Es la segunda del Sistema Municipal. Fue fundada como sala de lectura en 1961 y desde entonces es un espacio de encuentro en torno a los libros en el barrio Puerto. En diálogo con Revista Leemos, dos de sus trabajadores, Lila Ciruli y Camilo Roo, recordaron los cambios de las últimas décadas y subrayan la importancia del trato personal con las y los usuarios.
La Biblioteca Pública Municipal Leopoldo Lugones del barrio Puerto celebra 65 años desde su fundación, que tuvo lugar el 31 de octubre de 1961, y lo hará con una serie de actividades como lecturas de cuentos, sueltas de libros, talleres y más que se extenderán hasta la primera semana de noviembre.
Este espacio cultural es el segundo más importante del Sistema Municipal de Bibliotecas Públicas, que depende del Ente Municipal de Turismo y Cultura, y actualmente tiene un fondo bibliográfico de más de 38 mil libros y atiende de lunes a viernes de 8 a 15.
Se fundó como una sala de lectura en la delegación municipal de Pescadores 456 y en 1979 se mudó al edificio en el que se encuentra en la actualidad, en la esquina de Ayolas y Padre Dutto.

Lila Ciruli trabaja en “Lugones” desde hace 28 años, mientras que Camilo Roo volvió a principios de año al Sistema de bibliotecas y se reencontró con una tarea que había realizado hacía ya varios años. Ambos son parte del equipo que trabaja en este espacio donde el préstamo de libros y la promoción de la lectura siguen teniendo un protagonismo principal, pero cuyo objetivo se fue transformando en cada etapa de acuerdo los propios cambios de la comunidad.
“Yo llegué en 1998”, cuenta Lila sentada frente a un escritorio en una de las salas de la biblioteca. Recuerda que en esa época “éramos una biblioteca más bien escolar: teníamos mucha demanda de material escolar, se llenaban las salas de chicos y adolescentes. A determinada hora cuando salían los chicos de la escuela esto era una multitud. Con el tiempo fue cambiando y ahora lo que más se usa es la literatura”.
De acuerdo a su experiencia y con el paso de los años, Lila marca dos momentos clave en la historia reciente de la Biblioteca Lugones. El primero tiene que ver con el cambio tecnológico y el acceso masivo a la información a través de internet: “los chicos empezaron a usar internet para la escuela, para todo; ellos nos ayudaban con la tecnología y nosotros les ayudábamos con los términos de la búsqueda”.
El otro gran cambio de los últimos años tiene que ver con la propia perspectiva de la biblioteca: “En el 2000, 2001 vino Claudia Trenco –quién luego estuvo muchos años a cargo de la Biblioteca de Playa Serena, antes de jubilarse– y ella dijo que había que tener estante abierto, porque en ese momento a lo único que la gente accedía era a libros de texto y a sala infantil. Todo lo demás había que pedirlo en el mostrador. Así que vino y empezó a tirar paredes”, dice entre risas al recordar el impacto que la medida provocó y afirma: “para nosotros fue un antes y un después”.

Esa apertura trajo también otra circulación del público dentro del espacio y cambió la relación de las y los usuarios con los libros, ya que modificaba profundamente la forma de consultar y revisar el material disponible, con la orientación y el acompañamiento del personal. “Yo siempre digo que a partir del 2003 la biblioteca es otra”, cuenta.
“Otra cosa fue contar con fondos que recibimos hasta 2010 porque en esa época funcionó una Asociación Amigos con la que pudimos canalizar un subsidio. Ahí empezamos a comprar libros porque no había nada. En general, el 90% del material que hay en las bibliotecas es donado” confirma Lila y su memoria visual se pasea por entre las mesas de la sala: “En la época de la crisis comprábamos muchas revistas, la gente era emprendedora y querían aprender a hacer cosas para vender, para poder salir adelante. Era impresionante la cantidad de revistas que traíamos”.
Entre otras idas y venidas, problemas edilicios y actividades que fueron fluctuando a través de los años, la responsable del espacio considera que “las bibliotecas tienen que adecuarse al momento histórico, porque el objetivo es que tenga conexión con el entorno. El rol es el mismo siempre, lo que pasa es que por ahí lo haces de otra forma, pero somos para la comunidad”.
La biblioteca como espacio de encuentro
En ese mismo sentido entiende su trabajo actual Camilo Roo, que estuvo a cargo de la Biblioteca Pública Protegida Cerrito Sur durante siete años, pero que luego transitó por otros espacios y programas de la antigua Secretaría de Cultura de la Municipalidad de General Pueyrredon. A principios de este año volvió al Sistema de Bibliotecas y por una cuestión de distancias eligió Lugones: “Fue reencontrarme con una tarea distinta, con las compañeras y con el espacio, y también una tarea distinta con la comunidad. Uno siempre trabaja con la gente, pero desde otro lugar. Y después de tanto tiempo volver a sentir ese estímulo y esas ganas, no es poco”, explica.
“La particularidad que tiene la biblioteca es que cada persona que viene te presenta un desafío distinto, no solamente por la necesidad o por la forma de ser. Acá no podés poner el piloto automático. Y yo trato de que sea bien personal”, cuenta ocupando ahora el lugar que dejó Lila cerca del escritorio y con los libros de fondo, cuando ya se pasó la hora de cierre de la Biblioteca.

Al reflexionar sobre el rol de los espacios en esta época, Camilo responde que “para mí lo mejor que tienen las bibliotecas es que son espacios de encuentro. El libro es una excusa, no quiero menospreciar porque su función fundamental es la promoción de la lectura, pero lo importante es permanecer como lugares de encuentro disponibles y, después, la demanda, el uso, se va reconfigurando con las épocas, pero lo que si permanece es el servicio a la comunidad”.
En un intercambio con Lila, donde mencionan a diferentes lectores que asisten en la actualidad a la biblioteca, su impronta, sus búsquedas, sus intereses y su relación con cada integrante del equipo de trabajo, Camilo explica que “Hay un código con cada uno. A mí lo que primero me enseñó la situación de la biblioteca fue respetar el deseo y el lugar del otro. El hecho de ir continuamente poniéndote en el lugar del otro y que ese otro sea tan diverso, puede ser un adulto mayor de 85 que está solo, o un adolescente de 14 o una niña de 4, te saca del lugar de que vos sabés: Vos sos un mediador, después vas a ayudando a construir el camino lector, podés ir sugiriendo variantes, pero es un proponer, nunca es tomar la decisión por el otro”.
Antes de terminar, vuelven a la historia, a repasar otros hitos, cambios en el edificio, la participación en la Red del Puerto –a través de la cual articulan con otras instituciones estatales y de la sociedad civil para atender diferentes situaciones de los vecinos y de la zona- y la profunda conexión con la comunidad de la que forman parte. Lila Ciruli explica que “en todos los barrios tiene que haber una biblioteca y en cada lugar que haya tiene que ver con la idiosincrasia del lugar. Esta tiene que tener material de todo tipo porque viene gente de toda la zona. Que sea una biblioteca referente de la comunidad es importante”, concluye.





