Scarpetta: decepción ante una serie olvidable que no está a la altura de la icónica saga que la inspiró

Tenía todo para funcionar: historia, personajes y una comunidad lectora fiel. Pero la adaptación al mundo del streaming eligió el camino más seguro y, en ese gesto, perdió lo esencial: la intensidad, los matices y la identidad que hicieron a la saga creada por Patricia Cornwell mucho más que otro policial. Lo festejable es que, justamente por ser tan decepcionante, la serie invita a volver a los libros, donde Scarpetta sigue siendo lo que la serie no logró captar.

Tenía todo para funcionar: historia, personajes y una comunidad lectora fiel. Pero la adaptación eligió el camino más seguro y, en ese gesto, perdieron lo esencial: la intensidad, los matices y la identidad que hicieron de Scarpetta mucho más que otro policial.

Cada vez que una saga literaria llega a la pantalla, pasa algo casi ritual: se activa una mezcla de entusiasmo, desconfianza y expectativa. Entusiasmo porque el universo se expande. Desconfianza, porque sabemos que el camino entre páginas y pantalla suele torcerse. Y expectativa porque, a veces, la magia ocurre.

Con la llegada de la serie basada en los libros de Patricia Cornwell, creadora de la icónica Kay Scarpetta, todo indicaba que estábamos ante uno de esos casos destinados a funcionar. 

El policial forense tiene público y la saga tiene historia. Además, el elenco era casi inmejorable: en los roles femeninos, nada menos que tres ganadoras del Óscar: Nicole Kidman (doctora  Kay Scarpetta), Jamie Lee Curtis (Dorothy, hermana de Kay) y Ariana DeBose (Lucy, sobrina de Kay). En los masculinos, dos figuras de peso propio: Simón Baker, el recordado Mentalista, como Benton Wesley, y Bobby Cannavale como el detective Pete Marino.

Todo parecía garantizar solidez. Pero… algo no termina de encajar.

Las primeras reacciones coinciden en una sensación incómoda: la serie está bien… pero no tanto. No es un desastre, pero tampoco logra despegar. Y en ese terreno intermedio —el más ingrato de todos— se vuelve  olvidable.

El problema no parece ser uno solo, sino una suma de decisiones. Hay un corrimiento del eje: lo forense, que en los libros funciona como columna vertebral, queda desplazado por el drama personal. Que exista no es el problema —en la obra original siempre está—, pero aquí aparece sobredimensionado, como si la serie desconfiara de su propio género.

También hay algo que se pierde en la traducción de los personajes. Scarpetta ya no es del todo Scarpetta. Hay rasgos que se exageran, otros que se simplifican y algunos que directamente desaparecen. Lo mismo ocurre con quienes la rodean, en versiones que por momentos se sienten más cercanas a arquetipos televisivos que a las complejidades construidas a lo largo de los libros.

La voz de un experto: “Una decepción”

Para profundizar en el análisis hablamos con el escritor y criminalista Gastón Intelisano, quien se confiesa fan de la saga. Tanto, que sus propios libros -la saga protagonizada por el perito Santiago Soler- reconocen estar inspirados en la obra de la legendaria Patricia Cornwell.

Gastón Intelisano, perito forense y escritor: “A Scarpetta la hicieron demasiado políticamente correcta y le quitaron complejidad”

Su impresión sintetiza bastante bien el clima general: “Con pena lo digo, pero la serie fue  una decepción. Le tenía fe, pero ni siquiera terminé de verla”.

La expectativa, en su caso, era alta. No solo por la calidad de las novelas, sino también porque la propia Patricia Cornwell participa como productora ejecutiva. “Eso me daba tranquilidad —cuenta—. Pensé que iba a estar muy encima del desarrollo de los personajes”.

Sin embargo, lo que encontró fue otra cosa: “Por querer llegar a todo público, termina siendo un producto diluido. Los personajes no tienen la profundidad que tienen en los libros”.

Una de sus principales objeciones apunta al casting. “Nicole Kidman no me convence como Scarpetta. Incluso hay detalles físicos que en los libros son parte del personaje —como su estatura— que acá no están”. También cuestiona la construcción de otros roles: “Marino no es el Marino que uno imagina leyendo la saga”.

Las críticas también alcanzan a ciertas interpretaciones: algunas funcionan al comienzo, pero con el correr de los episodios pierden equilibrio y tono.

Pero más allá de las actuaciones, Intelisano marca un problema más estructural: “La serie pone demasiado peso en el drama familiar y deja en segundo plano lo forense. En los libros esa combinación está, pero mucho más equilibrada”.

A esto se suman cambios en la historia original y en la construcción de los personajes: modificaciones en el pasado de la protagonista, eliminación de figuras clásicas como Rose —la histórica secretaria— y la incorporación de elementos de novelas más recientes. Esta mezcla de líneas temporales, advierte, no solo altera la lógica interna del universo, sino que incluso puede generar spoilers para quienes siguen la saga en castellano. Y es que la serie se basa, en la línea temporal del pasado, en la novela Post Mortem mientras que en el presente se basa en Autopsia, novela número 25, aún no editada en español.

También hay una observación sobre el tono: “Es muy políticamente correcta. La pintan a ella como una figura casi ideal, cuando en los libros tiene matices, contradicciones, zonas más complejas”.

El resultado, en su lectura, es claro: “Quedó muy tibia, muy olvidable. No tiene la profundidad que podría haber tenido”.

Una adaptación que no termina de confiar en su origen

Lo que aparece, tanto en las críticas generales como en la mirada especializada, es una sensación de oportunidad desaprovechada. No por falta de material —la saga tiene casi treinta novelas—, sino por decisiones que parecen ir en contra de lo que hizo fuerte a Scarpetta en primer lugar.

Paradójicamente, en su intento por ampliar el público, la serie pierde identidad. Y en ese gesto, deja en el camino a quienes venían sosteniendo ese universo desde hace años.

Y sin embargo…

Incluso en la decepción hay algo que vale la pena rescatar.

Porque cada vez que un libro se convierte en serie, algo se reactiva: una conversación, una curiosidad, una búsqueda. 

Alguien que no conocía a Scarpetta puede llegar por la pantalla y terminar en las páginas. Alguien que la había dejado, tal vez vuelva.

Las adaptaciones pueden fallar —y fallan seguido—, pero también funcionan como puerta de entrada. Y en tiempos donde la atención es un bien escaso, que una historia encuentre nuevos caminos para circular no es un dato menor.

Tal vez no era esta la serie que los lectores esperaban. Pero incluso así, puede ser la excusa perfecta para volver a los libros. 

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