Lunes de 35 grados en Mar de Plata. No hay palabras para describir lo necesario que se hace estar en la playa en un día como este. Miles de residentes y turistas lo comprenden claramente, porque en las calles no anda (casi) nadie.

En el foyer del Hotel Costa Galana me encuentro con unos colegas periodistas que también esperan para entrevistar a Viviana Rivero antes de su  presentación en el ciclo Verano Planeta. El diálogo empieza y termina, obligatoriamente, con la frase “¡Qué calor!”, entre comentarios similares y sin exigencias de sintaxis. Acordamos que no existe modo decoroso de sobrellevar esas temperaturas.

La autora, aunque llega envuelta en una nube de frescura de aire acondicionado, nos agradece a todos por habernos acercado a charlar con ella… con ese calor. Antes de volvernos monotemáticos, hablemos de amor. Y de historia.

Primero, me explica que su novela Mujer y maestra obtuvo un premio en San Luis y que por eso tuvo una primera edición limitada. “Las mujeres me lo pedían mucho en la Fan Page y yo lo hablé con mi editora de Planeta. Me propuso comprar los derechos y volver a publicarlo. Y salió… se había vendido bien, aunque los escritores nunca sabemos bien cuánto vendemos, pero estuvo un mes y medio en el ranking del Diario La Nación… y a mi me sorprendió ver que esta historia tenía bastante hilo en el carretel todavía”.

Hay escritores que tienen un ritmo marcado, que publican un libro por año porque las editoriales lo plantean así, en general, pero algunos producen mucho más que eso. ¿Cómo es tu ritmo de producción?

-Yo no. Saco uno por año y me cuesta. Es novela histórica, este libro es chiquito porque lo pedía el concurso, pero yo acabo de entregar mi próximo libro que va a ser de unas 400 páginas. Y la novela histórica tiene investigación, tiene relatos con fechas, se hace una cronología, vas haciendo pasar los años, tenés que corroborar las edades de los personajes, la evolución. Para mí sería imposible sacar más y eso que trabajo muchas horas por día. Últimamente, ya era de la mañana a la noche.

¿Tenías una fecha de cierre?

-Si, y eso que mis hijos están grandes y me ayudan. No me siguen el ritmo, los hago corregir conmigo. Yo les pago, pero llega un momento que no quieren ni que les pague… “Tengo una vida”, me dicen. También uso los novios… toda la familia ayuda.

Entonces, son tus primeros lectores…

-Sí, mi hija más grande me ayuda mucho. A ella le gusta escribir. Y me dice que le da pena que nunca puede leer bien el libro de punta a punta, de manera recreativa, porque siempre estamos viendo los detalles y las correcciones.

Me parece que, de las autoras del género en auge en este momento, vos eras una de las pocas que escribía con contextos históricos más próximos a nuestro tiempo. En este libro te fuiste al siglo XIX…

-Yo me dije “quiero escribir para un concurso”. Y busqué en internet y el tema era “La mujer en la construcción del país”. Estudiando me pareció que había encontrado que esto de las primeras maestras era ideal. Pero yo cuando elijo, busco otra cosa. Esta novela que acabo de entregar -que va a salir en abril- transcurre en 1920 y ahí ya hablan por teléfono, manejan autos… son los beneficios que tenemos actualmente. Más lento, más elemental, pero es lo mismo. Pero en Mujer y maestra es otra vida: la mujer con el corsé, no hay teléfono y tienen que escribir en papelitos, se pierden y se hace una confusión enorme. A mí me gusta lo otro porque logro que el lector se meta y ha sido un ciclo muy interesante para contar. Hay unos 50 años muy interesantes, en que la mujer se transforma en otra.

Sin embargo, en este libro abordas una etapa fundacional y donde la mujer encuentra un rol protagónico en la historia.

-Sí, ya empezaban los cambios, las ideas escandalosas. Cárcano, que es un personaje secundario, es quien escribe la tesis de que los hijos fuera del matrimonio tenían los mismos derechos que los hijos matrimoniales. Se arma un escándalo, pero ese fue el germen de las leyes que tenemos actualmente.

Hasta hace 20 años o menos hablábamos del género romántico como una literatura menor. Hoy arrasa con todos los rankings de venta ¿Hacia donde te parece que va este género?

-Decimos que es novela romántica porque cuenta una historia de amor, pero ya no es la novela rosa, en la que los protagonistas se conocen, pasa tal cosita, se casan. Acá pasan muchas otras cosas: hay parte de thriller, estafas, asesinatos, se cuenta un contexto histórico fuerte, con mucho tinte social. Es romántica porque tiene una historia de amor y es una parte importante del libro, pero tiene muchas otras cosas que tal vez una novela cien por ciento de amor, de besos y nada más.

El género se fue diversificando, justamente ¿Por dónde pensás que se puede seguir dando su evolución?

-El amor siempre va a estar de moda. Porque nos vamos a seguir enamorando. Y el amor nos va a marcar. Siempre va a interesar una historia de amor, más allá de que sea más rosa o menos rosa, de que sea un amor sórdido, que terminó mal o terminó bien. El amor es una de las fuerzas que mueve el mundo. Va a seguir evolucionando en este sentido: ya una cuenta una historia y no cuenta que hay casamientos, porque la gente ya no cree tanto en eso. Pero el amor, no. Todos seguimos creyendo en el amor.

Y, por último, en Mujer y maestra hablás de un país completamente dividido entre dos bandos muy marcados. Parece que es transversal a toda la historia, nuestra historia argentina. Y es imposible no hacer un paralelismo entre aquellas viejas divisiones. Creo que hay un modo de actualidad de la confrontación que traés en tu novela. ¿Te parece que es así?

-Yo creo que no nos vamos a liberar nunca de eso. Yo también, cuando lo escribía, lo veía. Y decía: “es lo mismo”. Creo que va a ser difícil. Pienso que se desarrolla un extremo y, por contraposición, se desarrolla el otro. Cuando hay mucho de esto, se va a la punta y empieza a haber de lo otro. Pero digo que en eso está también la riqueza. Cuando escribí esta novela pensaba que Córdoba fue siempre muy tradicional, muy conservadora. Por eso, aunque hubo muchos colegios normales en todo el país (que impartían educación laica), el que se fundó en Córdoba fue el que motivó la ruptura de relaciones con el Vaticano. Fue el único resistido de esa manera, tan física. Pero, si bien es conservadora al punto de hacer esto, unos años después, en 1918 se produce la Reforma Universitaria. Creo que a veces es rico. Si hay de los dos lados, vamos hacia algo.

La charla llega a su fin y la nube fresca de la conversación se evapora rápidamente, aun cuando lo primero que se ve a la salida del hotel es Playa Grande, sombrillas y mar… Tengo que volver al calor y ahora me parece que eso es lo único que puede dejar suspendido momentáneamente  al amor. Porque el mundo se detiene, al menos esta tarde de 35 grados; al menos hasta que podamos volver a respirar y esa fuerza que mueve al mundo lo ponga a rodar de nuevo.

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