Un mosaico. Esa es la imagen que utiliza la periodista y escritora Mariana Carbajal para describir a su último libro, Yo te creo hermana, editado por Aguilar. Siguiendo la figura elegida por la autora, las distintas piezas que conforman ese conjunto son alrededor de sesenta mujeres. Esto es, sesenta relatos narrados en primera persona por mujeres que en algún momento de sus vidas sufrieron algún tipo de discriminación, maltrato, acoso o abuso. Entre todos conforman lo que la autora también definió como “la cartografía del patriarcado en la Argentina”

Mariana Carbajal.

Lo destacable del libro es que no solamente el resultado final tiene sentido, sino que también cada relato es una pieza independiente capaz de representar, no solo el drama individual de cada una de las mujeres entrevistadas, sino además a esa sociedad que permitió -y en algunos casos hasta alentó- que ese drama se desarrollara.

Aunque las indudables protagonistas del libro son las decenas de mujeres –cisgenero, travestis, trans o lesbianas- entrevistadas por Carbajal, sería injusto no reconocer que ese protagonismo es posible gracias a la capacidad de escucha, la empatía y la sensibilidad puestas en juego por la autora en cada una de las entrevistas.

También merece destacarse el criterio de Carbajal a la hora de elegir los testimonios que luego volcaría en el libro, que no solo tiene la capacidad de reflejar el amplio universo femenino que integra nuestra sociedad –por sus páginas desfilan enfermeras, abogadas, mujeres en situación de prostitución, estudiantes, empresarias, militantes políticas, gremialistas, periodistas, monjas, empleadas, obreras, artistas, madres, hijas y abuelas, por solo mencionar algunas- sino también las distintas formas de violencia de las que se puede ser víctimas por el solo hecho de ser “personas con cuerpos feminizados”.

La frase “Yo te creo, hermana” se popularizó en Argentina en 2018 de la mano de diversos movimientos feministas (foto publicada en twitter por la comunicadora visual Ana Palaniuk)

Así, es prácticamente imposible para una mujer asomarse a las páginas de Yo te creo, hermana y no verse reflejada en alguna situación de discriminación, algún contexto violento, alguna acción de acoso o, incluso, un acto de abuso.

Semejante nivel de identificación tiene, obviamente, sus costos. Cada relato tiene la fuerza de una trompada en el estómago y el nudo en la garganta está garantizado, desde el primer relato, el mismo que recoge el testimonio de Carolina Carillo, una mujer de 47 abusada en una playa marplatense cuando tenía apenas 8 años –y el impacto será aún mayor si, como quien escribe estas líneas, quien lee es oriudo o oriunda de la (in)Feliz- hasta la última de las voces que aparecen en el libro, la de Federica González, quién logró –con el apoyo de otras mujeres- la condena social a un fotógrafo que abusaba de su prestigio profesional y elegía como víctimas a chicas en situación de vulnerabilidad.

Thelma Fardin durante la conferencia de prensa que ofreció junto al colectivo de actrices argentinas.

Entre una y otra, las historias de víctimas del patriarcado se van sucediendo, alternando nombres de figuras públicas -como los de la actriz Thelma Fardin, cuyo testimonio desató la campaña #MiráCómoNosPonemos, o la de la periodista Miriam Lewin, quien relató las vejaciones a las que eran sometidas las mujeres por su condición de tales en los Centros Clandestinos de Detención durante la última dictadura-, con otros menos reconocibles pero no por ello de menor preponderancia en el entramado general de testimonios e incluso algunos seudónimos, utilizados por temor a las consecuencias del relato.

Lo dicho: las lágrimas están garantizadas. Pero también es bueno saber que después de la lectura, el cuerpo se recompone y el nudo en la garganta se descomprime. Entonces los puños se cierran y las palabras reaparecen. Y es imposible no compartir esas historias tan lúcidamente recogidas por Carbajal. No se puede dejar de leerlas y releerlas. Pensarlas y repensarlas. Repetirlas hasta sabérselas de memoria y permitir que la alarma se dispare sola ante cualquier semejanza con la realidad (que no es coincidencia).

Y es que el mosaico de voces diseñado por Carbajal duele, pero también moviliza. Y convoca a seguir combatiendo el patriarcado… hasta que se caiga.

@limayameztoy

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