Cenicienta nunca ocupó un lugar preponderante en la biblioteca de Agustina. De pequeña, intentamos varias veces con una versión que yo había conservado de mi infancia, ilustrada con las imágenes de Disney, pero nunca logramos pasar de la segunda página: era una versión especialmente fea, con textos mal traducidos y excesivamente extensos.

En una de esas frecuentes y necesarias (por razones de espacio) limpiezas de biblioteca, Cenicienta desapareció. Y como a la hora de comprar libros nuevos siempre había historias más divertidas, mejor ilustradas y menos estereotipantes –como por ejemplo, las de Winnie la Bruja-, el viejo cuento nunca fue reemplazado.

O al menos así fue hasta hace aproximadamente una semana, cuando Agustina acomodó en la biblioteca los tesoros traídos de la Feria del Libro de Buenos Aires. Entre ellos, uno llamado “Cinder”, con un llamativo zapato rojo dibujado en la tapa.

“Es una versión apocalíptica de Cenicienta, mucho más divertida e interesante que la original” me explicó Agustina, quien detalló que Cinder es el primer “retelling” (versión actual de un cuento clásico) de una serie futurista denominada Las Crónicas Lunares, escrita por la estadounidense Marissa Mayer. La propuesta se completa con Scarlet (versión de Caperucita Roja), Cress (Rapunzel) y Winter (Blancanieves).

La historia está ambientada en Nueva Pekín, un mundo apocalíptico en el que humanos, ciborgs y androides coexisten en precario equilibrio y amenazados por una extraña y caprichosa plaga mortal para la que los científicos no encuentran cura.

Cinder es una de las habitantes ciborg de ese planeta. Al igual que Cenicienta, realiza una tarea dura y mal paga que ya no es la de  limpiar casas sino el de reparar androides. En otras palabras, trabaja en un taller mecánico. También como Cenicienta, tiene una madrastra y una hermanastra que la odian y explotan, al tiempo que la obligan a dormir en una habitación llena de repuestos y a hacer los arreglos de la casa.

Pero también hay profundas diferencias respecto del cuento clásico. Una de ellas es que solo una de las hermanas es mala: la otra, llamada Peony, no solo es buena sino que es la mejor amiga de Cinder.

Otra diferencia es que aquí también hay un príncipe pero él y Cinder no se conocen en el baile sino un lugar mucho menos romántico: el taller mecánico, al que Kai (el heredero de la corona) recurre para que le arreglen un androide. A partir de allí comenzará a hilarse una entretenida historia que combinará momentos clásicos con personajes novedosos, como Levana (reina de la luna), y situaciones de tensión, como una rara epidemia que afecta a toda la humanidad.

“Es una historia entretenida -dijo Agustina-. Se lee fácil y al menos la versión que se publicó acá, en Argentina, está bien traducida, sin juegos de palabras incomprensibles o intrincados, lo que es importantísimo”.

Aclaró que “por supuesto tiene los clásicos personajes, como la madrastra malvada, las hermanas superficiales, la chica maltratada que se encuentra siendo la protagonista de una historia increíble y un príncipe con un corazón de oro atrapado por sus circunstancias. Sin embargo –continuó- también es una versión diferente de la historia tradicional, sin mensajes machistas ni hadas madrinas que salen de la nada a  solucionarle la vida a nadie. Es divertida. No se van a arrepentir de leerla”.

Lo cierto es que, aunque con algunos años de retraso, Cenicienta llegó a la biblioteca de Agustina. Y por su entusiasmo, no me extrañaría que pronto esté acompañada por sus viejas compañeras de viaje, Blancanieves, Caperucita Roja y Rapunzel.

 

 

 

 

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