres literarios, dictados generalmente en las casas de los escritores que los coordinan,  se han constituido en el espacio de formación de quienes pretender aprender a escribir.  

En Mar del Plata, desde 2017, existe el Taller de narrativa, a cargo de Emilio Teno y Mariano Taborda. Leemos los entrevistó para conocer en qué consiste un taller literario.

-¿Todas las personas que se anotan en un taller literario quieren ser escritores?

Emilio Teno: -No, no todos quieren ser escritores. Muchos se acercan con inquietud por la lectura y el análisis de textos. Otros para adquirir herramientas de escritura que les puedan servir para sus disciplinas laborales. Abogadas, psicólogas, escribanos, diseñadores y también muchos asistentes de otras disciplinas artísticas como la música, la fotografía y la pintura. Los grupos del taller son heterogéneos y esa condición los vuelve mucho más ricos a la hora del trabajo colectivo. La comprensión de las estructuras narrativas, la adquisición de técnicas de escritura y lectura crítica son recursos aplicables no solo a la propia literatura. Después, por supuesto, están aquellos que quieren adquirir el oficio de escritor: trabajar una obra y publicarla.

-¿Además de sugerirles lecturas, se les puede aportar fórmulas, métodos y trucos a los talleristas?

Mariano Taborda: –No existen trucos ni tips para escribir. Se necesita trabajo, mucho trabajo. Nosotros descartamos, desde un principio, la idea de que quien escribe es una suerte de médium entre las musas y el papel, alguien que recibe la inspiración. Lo que hacemos en el taller es ver todos los elementos que componen un texto literario. Pensamos, ponemos en común las herramientas e intentamos hacerlas funcionar en los textos que los talleristas escriben. Además de las cuestiones técnicas, pensamos también en aspectos políticos y filosóficos de la literatura. Uno de los ejes transversales de todos los niveles es pensar cómo podría ser una narrativa del siglo XXI. En general nos cuesta mucho dar cuenta en los textos del mundo en el que vivimos.

-Sin contar lo sintáctico y ortográfico, ¿qué corrigen en un texto del taller?

ET: -La corrección es una de las instancias clave del aprendizaje y le damos un espacio en el taller. Los asistentes tienen consignas de escritura para cada encuentro y la corrección y la devolución se hacen en la misma clase. Se corrige a todos los niveles. Si bien el nuestro no es un taller de ortografía, cada elemento comunica. Se trata de lograr la eficacia del texto, de que a nivel sintáctico, semántico u ortográfico todo esté dispuesto a esa finalidad. Los aspectos a tener en cuenta a la hora de corregir son múltiples: pertinencia del registro, trabajo con la temporalidad, manejo del narrador, punto de vista, desarrollo de los personajes, entre otros. Todas las devoluciones tienen su explicación y su argumentación. Nunca es una cuestión de gustos o de afinidad temática. Cada alumno escribe sobre lo que quiere. Se trata de, a través de la técnica, volver ese texto lo más eficaz posible. También, paulatinamente, los asistentes adquieren las herramientas necesarias y el criterio para corregir sus propios trabajos. 

-¿Se aprende a escribir ficción? ¿O hay que contar con cierta predisposición artística, con un talento especial?

MT: –En el primer encuentro de los grupos nuevos siempre decimos que si cumplen con los ejercicios de escritura y con las lecturas, en la semana diez habrá una mejoría notoria. Tenemos muchos ejemplos que nos enorgullecen. Gente sin experiencia de escritura ni de lectura de ficción, que logró textos extraordinarios trabajando con las técnicas del taller. El estudio da una idea sólida de cómo funciona un texto. Después está el enfoque, cómo se mira. También está el talento, la sensibilidad, la apuesta. No todos los textos (más allá de que se maneje la técnica de forma sólida) tienen el mismo valor; pero, con trabajo, se aprende a escribir ficción. No es diferente a cualquier otro oficio.

-¿Quiénes pueden ser considerados escritores? ¿Los que tienen un libro publicado, aunque no escriban más? ¿Los que escriben, aunque no hayan publicado nunca?

ET: Nosotros entendemos que ser escritor es como ser carpintero, tornero o ceramista. Es un oficio y, por lo tanto, no hay otra manera de aprenderlo que estudiar sus técnicas y ponerlas en práctica. Nadie puede darte un título de escritor porque no depende de unos saberes abstractos sino de una práctica cotidiana. Uno no le pide el título al mecánico de la esquina; lleva el auto porque hace bien su trabajo, porque conoce su oficio. Y lo conoce porque lo ejerce cotidianamente.

-¿Se han encontrado con talleristas que emplean lenguaje inclusivo? ¿Cómo responden a esa cuestión?

MT: –Las temáticas de género son muy frecuentes, son inquietudes que se repiten en los textos que corregimos todos los días. Algunos de esos textos están escritos en leguaje inclusivo. Consideramos que el lenguaje es un territorio de disputa y está abierto. El criterio que empleamos es el mismo que con el resto de los textos: determinar si en esa ficción en particular funciona bien. Hay que tener en cuenta qué es lo que se cuenta, cómo es ese narrador, qué nos aporta ese recurso. A priori no está ni bien ni mal. Más allá de la simpatía que podamos tener con ciertos derechos que se conquistan, en términos técnicos lo pensamos del mismo modo que un narrador que utiliza metáforas: para un texto puede ser necesario, para otro no.

-¿Por qué no hay carreras universitarias o terciarias de escritura creativa?

ET: –En los últimos años se han ido creando, en Argentina, carreras, maestrías y licenciaturas en escritura creativa. En la Universidad Nacional de Tres de Febrero o la Universidad Nacional de las Artes. En otros países, hace mucho que esto está institucionalizado. A mi modo de ver este surgimiento tiene que ver con la necesidad de cubrir una demanda de muchos que iban a buscar en la carrera de Letras las herramientas para ser escritores. Letras forma investigadores o docentes, no escritores. En Mar del Plata, no hay una carrera que se centre en la escritura creativa.   

-¿Por qué creen que los talleres literarios surgieron de manera tan tardía, al menos en la Argentina? Antes que talleres literarios hubo institutos, academias o escuelas  donde formarse como pintor, músico o bailarín…

MT: –Tal vez tenga un poco que ver con la idea de que el escritor es alguien que recibe la inspiración y que trabaja en forma solitaria. Justamente el taller apunta a romper esas dos ideas: se trabaja y además se comparte; los compañeros y compañeras aportan al proceso del resto. Hubo grandes escritores que dictaron talleres. En Mar del Plata hubo uno mítico, del que salió toda una generación de escritores. Me refiero al taller que creó y coordinó durante años Daniel Boggio.

*Martín Kobse es marplatense, periodista y locutor. Actualmente, se desempeña en Radio Universidad y conduce el Ciclo Los otros libros por el canal de televisión de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que va por su segunda temporada.

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