Peter Rock vuelve a un verano que no pudo olvidar y, sin proponérselo, escribe la mejor invitación para adentrarse en toda su obra.
Así como aquel verano de 1994 en el lago de Michigan —Wisconsin— junto a la enigmática señora Abel fue clave en la vida de Peter Rock, leer Los nadadores nocturnos puede resultar una experiencia atrapante que nos sumerja en el fascinante universo del escritor estadounidense.
Escrito originalmente en 2019 y publicado en castellano en 2022 por Ediciones Godot, es uno de esos libros que llevan a otros libros.
Es inevitable ir hacia atrás y encontrarse con Mi abandono -edición en inglés en 2009 y en castellano en 2019-, quizás el más icónico de Rock, o con Klickitat -2016 en inglés, 2021 en castellano por la misma editorial-. O incluso con Leave No Trace, la adaptación cinematográfica de Mi abandono, actualmente en Netflix.

Pero volvamos a Los nadadores nocturnos. Presentado como un libro autobiográfico —no nos plantearemos aquí la duda borgeana acerca de cuánto hay de verdad y cuánto de ficción—, el texto nos traslada al Michigan de 1994. Un Peter Rock de 26 años, demorado en el inicio de su carrera profesional, pasa los días escribiendo cartas de amor, escuchando música y nadando de noche.
En ese contexto conoce a la señora Abel, una enigmática vecina de cincuenta años que se convierte en su compañera de nado nocturno. Ambos comparten largos tramos en aguas oscuras hasta que una noche ocurre algo extraño en la peligrosa “puerta de la muerte”, un estrecho conocido por sus naufragios.
Después de eso, la señora Abel desaparecerá durante dos días y luego para siempre de la vida de Rock.
En el presente de la novela, casi veinticinco años después, Peter Rock ya es un escritor reconocido, está casado, tiene dos hijas y vive en Portland, Oregón. Aun así, sigue obsesionado con lo ocurrido aquella noche y con su singular relación con la señora Abel.
¿Qué pasó con ella? ¿Quién era en realidad esa mujer enigmática que apareció un día en el barrio como viuda del señor Abel? ¿Por qué no volvió a verla nunca más?
Con el propósito de reconstruir esa historia Rock revisita lugares —la cabaña de los Abel, el cobertizo de la casa familiar— y objetos —el viejo bote, fragmentos de cartas, una nota escrita sobre una corteza de árbol—. Incluso se sumerge en un tanque de aislamiento sensorial para evocar recuerdos que podrían haber quedado atrapados en su inconsciente.
Esa reconstrucción es, también, la de su vida como escritor. Aparecen rechazos de editores, fragmentos de viejos diarios, notas con ideas y citas sobre el oficio de escribir.
Aunque su carácter autobiográfico plantea un ángulo diferente al de sus novelas anteriores, en Los nadadores… Rock vuelve a los temas que recorren buena parte de su obra: la obsesión por el misterio y las desapariciones —presentes también en Mi abandono y Pasajeros— y el vínculo padre-hija, del que también da cuenta al narrar distintos episodios con sus dos hijas.
La naturaleza siempre juega un rol central en su obra, tanto en la ficción como en la no ficción. Así como el bosque domina Mi abandono o Klickitat, en Los nadadores nocturnos el lago Michigan —donde Peter Rock y la señora Abel se comunican sin palabras mientras nadan— es casi un personaje más.
Traducida por Micaela Ortelli —responsable también de las otras ediciones en castellano de Rock publicadas por Godot— la novela se lee rápido y deja una sensación de sumergimiento en un mundo donde naturaleza y humanidad se funden en un vínculo tan misterioso como irresoluble.




