¿Quién no ha intentado, alguna vez, “tratar” una pena de amor con chocolate? En El secreto de Jane Austen, de Gabriela Margall, el chocolate es el elixir recetado por un un grupo de amigas de la protagonista como terapia para enfrentar el síndrome del corazón roto, claro, por un hombre al que le había puesto “todas las fichas”.

Aunque no se pueda garantizar que cantidades irreverentes de chocolate tengan el poder de curar el corazón roto ni hacer olvidar a quien fuera responsable de la herida, sí es verdad que, al menos, cumple la función de proveer una buena dosis de dulzura y bienestar y, con ello, pasar mejor ese período.
Laura Robles, la joven investigadora y escritora oculta que crea Margall en esta novela, da cuenta de una generosa porción de una torta que sus amigas recomiendan en casos extremos, como el “provocado” por Julián Cavallaro.

Pero El secreto de Jane Austen es una novela y, como todas las de Gabriela, de amor. De modo que Cavallaro, que actúa, en un momento, de manera deleznable, movido también por su corazón herido, cae en la cuenta de su error y logra reivindicarse. La segunda oportunidad para esta pareja comienza a gestarse en el café/panadería de Lorena, hermana de Julián y autora de la bestial torta de chocolate y también de los sutiles y delicados  macarons que Laura prueba en un reencuentro que tiene sabor a tregua primero y a reconciliación después.

Es un libro ágil, fresco, con diálogos super divertidos y personajes secundarios ricos y queribles, como los tíos Claudia y Renato, la amiga Ana, los compañeros de cátedra Elsa y Alejandro, Lorena y Toro, el escritor Daniel Flehr y Alicia Dorrego. Hasta el gato de Laura, Darcy, forma parte de tramos muy entretenidos de la novela.

La protagonista hace gala de su gusto y conocimiento gastronómico. Figuran en las propuestas con que la agasaja su tía, en las pizzas que disfruta con sus amigos, en las tardes/noches con Ana y Alicia y en su debilidad por la merienda “María Cala” de la famosa y selecta confitería Las Violetas, además de las ya comentadas tentaciones de chocolate y macarons.

Los macarons requieren bastante técnica, paciencia y no es común que salgan bien al primer intento, por lo que en esta columna vamos a hacer honor a esta lectura con una versión de la torta de puro chocolate similar a la que en el texto de Margall describen como “pornográfica” y que incluye “masa húmeda, crema de chocolate en una capa, chips de chocolate en la crema de la segunda capa, baño de chocolate por fuera y chocolate en rama para la decoración“. Los macarons, pueden conseguirse en algunas confiterías y, si quieren, pueden incorporar uno o dos como decoración de la torta de chocolate.

Es una buena receta para acompañar con un rico te o café y la lectura de esta novela, sobre todo, los tramos en los que los protagonistas debaten sobre Jane Austen y las temáticas de sus obras, ideas para nuevos libros o, inclusive, Los Beatles.

Manos a la obra:

Para la masa de chocolate, vamos a recurrir a la versión comodín -esa que luego combino con lo que se me ocurre o con lo que tengo a mano-: 1 taza de harina leudante tamizada / 2 huevos / 1/2 taza de azúcar (en este caso usé negra porque contribuye con la humedad y el color) / 1/4 taza de aceite neutro / 1/4 taza de leche / media tableta de chocolate semi-amargo derretida.
Para hacerla, mezclar en un bowl grande todos los ingredientes (en el orden listado) batir enérgicamente hasta que se integren bien, disponer en un molde de tortas de 18 cm. de diámetro y llevar a horno bajo, precalentado, por media hora. Controlar introduciendo un palillo en el centro, si sale seco, es hora de sacar del horno, sino, dejar 5 o 10 minutos más.

Mientras la torta toma temperatura ambiente, realizar el relleno con: 1 pote de crema de leche / media tableta de chocolate semi-amargo / chips de chocolate o una o dos barras de la tableta picados.

Derretir el chocolate. Batir la crema de leche, agregar el chocolate derretido, seguir batiendo otros minutos. Reservar en la heladera. Puede reemplazarse el chocolate derretido por cacao amargo. Otra opción es agregarle a la crema una cucharada de café instantáneo.

Cortar la torta dos veces. Si quieren, pueden sumarle humedad a la masa con un almibar común, almibar de café o almibar con algún licor. Sobre la capa inferior disponer la mitad de la crema de chocolate y los chips de chocolate. Disponer la segunda capa de torta, encima la otra mitad de la crema y la tercera capa de torta.

Llevar a la heladera mientras se prepara la cobertura, con una tableta de chocolate semi-amargo y un trocito de manteca (para dar brillo).

Derretir cuidadosamente el chocolate, con la manteca -puede ser también con apenas un chorrito de leche para que quede más fluido. Retirar la torta de la heladera y bañarla con la crema de chocolate.
Antes que la cobertura se enfríe, decorar con virutas de chocolate o con chocolate en rama.

@clauroldosmdp

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