El 4 de septiembre de 1957 hacía su primera aparición una historieta que se convertiría en un mito en la literatura Argentina. Su autor fue Héctor Oesterheld y su ilustrador Francisco Solano López, dos nombres que trascenderían la historia tanto nacional, como de toda América Latina.

Aquello que comenzó siendo un cuento corto de apenas 70 cuadros, finalizó siendo una historia que logró posicionarse como uno de los íconos más importantes de nuestro país. El Eternauta se publicó originalmente en fascículos de tres paginas en cada entrega, manteniendo al público atrapado en una historieta que se publicó durante dos años, entre 1957 y 1959.

La historieta pertenece a un género que en aquella época no era habitual en la Argentina: la Ciencia ficción. Este tipo de relato imagina versiones modificadas de nuestro mundo, por lo que suele adoptar la forma de la anticipación para configurar una fase futura del presente desde el que escribe el autor. Aunque tampoco faltan los casos en los que la acción se ubica en un pasado o en un presente alternativos.

Entonces, ¿de que trata El Eternauta? La trama se centra en una invasión alienígena a la Tierra mediante una tormenta de nieve tóxica que acaba con la mayor parte de la población, motivando la resistencia de los ciudadanos de Buenos Aires. Su protagonista es Juan Salvo, el Eternauta, quien en un ejercicio de metaficción narra la historia al propio Oesterheld, al que se le aparece en su casa una noche en la que el autor imaginaba una obra. Así se da inicio a una serie de sucesos que terminarán obligando a Salvo a tomar acción y, finalmente, a vagar a través del tiempo para reencontrar a su familia.

Quizás una de las cuestiones más interesantes es que los hechos se producen en Buenos Aires, en lugares muy reconocidos. El estadio de River, las Barrancas de Belgrano, Plaza Italia o el Congreso son algunos de los sitios que utilizó Oesterheld para dar forma a su historia. Lógicamente, esto produjo desde un primer momento una empatía en los lectores, una sensación de cercanía.

Hacia 1978 ediciones Record se interesó en publicar una segunda parte de la historieta, que otra vez fue dibujada por Solano López. Sin embargo, debió ser finalizada por otro guionista, ya que en medio de la última dictadura militar Oesterheld fue secuestrado y asesinado, no pudiendo culminar con su labor.

Por esto y mucho más la historieta se transformó en un símbolo. Según el propio Oesterheld, el héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual, el héroe solo. Esto escribió en el prólogo de la primera edición en libro. Probablemente sea el mensaje más fuerte que esconde tras sus líneas y dibujos, ya que no solamente narra una simple aventura de Ciencia ficción sino que, de acuerdo a la forma en la que se lea, en la que se la piense o entienda, adquiere un sentido diferente, una significación que se construye y reconstruye sus lectores.

La resistencia es y será el objetivo central de una historia que traspasó generaciones, épocas y décadas. Una historia que conversa con el pasado, pero también con el presente y el futuro de la Argentina. Una historia que nos invita a entretenernos, a pensar y buscar nuevos sentidos. Una historieta que sin dudas no puede faltar en nuestras bibliotecas personales.

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