Las ladronas es una novela de María Victoria Massaro, poeta, narradora y comunicadora. En esta, su primera novela publicada, de la mano de Queja Ediciones, construye una trama en la que dos pares de hermanas se encuentran batallando de formas muy diferentes con la soledad, las desventajas sociales, los vínculos, en fin, la supervivencia.
Manuela y Sara viven juntas en el piso 12 del edificio de departamentos del que Luis es el encargado. Entre los tres -aunque Sara es la menos consultada-, tienen una pequeña organización delictiva que aprovecha la información que obtiene Luis desde la portería para cometer algunos robos menores en los departamentos vecinos. Cada uno con sus metas e intereses, la asociación comienza a deshilacharse cuando uno de esos delitos sale mal y una vecina termina muerta.
Hay que planear una estrategia para despistar a la policía, para evitar la investigación de la hija de la muerta y las extrañas incursiones de la hermana de la víctima con sus propias motivaciones -nada ligadas al amor fraternal- para seguir de cerca el caso.
Echando mano a una equilibrada combinación de dobleces y duplicidades, la autora construye personajes que complican la identificación o la empatía, no por la trama policial en sí misma (si habremos amado asesinos y delincuentes literarios de todo tipo) sino porque todos son incómodos: algunos sobradores y pendencieros; otros oportunistas, desleales. Todos tan profundamente humanos, reales.
En Las ladronas hay bastante sexo, hay chismes de ascensor, hay un poco de arte, hay amores por conveniencia y amores por nostalgia, hay crimen e intento de encubrir, de zafar, de sacar ventaja. Apelando a la estructura del policial, la autora nos sumerge en una serie de relaciones y situaciones en las que queda muy poco lugar para el cuidado, la comprensión o la ternura entre estas hermanas. Pero cuando asoma, también deja entrar el aire.
Hay que decir, además, que la edición de Queja es, simplemente, preciosa, con un tamaño poco habitual, de 17×13 centímetros. Cualquiera diría que este dato nada aporta en una reseña como esta y puede ser cierto. Pero qué placer tenerlo en las manos. Son esos pequeños detalles que nos recuerdan por qué amamos tanto los libros en papel; por qué, por más que haya mil ventajas -ambientales, de distribución, de lo que sea- para los libros electrónicos, al papel no hay con qué darle cuando te encontrás con un formato tan amable: la calidad de las tapas y las hojas al tacto, la tipografía y el tamaño de la letra, el formato general del libro, una marca registrada de una editorial independiente que pocas logran. Un objeto bello y cuidado.
Entonces, con su historia y sus características, aproximarse a este libro publicado en 2023 es una experiencia que nos invita a disfrutar de una atmósfera de barrio, de vecindad, cautivadora y absorbente tanto por las tensiones tan bien logradas y sostenidas entre las mujeres mayores y su entorno, como por el registro ajustado al detalle. Impecable.
@trianakossmann




