Miriam Molero escribe una novela que se presenta como una comedia policial. Es una denominación que llama la atención porque constituye una especie de oxímoron, es decir, una figura en la que dos términos que pueden considerarse de sentido opuesto se reúnen para crear un nuevo sentido. Quiero decir: en general, las cuestiones que suelen incluirse dentro del segmento policial no se asocian a “lo gracioso”, aunque si hay algunos ejemplos donde se cruzan, se superponen y se entrelazan, y en los que la tensión entre ambos tiene un efecto especial.

Pero en el caso de El rapto, editado por Vestales la carga está puesta del lado inverso: no solamente la construcción de los personajes, sus intervenciones y la contraposición de sus personalidades producen el efecto de desdramatizar y llevar a un clima desopilante todos los sucesos, sino que también el hecho mismo que desencadena la acción -lo que en cualquier policial o novela negra ocupa el lugar del crimen- en la novela de Molero pierde su “efecto policiaco” a las pocas páginas y el interés comienza a correr por otro lado.

Acá Catalina y Ramiro atan cabos, investigan y siguen su olfato para encontrar a Roberto, un reconocido semiólogo que aparentemente está desaparecido. La limpieza de su casa y un orden impertérrito les llaman la atención porque, según iremos conociendo a lo largo de la novela, Roberto es muy particular, goza de una capacidad de análisis privilegiada, con grandes logros y reconocimientos en el ámbito académico, pero no se le da semejante orden e higiene. Es el primer indicio de que algo anda mal.

Desde ahí, la autora construye una historia que del lado de afuera es comedia, en términos generales es una novela negra, pero que, además, nos propone un imperdible debate entre dos voces cargadas de simbolismos: el semiólogo y el cura que lo ha mandado a raptar. El tema: la pornografía, y un sobrevuelo sobre la propia iglesia católica, la pedofilia y, claro, cómo no, el intrincado poder en todo ello.

Propone así una trama en la que la palabra tiene la palabra: hay hipótesis, argumentaciones y análisis, donde se repasan respuestas alternativas a diferentes preguntas, y donde aparece la posibilidad de una lectura vinculada al ensayo.

La búsqueda, en El rapto, se da en diferentes niveles: Catalina y Ramiro intentan averiguar dónde está Roberto y quién se lo llevó, mientras que Roberto se propone descubrir -a través de las palabras- las razones por las cuales ha sido, en principio, raptado. Pero para saber todo eso hay que conocer también a la imponente Rita, las monjas secuaces, un productor que quiere ser llamado Dildo porque tiene más glamour que Consolador y al sacerdote que pule los bronces cuando no puede dormir, entre otros imperdibles personajes.

@trianakossmann

triana@revistaleemos.com

Comentarios

comentarios