La novela de Marina Yuszczuk, que publica Blatt y Ríos, indaga en la etapa de creación y fundación del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, a través de la voz de una hija de su ideólogo, el Perito Francisco Pascasio Moreno. A través de la mirada de una nena de 12 años, se despliegan ante los ojos de las y los lectores, no solo la curiosidad del personaje principal y la personalidad avasallante de su padre prácticamente ausente, sino también los prejuicios, las diferencias y la valoración de la ciencia en un momento en que casi todo estaba por descubrirse, clasificarse y nombrarse en nuestro país.
Virginia crece entre fósiles, esqueletos y cajas que llegan de todos los puntos cardinales y se apilan en los rincones del edificio donde se construye el Museo. Ella vive con su familia en lo que llaman “palacio”, pero que en realidad no son más que algunas habitaciones traseras de una institución en ciernes. Bajo la errática vigilancia de alguna criada, la protagonista merodea por los pasillos, husmea entre los materiales y químicos que utilizan los taxidermistas, y se cuela en la sala de anatomía mientras fantasea con contribuir a la gran causa nacional que implica el desarrollo del conocimiento científico y el emplazamiento de una colección de historia natural digna de una nación naciente, una acción que, sin dudas para ella, permitirá que su padre, a quien admira y teme con igual pasión, se digne a prestarle atención.
“La única luz que había guiado mi vida era la posibilidad de que algún día mi padre me mirara. De permanecer al lado suyo, dispuesta para lo que pudiera necesitar, sin pedir nada, excepto que no me enviara lejos. Que me dejara estar con él. Se me abría una fosa en el pecho cada vez que lo pensaba”.
El punto de inflexión en la historia se da cuando Moreno hace traer un grupo de indios vivos al Museo, que se alojan en los subsuelos. Algunos parecen adaptarse a la vida en este espacio, otros la padecen de forma estentórea. La casi nula dinámica familiar se modifica de nuevo y la joven también empieza a ver cambios en sus propios intereses.
A la par, la autora hace desfilar frente a nuestros ojos a algunos personajes históricos envueltos en rencillas, intrigas y desavenencias políticas, mezquindades de unos y otros, disputas de cartelera, donde subyacen algunas puntas para pensar y comprender los debates éticos propios de la época y todo lo que se ponía en juego cuando se armaba un esqueleto para completar una colección.
La mirada de Virginia, sus investigaciones, sus conclusiones, el tono, todo ello tiene un efecto hipnótico para quien lee: a veces destellando todas las luces y la curiosidad de la infancia; a veces sumida en la oscuridad de una tragedia que no llega a dimensionar.
“Nos recuerdo esa tarde bajo la lluvia que no cesaba, todos vestidos de negro, porque fue una de las últimas veces, si no la última, en que estuvimos reunidos en un mismo lugar, incapaces de adivinar aún que la vida no volvería a ser buena”.
Esta es la cuarta novela de Marina Yuszczuk. Primera ganadora del Premio Nacional de Novela Sara Gallardo con La sed, antes había publicado La inocencia y luego fue Para que sepan que vinimos. Además, es autora de numerosos poemarios y libros de cuentos y es editora fundadora del destacado sello Rosa Iceberg.
Historia Natural obliga a tomarse el tiempo necesario para paladear escenas y sentencias, y es una muestra exquisita de las posibilidades del género gótico que, en manos de una gran exponente de nuestra literatura, se vuelve una experiencia de lectura muy recomendable.
@trianakossmann




