Sebastián D’Ippólito y su primera novela, Salvador: Escribir defendiendo un espacio

El escritor marplatense Sebastián D’Ippólito acaba de publicar su primera novela, Salvador, junto a editorial Larría. Se trata de una historia ambientada en los barrios de nuestra ciudad, a donde vuelve Garúa, después de haber desaparecido misteriosamente durante 20 años.

Allí lo recibe Estelita, la vecina que lo crio desde que tenía meses de vida. Ahora Garúa es un hombre y su cuerpo muestra signos de haber sufrido alguna situación violenta que él no se esmera en aclarar: está enfermo e impedido, necesita cuidados rigurosos así como cuando era bebé y la mujer lo mantuvo con vida para que creciera junto a su hijo Manuel.

Pero Garúa llega roto, a una casa rota, y una familia compuesta por personas rotas.

Esa es la premisa inicial de Salvador, esta historia que su autor -quien es doctor en biología, investigador del CONICET y autor de varios cuentos y relatos reconocidos en diferentes plataformas y concursos-, empezó a escribir hace aproximadamente 10 años.

“Yo empecé a leer de grande”, dice D’Ippólito a Revista Leemos, “a los 14 o 15, por ahí. En plena escuela secundaria. Iba en los recreos a la biblioteca de la Piloto y veía que me podía llevar. Lo leía en el colectivo de vuelta a casa y por las noches o los fines de semana al solcito”.

Y cuenta que empezó a escribir por esa misma época, “Lo mismo que la mayoría, me imagino, relatos, cosas simples, espantosas. Después, a los 30 más o menos, me dieron ganas de hacerlo más en serio. Me acuerdo que cuando terminé de leer Triste, solitario y final de Osvaldo Soriano pensé que tal vez no era tan difícil escribir un libro. Pocas veces estuve tan equivocado”

Esta es tu primera novela publicada, ¿Cómo fue el camino para llegar hasta verla en papel?

Este texto lo empecé a escribir más o menos en el 2016, o por ahí. Imaginate que Estela hacia las compras con 10 pesos. jaja. Primero hice un taller de crónica periodística con Juan Carrá. Pude publicar varias crónicas y después él mismo empezó a dar taller de ficción. Ahí empecé a trabajar esta historia y durante los años la fui puliendo. También la trabajé con Esteban Quirós, Julián López y Félix Bruzzone. En todo este tiempo fue quedando el corazón de la historia, que es lo que les gustó a la gente de la editorial Larria para llevarlo al papel.

Cuando habla sobre el acompañamiento de Carrá en el desarrollo de esta historia y, Sebastián destaca que “Juan es un tipo que sabe mucho y lo mejor es que no escatima a la hora de enseñarte. No se queda con nada. Y si uno está dispuesto a escuchar las críticas, del profe o de los propios compañeros, eso suma un montón. Creo que no hay otra forma. La mejor manera de defender el propio texto es entender que hay que reescribirlo“.

En esta, su primera novela publicada, se puede leer una esencia de barrio, del barrio de antes, pero también el de ahora: la familiaridad con los vecinos, los tiempos desacelerados, el territorio conocido, reminiscencias de la infancia y una noción cabal del paso de los años que no es explícita ni se regodea en ello, pero que se detecta en la propia respiración de sus páginas, en los símbolos y esas huellas de identidad que siguen intactas a través del tiempo.

La novela tiene un pulso muy claro y nos lleva a conocer a una mujer mayor, dedicada a su familia y su casa, un esposo haciendo malabares para compensar el deterioro económico y un hijo que se esfuerza por salir adelante y sueña con independizarse, pero que cuyas posibilidades -las de él, las de todos- son cada vez menos alentadoras.

En Salvador el cuerpo de los personajes marca de algún modo el ritmo de la acción e incluso la propia trama: la dependencia, el deterioro, el cansancio. ¿Lo trabajaste desde ese lugar? 

Sí. Me interesaba trabajar personajes que estuvieran lastimados. En todo sentido: emocional, físicamente. A veces ese deterioro trata de taparse, mejor no exponerse y no hablar de las miserias. Pero llega un momento en que el cuerpo habla por si solo, con eso no se puede hacer nada.

¿Te interesaba marcar esa tensión entre Estela y Garúa, que va desde la necesidad de ella de maternarlo y la dependencia de él y fricciona con esa distancia que se impone por todo lo no dicho, e incluso esa forma de hablar de usted que tiene él?

Aunque Garúa no haya nacido de la panza de Estela, él es un hijo para ella. Así lo sintió siempre. Pero sea así, o de sangre, me interesaba marcar las diferencias. Los dos polos opuestos obligados (por la situación de Garua) a convivir en el propio techo. ¿Qué pasa cuando se enciende la mecha? ¿Hasta cuánto y hasta cuándo se puede aguantar?

Hay una lectura bastante parecida que se puede hacer de la relación entre otros dos personajes, ¿Te parece que la relación entre Ismael y el Pulpo funciona como contrapeso, de alguna manera?

Sí. El Pulpo no es el hijo de Ismael y a diferencia de Estela y Garua, entre ellos no existe relación de afecto o cariño. Pero si hay algo del Pulpo que a Ismael lo moviliza. Ese chico apareció para mostrale como el paso del tiempo los hizo pelota a todos. El pulpo estuvo siempre un escalón más abajo y ahora parece que finalmente se cayó del mapa. También el Pulpo viene a mostrarle a Ismael todo lo que no puede hacer con su propio hijo.

¿Qué significa para vos ese paisaje de barrio que reconstruís en la novela? ¿Es un territorio que todavía sentís como propio o una construcción literaria de una infancia que ya no existe?

-El territorio es fundamental. Me gusta escribir defendiendo un espacio. Yo, cuando puse a los personajes en el barrio, siempre fue en el Malvinas Argentinas, donde crecí y viví hasta los 30. Es ese barrio, que aunque no viva ahí y haya pasado mucho tiempo, cada domingo que voy a visitar a mis viejos, en un punto sigue siendo igual. Ahí los chicos andan más en bici que con el celular, pelotean de vereda a vereda o andan con la gomera abajo del brazo. Es una construcción literaria de un espacio que sí, aún existe.

Salvador nos presenta un puñado de personajes luchando, esencialmente, contra sí mismos, sus limitaciones, sus búsquedas frustradas incluso antes de nacer, tanteando a cada paso una ayuda, un motivo para seguir, una soga: “Todos buscan salvarse y todos están aguantando algo”, concluye su autor.

La novela se consigue en las librerías de Mar del Plata o en la web de la editorial, a través de este enlace: https://www.larriaediciones.com/productos/salvador-sebastian-dippolito/

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