Budín del cielo: la potencia narrativa de la felicidad

La novela de la ilustradora y escritora María Luque, Budín del Cielo -que publica Sigilo– es un texto breve, delicado, cuya fortaleza está en la sencillez de su historia y en la luz que irradia su narrativa.

Su protagonista es Rosa, una maestra de grado jubilada. Pero Rosa, como personaje, se define mejor por todo lo que no es: no es un ser torturado, no tiene grandes conflictos en su vida ni traumas no resueltos que la acosen, no sufre intrincadas contradicciones, ni siquiera tiene un contrapunto circunstancial que desenrolle el ovillo de la historia.

De hecho, sus entredichos no pasan de algún debate con el consorcio por los pinches que quieren poner en el frente de los balcones para evitar que las palomas hagan nido. Ella se opone porque tiene una relación muy especial con las aves: las invita a su balcón dejándoles miguitas y semillas; o las visita en la plaza, donde se sienta simplemente a observarlas y conocer su mundo, imaginarlo y compartirlo.

Acompañada por algunas ilustraciones -que vienen a graficar con pocos trazos conceptos muy simples-, en esta novela conocemos el día a día de esta docente de matemáticas, su gusto por las flores y la cocina, su preocupación y los detalles que tiene con su vecina, las historias de sus novios pasados, y todo eso sin que nos asalte la melancolía ni detenernos en la falta o en la lucha. Al contrario, Rosa es, nada más ni nada menos que una persona feliz.

En algún lugar leí que la autora dijo que escribir este libro le sirvió para “convertirse en señora”. Tal vez esta lectura pueda asociarse a algo de esa estabilidad deseada, cuando las pasiones arrolladoras de la juventud ya han menguado y empieza a disfrutarse el remanso de la paz conquistada.

Pero, por eso también, es una lectura que produce cierta sorpresa o extrañeza, porque cuenta una historia sin grandes complejidades y eso enaltece un poco la rebeldía de poder disfrutar de la belleza porque sí, sin obtener nada a cambio, sin esperar un rédito, una resolución contundente o, incluso, un aprendizaje.

Eso solo ya es bastante contestatario en momentos como los que vivimos, en los que la optimización del tiempo se resume en producir y obtener resultados palpables. Budín del cielo logra que nos entreguemos al goce sin tener que pagar ningún precio por alcanzarlo.

Es puro disfrute.

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