La trilogía Bergman & Mirković, del periodista sueco Victor Pavic Lundberg, llega a través de Trini Vergara (sello Motus) con tres títulos: Testigos ocultos, Un verano perdido y La reina de la montaña. Tres thrillers que cruzan crimen, política y periodismo, con resultados desparejos pero interesantes.
Desde el inicio se perciben las influencias: la tradición de la crítica social de Maj Sjöwall y Per Wahlöö –considerados padres del noir nórdico-, y la marca periodística y más contemporánea de Stieg Larsson -serie Millenium-. Sin embargo, mientras que el segundo legado aparece más genuino, el primer queda apenas insinuado.
De lo que no hay dudas es de que el autor domina el mundo que describe: el de las redacciones y las crónicas periodísticas. No sorprende. Lundberg trabaja en el influyente vespertino sueco Aftonbladet y se nota en los detalles: los ritmos del oficio, la presión de lo digital, los recortes, los perfiles profesionales y hasta los silencios entre turnos. Ahí la trilogía encuentra su mejor versión.

Los protagonistas, Loa Bergman y Danijela Mirković, son periodistas atravesados por traumas personales que se filtran en cada investigación. Los casos —un accidente aéreo, una desaparición con enlaces con el pasado, una trama política internacional— funcionan como disparadores, pero también como excusa para explorar los límites entre informar e involucrarse.
En esa línea, Lundberg utiliza un recurso clásico del thriller nórdico: alterna la investigación en el presente con fragmentos del pasado que van completando el rompecabezas desde otros puntos de vista. Esa estructura suma tensión, aunque no siempre logra sostenerla.
Porque ahí aparece uno de los problemas: la ambición. La trilogía intenta abarcar demasiados temas —corrupción, violencia, crisis de los medios y discriminación— y no todos alcanzan la misma profundidad. Las tramas se expanden, se enredan y, a veces, dejan cabos sueltos.
Algo similar ocurre con los personajes. Son humanos, apasionados y falibles, pero no terminan de despegar ni de hacerse queribles. Les falta esa intensidad que vuelve inolvidables a otras figuras del género, como el Mikael Blomkvist de Los hombres que no amaban a las mujeres.
El ritmo acompaña esa irregularidad: hay momentos muy logrados y otros donde la narración se estanca, como si respondiera más a una fórmula que a una necesidad interna de la historia.
Y, sin embargo, la lectura se sostiene. Sobre todo cuando Lundberg se acerca a lo que mejor conoce: el periodismo como oficio en crisis. Ahí, lejos del artificio, aparece lo más interesante de la trilogía.
Bergman & Mirković funciona mejor cuando deja de querer explicar el mundo y la humanidad que lo habita se concentra en mostrarlos. Que es, básicamente, la esencia de ese periodismo que -se nota- el autor ama con honestidad.
Apostilla final: en caso de querer asomarse al universo Bergman & Miković se recomienda avanzar en orden e ignorar la tentación de comenzar por el último, que se hace bastante difícil de llevar sin el contexto previo.




