Fue escrito por el crítico literario Maximiliano Crespi, que accedió a la mayoría de las historias relatadas en Pasiones terrenas mientras estudiaba y trabajaba de bibliotecario.

Por Martín Kobse*

Karl Marx se casó con una joven de familia rica. Con el regalo de bodas, viajaron de luna de miel. Cuando regresaron, no les quedaba un centavo de la fortuna que habían recibido de regalo: en las distintas ciudades que habían visitado, Marx y su flamante esposa entregaron su dinero a cada menesteroso que se les cruzó en el camino. Siempre al borde de la pobreza, ya radicado en Londres, Marx recurrirá para sobrevivir a su gran amigo Federico Engels, hijo de un industrial textil multimillonario. Si bien Engels era alemán, su padre tenía una fábrica en Manchester, adonde lo envió para que la administrara y, además, para que abandonara sus ideales revolucionarios. Engels no sólo no abandonaría sus posturas políticas, sino que pasaría años manteniendo a Marx para que el filósofo terminara, de una vez por todas, El Capital.

Marx escribió su monumental obra mientras su esposa criaba a los hijos de ambos, ayudada por una criada, Helena, que no tardaría en devenir amante de su empleador. Helena, encargada también de ordenar los manuscritos de El Capital, le ganaba a Marx la mayoría de las partidas de ajedrez que disputaban.

Esta historia es la primera de Pasiones terrenas, un libro escrito por Maximiliano Crespi, que también incluye relatos sobre las vidas de Vladímir Lenin, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Walter Benjamin, Louis Althusser y André Gorz. Crespi cuenta que accedió a estas historias mientras estudiaba la obra de cada uno de los autores mencionados. “En todos los casos, son obras densas, complejas. Yo aliviaba la difícil tarea de comprenderlas con la lectura de las biografías de sus autores, mientras trabajaba como bibliotecario”, revela Crespi, doctor en Letras e investigador del Conicet.

“La idea de dar cuenta de la carnadura de esas “pequeñas” historias, con sus momentos de entrega total y de arrebato emotivo, pero también de resentimiento, mezquindad y cálculo egoísta, tenía que ver con un intento de poner en discusión el criterio naturalizado en nuestros días de que el amor es un tema cuyo patrimonio pertenece necesaria e ideológicamente a la derecha. Una derecha cuyas narrativas contemporáneas infantilizan al amor, banalizándolo y mistificándolo justamente porque lo aíslan de las otras pasiones con las que convive: la política, la filosofía, la historia”, explica el autor.

Interrogado acerca de la influencia de las vidas sentimentales sobre las obras de los autores que incluye en el libro, Crespi responde: “Siempre me interesó ver de qué manera y con qué potencia las relaciones afectivas eran capaces de condicionar o incluso de transformar la deriva de una producción teórica. El amor, que muchas veces nos salva, también puede ser el germen de nuestra destrucción”.

En otra de las historias de Pasiones terrenas, Crespi cuenta cómo Lenin dedica varios días para tomar una decisión que el líder bolchevique considera clave: aceptar la sugerencia de su esposa de terminar con el matrimonio que los mantenía juntos desde hacía años, e irse a vivir con su amante. Sí, su esposa lo amaba y admiraba tanto, que quería verlo feliz. Sin embargo, Lenin decide no divorciarse y renunciar al gran amor que sentía no por su esposa, sino por su amante.

El autor afirma que Lenin concluyó que su deseo estaba en segundo lugar respecto a la prioridad política. Porque cualquier cambio en el escenario de fondo de la facción bolchevique podría ser usado por sus adversarios. Los camaradas, pensó Lenin, podían sentirse desconcertados si de repente, su líder, a los 39 años, se separaba de su esposa, una estratega bolchevique. De ninguna manera, el líder de la revolución rusa iba a asumir ese riesgo. Y, por eso, permaneció junto a su esposa.

Tanto las dos historias mencionadas, como las que involucran a Gramsci y a Rosa Luxemburgo, entre otros, no dejan dudas de que todos los personajes elegidos por Crespi priorizaron su ideas filosóficas y políticas en perjuicio de sus vidas privadas. Tal vez sea esa la conclusión medular que subyace en cada uno de los capítulos de este libro.

*Martín Kobse es marplatense, periodista y locutor. Actualmente, se desempeña en Radio Universidad y conduce el Ciclo Los otros libros por el canal de televisión de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que va por su segunda temporada.

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