Antes de su presentación en Fervor Libros, la autora de Las mujeres de Leli White charló con Revista Leemos y recordó cómo nació esta historia de una artista que un día comienza a cruzarse con los personajes de sus cuadros mientras camina por la calle.
Una mujer parada en el centro de un salón con doce cuadros esparcidos por el suelo a su alrededor. Esta es una de las primeras escenas que nos encontramos cuando entramos a Las mujeres de Leli White, la nueva novela de Catalina Méndez, que publica Odelia Editora. Leli es una artista de fama internacional que vuelve a su ciudad natal, después de haberse ido a vivir a Europa hace casi dos décadas, y se prepara para la primera exposición de su obra en Buenos Aires. Pero los cuadros no llegaron al 100% y necesitan retoques, arreglos. Entonces, vemos a Leli con el pegamento en la mano, recuperando y volviendo a fijar pequeñas piezas, y atendiendo, minuciosa, cada detalle.
Antes de la presentación de su segunda novela, este sábado a las 18 en la librería Fervor -Chacabuco 3591-, la autora contó a Revista Leemos que empezó a escribir esta historia en 2019, pero que su verdadera génesis, en realidad, es muy anterior: “el primer recuerdo que tengo sobre esta historia es de hace más de diez años, en la playa. Estaba con mi madre y una prima en Playa Grande, sentadas mirando al mar, no sé sobre qué charlábamos pero yo tenía un cuaderno apoyado en las rodillas. Por esa época dibujaba mucho, y entre garabatos empecé a escribir una idea sobre una mujer cuyas pinturas cobraban vida“.

La autora, que también publicó Un mundo como este (El gato y la caja) recuerda y aclara que aun no había contado esta anécdota “porque puede parecer una exageración pomposa, y yo soy exagerada pero no pomposa. Busqué sin éxito ese primer manuscrito, seguro lo encuentre cuando ya no lo necesite, pero anda por ahí y, más importante, lo recuerdo con mucha nitidez: la playa de mi infancia, el sol, el murmullo constante del mar y de la gente, sobre todo la gente… Quizá por eso a Leli termina molestándole tanto la multitud“
Es que Leli White es una artista misteriosa, en realidad. Mucho se dice sobre su obra pero prácticamente nadie la conoce, nadie más que su mejor amiga y colaboradora Carolina, casi una antítesis: Carolina es luminosa, simpática, comprensiva, atenta a todo y a todos, abocada completamente a acompañar a la artista, a alivianarle el camino. Pero Leli carga con una historia que ni siquiera Carolina conoce.
-¿Qué es lo que más disfrutaste de escribir esta historia?
–Disfruté muchísimo la génesis de esta historia, que nació y creció en conversaciones de taller, en caminatas con amigas, desde una inocencia y una curiosidad genuinas e irrecuperables. Empecé a escribirla en el lugar donde todo nace: la Universidad Nacional de las Artes. Salí de una clase de Taller de Narrativa II con la consigna de proyectar una novela, y cinco meses más tarde la novela estaba escrita. Pasé varios meses corrigiéndola y pasó varios años en los cajones, hasta que en julio de 2025 me contactaron de Odelia, que no sé cómo o por qué se acordaron de que tenían mi manuscrito en su casilla de correo.
-¿Cómo fue ese encuentro y el trabajo con la editorial?
–Se acercaron con el entusiasmo y la generosidad de querer publicarlo, que es una apuesta enorme en cualquier momento, sobre todo hoy. En los años intermedios se me habían ocurrido muchas ideas nuevas para esa novela ya vieja, y les dije que era suya, pero sólo si me dejaban corregirla. Y dijeron que sí. Así que me tocó desempolvar, releer y reescribir.
-¿Qué fue lo que más te costó?
–La corrección fue difícil, no tanto por el texto en sí (algo bueno del paso del tiempo es que gané experiencia y herramientas indispensables), sino porque ya no tenía la energía, el envión de la escritura original. Y a la vez que viajaba en el tiempo para recuperar el susurro de esa historia original, le entretejía cosas nuevas, líneas argumentales, diálogos, cambiaba coordenadas geográficas y sacrificaba formas de ver el mundo que ya no podía sostener. La escritura original fue polifónica y en compañía de otros; la corrección fue necesariamente solitaria, introspectiva e inter-temporal.

La historia de Leli, su rechazo físico hacia Buenos Aires, el calor, la gente, el público que asiste a su exposición, el galerista, los críticos, los desconocidos, todo funciona como un mecanismo de armoniosos engranajes que ponen la trama en movimiento, pero más que esclarecer, acrecientan el misterio.
Aun cuando vemos todo desde su perspectiva, es evasiva por momentos, muchas veces inescrutable. Cuando los personajes de sus cuadros comienzan a andar por la calle, ese misterio cobra otra dimensión y se resgnifican las diferentes decisiones (estéticas, personales, en fin, políticas) que la protagonista fue tomando en su vida.
-Por tener un trasfondo artístico, es una historia muy visual, pero también están muy presentes otras imágenes sensoriales. ¿Lo decidiste desde un principio o te lo fue demandando la trama?
–Tiene que ver con mi forma de escribir. Necesito tocar, oler, sentir el mundo del otro lado del texto. Si ocurre el milagro y me encuentran escribiendo, observarán que hay grandes porciones de tiempo que paso mirando al vacío, intentando traducir la experiencia a la palabra escrita.
-¿Cómo decidiste la psicología de estos personajes?
–No creo que haya un lado “psicológico” en mi escritura, no me detengo a decir “este personaje es así”, ni a preguntarme por qué son de esa manera, no me es orgánico. Les doy un nombre y un rostro y los echo a andar por su mundo (en el que a lo mejor sí pienso un poco más), veo qué hacen, qué quieren, qué están dispuestos a hacer para conseguirlo. Más que una toma de decisiones, se trata de ensayar dinámicas, ver qué llama se enciende cuando le das aire. Los personajes ‘son’ en sus mundos, lo cual me permite a mí también ‘ser’ en sus mundos, que es el mayor placer que le encuentro a la literatura.
La presentación de este sábado, en la que la autora estará acompañada por las bookstagrammers Josefina Lyall (@loslibrosdejose) y Melina Rubio (@lecturas.extraordinarias), será una oportunidad para conversar con ella sobre estos mundos trazados y los personajes sueltos en ellos, sobre las miradas que sin lugar a dudas Las mujeres de Leli White va a despertar entre las y los lectores, con su ritmo sostenido que se disfruta tanto como se añora el calor de noviembre, los helados y los paseos sin tiempo ni destino, como los que toma la protagonista.
Conviene aprovechar el momento para conocer y escuchar a una joven escritora que ya tiene mucho para mostrar, y tanto para seguir contando. Sobre el encuentro con sus lectores, Méndez explica que por ahora ha tenido pocas oportunidades de hablar sobre la novela: “Las lecturas van llegando de a poco, pero de alguna forma suelo tener el privilegio de encontrarme con lectores que dicen: “‘esto’ es a lo que te referías, ¿verdad?”, y que dan en la tecla cada vez. Por otro lado, tampoco tengo apuro: la literatura requiere de tiempos lentos y largos, que también son un privilegio”, finaliza.
@trianakossmann




