Lo que se ve cuando se mira sin filtro

Apuntes de juicios, experiencias propias y entrevistas que se pulen hasta llegar a la esencia de lo vivido: tres maneras de convertir lo real en literatura sin forzar nada. Yasmina Reza, Martín Sivak y Kathryn Scanlan convierten la realidad en textos que dejan huella.

Esta reseña nace de una intuición: que a veces los libros que uno lee en un mismo período se hablan entre sí aunque no tengan nada evidente en común.

Casos Reales de Yasmina Reza, La llorería de Martín Sivak y Yo sé lo que sé de Kathryn Scanlan llegaron a mis manos por caminos distintos y se fueron ordenando solos, como si supieran que pertenecían a un mismo conjunto.

Después de reflexionarlo un poco entendí que lo que los une no es el género ni la forma. Es una actitud.

Los tres miran sin necesitar que lo que ven tenga sentido. Sin obligarlo a cerrar. Sin la ansiedad de que quien lee salga con una lección aprendida.

Hay libros que buscan la épica. Sus autores elevan lo que tocan, buscan el arco moral, la enseñanza implícita, la redención al final del camino.

Estos tres libros no hacen nada de eso. Y eso es exactamente lo que los hace maravillosos y memorables.

Casos reales

La escritora y dramaturga francesa Yasmina Reza asistió durante cerca de 10 años -la primera fecha aludida es de 2016- años a juicios en Francia.

Según relató, lo hizo porque considera que un tribunal es lo más parecido al teatro de la vida real.

Tomó notas. Describió escenas y personajes. Casi nunca relata la sentencia final. Al igual que cuando camina por las calles de Venecia con su cámara fotográfica en mano, se limitó a tomar instantáneas de esos momentos trascendentales en la vida de otras personas.

Al mismo tiempo, anotó lo que a ella misma o a personas cercanas le pasaba en ciudades como Venecia, París o Budapest. En todos aparece la misma mirada, entre lejana e íntima, como si fuera más observadora que protagonista.

Casos Reales es el resultado: un libro sin hilo conductor aparente, sin tesis, sin conclusión. Solo miradas. La humanidad en sus momentos más expuestos, en la sala de un tribunal o en la mesa de un restaurante, tratada con la misma atención fría y fascinada.

Mi relación con Reza es diferente a la habitual: primero la conocí a ella y luego sus libros.
Comenzó en la Feria del Libro de Buenos Aires de 2018. Quise entrar a una charla con la sala colmada y terminé en la de ella, casi por descarte. Éramos menos de diez en el auditorio, lo cual, visto a la distancia, me parece llamativo. Reza tiene una presencia que atrapa al instancia. Sus respuestas eran reflexivas y a la vez distante, no estaban en automático. Me fascinó. Después de ahí leí casi toda su obra. 

Casos Reales es su último libro, editado en 2026 por Alfaguara, con traducción de

La llorería

A diferencia de Reza, Martín Sivak no mira tanto hacia afuera como hacia adentro.

Escribe desde sus propias experiencias, sus propias escenas. Y así surge La llorería. Un libro sobre el llanto, pero no en el sentido en que uno esperaría. No es un libro sentimental.

Es un libro de observación de duelos: los duelos por un vínculo que se rompe y que enlaza con otras rupturas similares-, una persona querida que fallece -su madre-, una carrera profesional -la del periodista estadounidense Sean Langan- que parece romperse y rehacerse constantemente, como una vida en duelo constante.

En La llorería, Sivak parte de sí mismo pero al mismo tiempo habla del llanto de todos: de cómo llora la gente, de cuándo, de qué revelan las vidas cuando se rompen, literal o metafóricamente.

A Sivak llegué después de El salto de papá, que no solo describe a un personaje fascinante —Jorge Sivak, su padre— sino también una de las épocas más complejas de la historia argentina. Editado en agosto de 2025, La llorería tiene un registro más individual, más íntimo, pero conserva esa misma capacidad de mirar sin juzgar lo que se ve.

Yo sé lo que sé

Kathryn Scanlan hizo algo más extraño todavía.  

Según relata en el epílogo, el libro está basado en las entrevistas grabadas en persona y por teléfono que realizó en 2018, 2020 y 2021, a Sonia, una entrenadora de caballos de Iowa que al retirarse de la vida en los hipódromos estudió para ser policía y por un tiempo fue agente penitenciaria.

Scanlan escuchó, eligió, cortó y ordenó. El resultado no es una transcripción ni una biografía.

Es una intervención. Es una labor casi de orfebrería en el que la autora depura la voz de Sonia hasta dejar su esencia: directa, sin adorno, sin saber que estaba siendo literaria y al mismo tiempo dando lugar a un texto de una belleza atrapante.

Yo sé lo que sé apareció en mi biblioteca cuando buscaba una tercera opción para esta columna. Y a veces es así: una no llega a los libros, los libros llegan a una. Lo abrí y me atrapó desde la primera página. Es imposible dejar de leer. Fue editado en 2023 por Fiordo.

Sin moraleja pero con huella

Los tres libros tienen en común un estilo bastante similar. Las frases son cortas. Los registros, compactos. No hay palabra de más. Y en ese espacio que el texto no ocupa, quienes leemos tenemos que hacer nuestro aporte: recordar algo, reconocernos, incomodarnos, reírnos… o llorar. Los libros no aleccionan; reflejan. Y a veces eso deja una huella más larga que cualquier moraleja.

Son libros que se leen rápido y se digieren despacio. Libros para después de cerrarlos.

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