Mi primer acercamiento a Margarita García Robayo (Cartagena, 1980) fue a través de unos textos que servían como disparadores en un taller de escritura creativa. El título de esos escritos era “Sangrar por dentro” y narraban una serie de sucesos extraordinarios en un viaje a Estados Unidos. ¿Ficción o realidad? Es la gran pregunta que me hago cuando leo a la autora

Como García Robayo es colombiana se me ocurrió que toda esta magia que había logrado transmitir acerca de un viaje sería aún más increíble si se trasladaba a su tierra natal y fue así como, en las profundidades de mi biblioteca, encontré uno de mis tantos libros acumulados y no leídos. El sonido de las olas (Alfaguara, 2021) recopila tres novelas cortas de la autora: Hasta que pase el huracánLo que no aprendí Educación sexual. Similares y distintos a la vez, estas historias tienen como escenario una Colombia moderna con personajes de barrio mezclados con los de ciudad, historias familiares, escolares, de amor y desamor. La vida cotidiana a través de los ojos de alguien que pinta escenas con sus palabras. 

“Lo bueno y lo malo de vivir frente al mar es exactamente lo mismo: que el mundo se acaba en el horizonte, o sea que el mundo nunca se acaba.”

Las historias que presenta este libro son miradas íntimas de la realidad de sus personajes. 

Hasta que pase el huracán narra los pensamientos de una protagonista femenina obsesionada con salir de su país a toda costa. Quiere marcharse lejos, ser parte del mundo, vivir sus propias aventuras. Es así como se convierte en azafata y ve en este trabajo su oportunidad de volar. 

Lo que no aprendí es, probablemente, la novela que más disfruté, ya que su primera parte nos presenta a Catalina, quien narra en primera persona su pre-adolescencia, su barrio, su familia, sus descubrimientos acerca de la vida de los adultos. Hay un tinte de realismo mágico en la profesión de su padre, quien tiene clientes a los que cura o ayuda a partir de sus visiones. En la segunda parte de la novela nos encontramos en Buenos Aires y creemos que quien narra esta parte es una Catalina adulta que poco tiene ya que ver con sus anécdotas pasadas. 

“Cuando uno necesita decir algo necesita decírselo a alguien, no al mundo. Y ese es el problema de los escritores: que confundimos el mundo con alguien.”

Por último, Educación sexual, folletín adolescente, nos invita a adentrarnos en la vida de adolescentes de una escuela católica a quienes les inculcan que la abstinencia es el único camino para una vida pura y libre de problemas (entre ellos embarazos y enfermedades de transmisión sexual). Es precisamente esta instrucción la que guía sus vidas e incita a la toma de malas decisiones. Es bien sabido ya que cuanto más acceso a la información tenemos, mejores decisiones podemos tomar sobre nuestros cuerpos y no al revés como creen las monjas que instruyen a este grupo de adolescentes hormonales. Esta última novela corta me parece muy vigente en los debates de educación sexual porque refleja claramente que cuanto menos hablamos de ciertos temas (considerados tabú) más desinformación se maneja y menos podemos prevenir las situaciones indeseadas. 

“Mis recuerdos estaban llenos de historia como esa, y mis historias estaban plagadas de recuerdos imprecisos. De mentiras. Y de silencios. Mis recuerdos eran como esos sueños imposibles de reconstruir porque el solo esfuerzo es doloroso.” 

Las novelas están atravesadas por la ironía, tratando todas las situaciones con naturalidad e incluso un tinte de descaro. El estilo de Margarita García Robayo me pareció fresco, intrépido y brutalmente honesto. Fue todo un descubrimiento en literatura latinoamericana, otro de los espacios donde las voces femeninas están cobrando fuerzas, otorgándonos su propia perspectiva de la realidad. 

Melina Rubio

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